Por Julio García G. / Periodista de Ciencia
Las preocupaciones en torno al uso de la inteligencia artificial en ámbitos delicados, como el diagnóstico médico, se han intensificado en los últimos años debido al creciente desarrollo de algoritmos cada vez más sofisticados. Sin embargo, que estos sistemas sean más capaces o poderosos no significa necesariamente que sean siempre más preciosos, confiables o adecuados para sustituir el criterio clínico humano.
Así, actualmente podemos, a través de los síntomas que nos aquejan, preguntarle a la IA si estos corresponden o no con alguna enfermedad en particular.
Ahora bien, ¿qué sucedería si una inteligencia artificial que, por ejemplo, funcione desde un reloj inteligente, y que en tiempo real tome información a partir de nuestros latidos cardiacos, nos dijera que estamos deprimidos o ansiosos o que pueda determinar nuestro estado emocional?
Aunque esto pareciera una utopía o una escena de ciencia ficción, en realidad ya está sucediendo. Y es que, investigadores de la Universidad de Ottawa (Canadá), dieron a conocer en febrero de este 2026 que han desarrollado un sistema basado en IA el cual podría transformar la manera en que las personas acceden al apoyo de su salud mental fuera de los entornos clínicos.








