El apoyo rotundo, enérgico y público del presidente estadounidense al candidato Abelardo de la Espriella parece haber sido una de las claves para su triunfo en la segunda vuelta de las elecciones presidenciales. Al menos eso es lo que Donald Trump concluye en una de sus publicaciones: “Los resultados de estas elecciones son muy importantes para el futuro de Colombia y su relación con Estados Unidos”. Este apoyo que se empeña Trump en publicitar tiene, además, la característica de que el electo presidente de Colombia cuenta con nacionalidad estadounidense. De la Espriella no ha ocultado su cercanía con Estados Unidos, cuyo sistema reconoce como una fortaleza, y más aún si se recuerda que, para Trump, Latinoamérica es una prioridad. El colombiano no sería el único jefe de Estado con doble nacionalidad. Daniel Noboa, presidente de Ecuador, nació en Miami y conserva su doble nacionalidad. Por su parte, Pedro Pablo Kuczynski, expresidente de Perú, había renunciado a su ciudadanía antes de asumir el cargo. Algunas voces críticas han indicado que la ciudadanía estadounidense de De la Espriella podría facilitarle a Estados Unidos un control desproporcionado en la toma de decisiones, especialmente en los temas de seguridad y defensa. Sin embargo, más allá de su ciudadanía, lo que abre preguntas es la inspiración política que el presidente electo colombiano reconoce en Trump. A esta apuesta suya se suman sus negocios en Estados Unidos. De la Espriella mismo se declara republicano, es un votante registrado en ese partido político y un aportante a las campañas presidenciales de Trump. Abelardo de la Espriella ha expresado que su Gobierno y el de Trump coincidirán plenamente en sus valores y sus políticas de seguridad. Las coincidencias, según los analistas, no son de forma, sino de fondo. El presidente Trump ha expresado claramente qué es lo que quiere de los gobiernos latinoamericanos. De manera particular, lo hizo explícito en marzo, cuando reunió a los presidentes latinoamericanos y de otros países del hemisferio occidental cercanos a él, en Florida, en donde afirmaron que van a “erradicar los carteles criminales que plagan nuestra región”. A esta cumbre no fueron invitados los presidentes de México, Brasil y Colombia. Con la elección presidencial de Abelardo de la Espriella, Trump tiene ahora como aliado al país que consideran el más importante socio en la región. Colombia es conocida como el mayor productor de cocaína en el mundo y la guerra por el control de las rutas de la cocaína y la minería ilegal se extiende desde las fronteras de Colombia a Venezuela, Brasil y Ecuador. Desde el inicio de la contienda electoral en Colombia, Trump anunció que quería un presidente que siguiera lo que Estados Unidos quiere en la región. En la reunión de marzo, en Dorval, Florida, que Trump llamó “Coalición Anticarteles de las Américas”, que se dio en el marco de la cumbre del Escudo de las Américas, el mandatario estadounidense declaró que era una organización de países latinoamericanos y caribeños para emplear la fuerza militar y derrotar los grupos de narcotraficantes que están en la región. Por ahora, 17 países se han sumado a esta coalición y el Gobierno de Trump está poniendo recursos militares estadounidenses en la zona con un despliegue que no se veía en décadas. Igualmente, desde el inicio de su propia campaña presidencial, De la Espriella anunció que tomaría medidas contundentes contra los grupos armados, aseguró que reprimiría la delincuencia urbana y prometió bombardear los “campamentos narcoterroristas”. De esta manera, hizo eco de la agenda de Trump ya implementada por Bukele, en El Salvador, y Noboa, en Ecuador, usando el ejército para combatir las bandas criminales. Colombia había cambiado el tono de aliado estratégico de primer orden en la lucha contra el tráfico de drogas ilícitas cuando, por primera vez en la historia de ese renglón de las relaciones bilaterales con Estados Unidos, bajo el Gobierno de Petro, alzó la voz para denunciar lo que consideró un uso desmedido de la fuerza por parte de Estados Unidos. Fue con ocasión de los bombardeos de Trump a los barcos en el Caribe, a los que Colombia calificó como “asesinatos”. Es igualmente por vez primera que Estados Unidos apela a esa modalidad. Esos ataques han causado la muerte de más de 200 personas acusadas de transportar drogas ilícitas. Ahora, con el triunfo de Abelardo de la Espriella, Colombia vuelve a ganar la bendición de Trump como aliado estratégico en su agenda de control en el hemisferio occidental. La presidencia de De la Espriella tiene el reto de responderle a Trump en su intención de que las fuerzas militares estadounidenses se involucren en la lucha contra los carteles de la droga en Colombia. Aunque muchos colombianos ven con buenos ojos esta iniciativa, sigue siendo palpable la preocupación de que un enfoque mayoritariamente militar pueda ocasionar derramamientos de sangre en los territorios. A despecho de estas prevenciones que llamarían a la cautela, desde el establecimiento político estadounidense siguen llegando voces que instan a una alianza aún más estrecha con Washington. Trump celebró el domingo en Truth Social: “Felicitaciones a… EL TIGRE” (mayúsculas sostenidas en el original). Lo más probable es que esta sea una relación en la que Estados Unidos hará exigencias que el presidente Abelardo estará dispuesto a obedecer. Como contrapartida, se puede esperar que Trump certifique nuevamente a Colombia como socio en la lucha contra las drogas, después de haberle quitado la certificación por primera vez en casi 30 años. El país que votó por Iván Cepeda ha comenzado a expresar su preocupación, especialmente por el enfoque militarista y cortoplacista que, al no darse una estrategia para frenar la demanda de cocaína, pueda dar lugar nuevamente a violaciones a derechos humanos y crear las condiciones para que se desencadene una mayor violencia contra el campesinado. La afinidad con Trump y los republicanos distancia a De la Espriella de los demócratas y de adelantar una relación bipartidista con Estados Unidos durante su Gobierno. Antes de la segunda vuelta electoral, 11 legisladores demócratas le mandaron una carta al secretario de Estado, Marco Rubio, y al secretario del Tesoro, Scott Bessent, pidiendo que se investigara a De la Espriella por supuestos nexos con paramilitares y con Alex Saab, quien fue su cliente por varios años. Al mismo tiempo, los legisladores demócratas rechazaban las injerencias de Trump en las elecciones colombianas.A partir del 7 de agosto, la Casa de Nariño tendrá un presidente de Colombia que es, a su vez, un fervoroso estadounidense, que tiene relaciones, negocios y una enorme admiración por Trump y que puede cambiar el rumbo de la historia.