Se hace imperativa la revisión de los planes curriculares por parte del Ministerio de Educación para ajustarlos a la nueva realidad social. 28 de junio, 2026 - 10h51Las interesadas, ligeras o sesudas opiniones de personas, organizaciones y autoridades con respecto al reclutamiento de menores en actividades delictivas y criminales son parte de un debate ruidoso y hasta ahora cuentan como conjeturas y no atinan a establecer si son orígenes o consecuencias de este nuevo azote social. Que si la exclusión social, la pobreza, la falta de oportunidades, el deterioro de la salud mental, la deserción escolar, la inseguridad, entre tantas otras excusas de mucho; sin embargo, a mi juicio, unos y otros son causas y efectos de ellos mismos.En mi opinión, en lo que menos se ha reparado o se ha considerado como parte de este problema es la “disfuncionalidad familiar”, no siempre atribuible a uno de los cónyuges sino más bien a la irracional e irresponsable conducta de papá y mamá, jefes del grupo familiar y causantes de su errática conducta porque “no están, aun estando físicamente en casa”.Me permito a continuación aportar basado en mi experiencia de viejo maestro y padre algunas posibles causas de los despropósitos visibilizados en la familia, que es la base de la sociedad:PublicidadPrimero, la utilización de los niños y adolescentes como “señuelo” para pescar las limosnas que grupos familiares solicitan, formando verdaderos campamentos de mendicidad en calles céntricas de muchas ciudades, poniendo en peligro de atropellamiento y vejación a los menores de edad, que carentes de vergüenza y pudor estiran sus manos generando lástima.Segundo, el justificar como “amor” y preocupación (sobreprotección) que los padres no permiten a sus hijos realizar pequeñas tareas formativas en el hogar, para desarrollar destrezas y valorar el trabajo como virtud educativa y productiva.En tercer lugar, el delegar solamente a la escuela o los centros educativos a los que asisten los menores la responsabilidad de educar, sin entender que los primeros maestros de los hijos son sus padres, de quienes deben aprender los valores y principios ético-morales (orden, disciplina, respeto, honestidad, puntualidad, responsabilidad, aseo, etc.) del quehacer cotidiano, fortaleciendo así su capacidad de discernimiento para distinguir el bien del mal y elegir lo correcto.PublicidadPublicidadCuarto, aceptar que el niño llegue a casa con objetos ajenos, acostumbrándose a conseguir las cosas sin esfuerzo.Quinto, el que los menores juzgados sean recluidos en los centros de rehabilitación como están estructurados actualmente, pues en ellos comparten con otros de mayor o menor peligrosidad, convirtiendo esos lugares en instituciones de adoctrinamiento o capacitación de las técnicas criminales.Nadie discute que es responsabilidad del Estado el velar por la niñez y la familia, pero se hace imperativa la revisión de los planes curriculares por parte del Ministerio de Educación para ajustarlos a la nueva realidad social. Así también es urgente enmendar el Código Penal, que sanciona con apenas ocho años de reclusión a menores por el delito de asesinato, que es la fácil salida de las mafias para el reclutamiento de menores. Nada cambiará si no hacemos causa común familia-escuela-Estado-sociedad por los niños y jóvenes de hoy, que serán los padres y ciudadanos del mañana.Por otra parte, considero que deben crearse reclusorios destinados a la asistencia profesional mental, psicológica, educativa y laboral, que les permita una auténtica recuperación con habilidades que faciliten su reinserción a la sociedad. (O)Joffre E. Pástor Carrillo, educador, GuayaquilPublicidad¿Tienes alguna sugerencia de tema, comentario o encontraste un error en esta nota?