En 1976 la dictadura metió preso a un abogado platense, protagonista clave en una historia criminal decidida por otra dictadura en 1956, que se convirtió en obra literaria sesenta años antes de que una jueza dictara una sentencia histórica, declarando esa barbarie como un crimen de lesa humanidad. Este mes se cumplen 70 años de los fusilamientos de José León Suárez narrados por Rodolfo Walsh en Operación Masacre. “Hay un fusilado que vive”, cuenta Walsh que escuchó una noche de diciembre de 1956, mientras jugaba al ajedrez en La Plata. Ese fue el disparador de una investigación periodística implacable. En la reconstrucción de su investigación, el autor cuenta cómo conoció al abogado platense: “El 18 de diciembre de 1956 tuve la primera noticia de la masacre. El 20 conocí al doctor von Kotsch y obtuve copia de la demanda judicial de Livraga. El 21 conocí a Livraga”. ¿Quién era Livraga? Uno de los fusilados de José León Suárez que sobrevivió de milagro, y no volvió a ser fusilado gracias a von Kotsch. Máximo Miguel von Kotsch –“Lolo”, para los amigos– era ya uno de los penalistas más reputados de La Plata, con solo 32 años, hincha fanático del Lobo y frondizista. En el invierno de 1956, Aramburu y Rojas eran los dueños del poder. En la madrugada del 10 de junio, la Revolución Libertadora encabezada por esos dos había fusilado clandestinamente a un grupo de civiles en los basurales de José León Suárez. Los masacraron y ocultaron la historia. Querían que los sobrevivientes también desaparecieran. Un par estaban presos en Olmos. Von Kotsch fue a verlos. Livraga y otro fusilado sobreviviente pudieron hablar con él. El abogado platense escuchó el relato de aquella madrugada y tomó el caso, sin cobrar un peso. Habló con el padre de Livraga, quien le dio un papelito rescatado por las enfermeras del Policlínico de San Martín: el recibo de los efectos personales de Livraga, emitido por la Unidad Regional donde había estado detenido antes del fusilamiento. Una prueba mínima, pero en manos de von Kotsch resultó decisiva.
Dr. Máximo von Kotsch, in memoriam
Gracias a la presión de viejos amigos políticos, su detención duró solo nueve meses.








