Una señora vestida de negro aparece en la sala de espera de emergencias con una manguera: “Todo el mundo se levanta que tengo que limpiar”. Las familias que tienen a sus hijos acostados sobre mantas en el suelo recogen a los pequeños y se hacen a un lado. Merlí Gallardo también se levanta cargando un vaso de plástico con café. Lleva dos días atenta a las novedades sobre su marido, internado en el Hospital Domingo Luciani, uno de los más grandes de Caracas. Apenas ha dormido desde el día del terremoto, pero está algo más tranquila. Su marido pasó ese miércoles funesto más de 20 horas debajo de los escombros de su casa en La Guaira, el epicentro del sismo. Cuando lo rescataron, los primeros médicos le dijeron que no tenía nada grave y lo querían dar de alta. Pero Merlí, de 47 años, sabía que algo iba mal porque su esposo estaba pálido y defecaba sangre. “Me dijeron que era una úlcera por estrés, pero yo me lo traje en el carro de un amigo para Caracas”. El viernes, ya en el Hospital Luciana, le indujeron el coma. Mientras los manguerazos limpian las esquinas de la sala de espera, Merlí busca esperanza en medio del desconcierto: “Al menos aquí siento que está mejor cuidado. Pero no sabemos a quién creer”.Los hospitales de Caracas están recibiendo desde el miércoles gran parte de los más 3.200 heridos que, hasta ahora, ha contabilizado el Gobierno. Los primeros días se vivieron escenas de colapso. “A nuestro sobrino lo tuvimos que traer de La Guaira con otros dos niños en una ambulancia y tardaron más de un día en meterlo al quirófano”, cuenta el tío, Carlos Gonzalo, en otra silla de la sala de espera del hospital Luciani. El niño, de siete años, tiene fracturados el fémur y la clavícula, y presenta daños renales que aun no han podido identificar bien los médicos. Sus padres murieron al protegerle con su cuerpo de los escombros. “Se le montaron encima”, cuenta su tío. Tras unos primeros días de caos y angustia, los familiares del niño dicen que ahora las cosas están un poco mejor. “Le han comenzado a dar diálisis, aunque no sabemos para cuántos días podrá ponérsela”. Aunque el temblor causó estragos también en la capital, derribando bloques de pisos enteros, los peores daños vienen de La Guaria, un Estado vecino al norte. Famoso por alojar uno de los puertos más importantes del país y hermosas playas, pese a ser un centro turístico, la infraestructura médica quedó desbordada desde el día del doble sismo. El viernes, dos días después del temblor, las calles principales eran un avispero de gente buscando ropa y víveres para resguardarse en carpas donde pasar la noche. En la acera hay montadas también carpas con centros médicos improvisados. Acostada sobre una camilla, los sanitarios le toman los signos vitales a una joven con la pierna derecha vendada. Desde la puerta de la carpa, su suegro cuenta que los hospitales de la ciudad “están dañados o no cabe ya nadie”. A su espalda, la gente hace cola para ser atendida.“Hay pocos recursos pero somos médicos de guerra”La infraestructura médica ya estaba muy afectada por la dura crisis económica de la última década en Venezuela y la errática gestión de los años recientes del chavismo. Por las paredes de las salas de los hospitales todavía hay fotos de Hugo Chávez. El tótem bolivariano aumentó el gasto en salud durante su mandato (1999-2013) a lomos de la bonanza petrolera de aquella década. Pero todo ha cambiado mucho desde entonces. Las presiones estadounidenses, la caída petrolera, la corrupción y la decadencia del régimen han dejado al sector sanitario en unas condiciones muy precarias. El país vive desde enero una especie de transición tutelada, tras el ataque militar estadounidense a Caracas que culminó con el presidente Nicolás Maduro llevado en helicóptero a una cárcel en Nueva York. El subdirector administrativo del Hospital Luciani reconoce las carencias. “No quiero tapar el sol con el dedo, no hay muchos recursos pero el médico venezolano es un médico de guerra. Sabemos como solucionar las cosas”. Ante la emergencia, se han habilitado varias salas que estaban cerradas por mantenimiento. Entre paredes desconchadas, hay camas con pacientes enganchados a una vía, niños con moratones esperando para entrar a la sala de rayos X. El subdirector del hospital cuenta que está siendo de mucha ayuda la colaboración de centros privados, que les están regalando material quirúrgico. “A veces tenemos solo lo básico. Por ejemplo, el tomógrafo no funciona pero pero al final siempre encontramos como solucionarlo”. El Ministerio de Salud informó el jueves de que, tras la emergencia, activó la red de ocho hospitales públicos en la Gran Caracas (que abarca la mayoría de las zonas afectadas), a los que ha sumado 12 clínicas privadas para tareas de triaje, estabilización y hospitalización.Niños en busca de sus familias Colgada en una de las puerta de emergencias del Hospital Francisco Pérez Carreño, otro de los más grandes de la capital, hay una lista escrita a mano. Son 17 nombres, apellidos y edad de niños que están ingresados y esperan ser encontrados por sus familiares. A lado hay otra lista: bacitracina, enoxiparina, antisépticos, antibióticos. Medicamentos que necesitan con urgencia y esperan que la solidaridad de la gente y las empresas se los haga llegar. Rosana Gonsálvez, de 46 años, se enteró por una publicación en Facebook de que su sobrina estaba en este hospital. “No sabíamos nada desde el miércoles, sus papás murieron pero ella no aparecía”. Gracias a las redes, donde mucha gente busca desesperadamente a los suyos, supo que iba a ser trasladad desde La Guaira. Pudo entrar a verla el viernes por primera vez. Le han amputado una pierna pero dice que está bien: “Están a full de niños”. A la hermana de Erika Milton, de 39 años, también la han traído aquí. Su historia es aun más dura. Con varios huesos rotos, la tuvieron un día en el suelo de un hospital en La Guaira. “No había sitio, ni analgésicos, nada”. Milton espera su turno para entrar a cuidados paliativos mientras carga su teléfono en una terminal eléctrica adaptada a las puertas del hospital. Mientras tanto, en la puerta principal los operarios gritan los nombres de los familiares que están arremolinados esperando su turno. Una de ellas, Alejandra Murillo, lleva horas esperando para poder entrar a ver a su padre, que se desmayó el día anterior sin saber muy bien porqué. “Lo de mi papá no es por el sismo, pero esta todo tan lleno que pensé que no iba a poder entrar nunca”. La presidenta encargada, Delcy Rodriguez, afirmó el viernes que 13 hospitales han quedado dañados. También avanzó que la ayuda de Estados Unidos está “confirmada”. La Administración Trump ha anunciado de momento el envío de 300 rescatistas y que el ejército también está participando en la ayuda a un país que tiene bajo su tutela y atraviesa un estado de emergencia.
Ansiedad y desconcierto en los hospitales venezolanos: “No sabemos a quién creer”
Los centros de Caracas, precarios y al borde de la saturación, hacen malabares para atender a la gran cantidad de heridos, mientras los familiares reciben información con cuentagotas










