Pavel Talankin ganó el último Óscar al mejor largometraje documental por “Mr. Nobody contra Mr. Putin”, en el que denuncia el proceso de adoctrinamiento de los alumnos de un instituto en Karabash, ciudad industrial en los Urales en el contexto de la guerra de Ucrania. Talankin vive ahora en Europa y ha participado este fin de semana en Natalonga, el festival que organiza Europa Now en la isla italiana de Ventotene, donde el régimen fascista confinó a numerosos opositores, entre ellos Altiero Spinelli y Ernesto Rossi. Talankin llega a la entrevista (por vídeollamada) con la estatua del Oscar bajo el brazo, debajo de la cual ha escrito “ Fuck Putin ”.El documental termina con una fiesta de graduación y usted haciendo las maletas. Cuénteme qué pasó en las horas que siguieron a esas escenas...Empecé a prepararme para partir. Di todas mis pertenencias a mis amigos, a mi familia. Regalé mi cámara y mi steadicam a mis alumnos. Y me fui a Estambul, con un billete de ida y vuelta. Como si fuera de vacaciones un fin de semana. Como ya sabrán, nunca volví. En Estambul conocí a mis productores checos. Y empezamos a preparar el visado Schengen. Me dieron uno de noventa días y aproveché esos tres meses para editar la película en Copenhaguen. Fue en verano de 2024. Tenía que irme.¿Han podido ver los vecinos de Karabash la película?La madre“Al principio fue muy difícil para ella. Después lo entendió y al final lo aceptó”Alguien la fue a ver al cine y la filmó con el móvil, la envió al ayuntamiento de Karabach y al final todo el mundo la vio. Después pudieron verla en la BBC, ya de mejor calidad.Usted era el animador del instituto. Ante su cámara aparecen sus alumnos preferidos, compañeros de la infancia que después irán al frente, un profesor de historia muy del régimen que califica de parásitos a los críticos del gobierno... Pero hay un personaje muy especial, la bibliotecaria, su madre. ¿Se mantiene en contacto con ella?Sí, sí, seguimos en contacto. Al principio fue muy difícil para ella. Cualquier información le dolía mucho. [su madre vota a Vladimir Putin]. Pero después se calmó y entendió lo que había pasado. La seguí en todas las etapas, hasta que lo aceptó.¿Qué les pareció la película a sus compañeros profesores?Los profesores“Llegaron los del FSB, los reunieron y les dijeron: esa película no existe, él no existe”Cuando la administración municipal vio la película, se presentaron allí los del FSB [la agencia de inteligencia rusa, heredera del KGB]. Reunieron a los directores de los colegios de la ciudad y les transmitieron un mensaje: la película no ha existido y no existe. Nadie debe hablar de él ni de esa película. Esa persona no existe. Así que no han habido comentarios al respecto.Pero habrá mantenido algún tipo de contacto con ellos...Seguimos escribiéndonos con algunos colegas que son amigos. Cuando cumplen años, les escribo. En Rusia es muy importante que cuando le deseas un feliz cumpleaños a alguien, te responda. Está muy mal visto no hacerlo. Y así me responden y, poco a poco, intento reconectar y restablecer mis relaciones con estas personas.Usted empezó a filmar cuando comenzó la guerra, en febrero de 2022. En la película aparecen alumnos que compiten en el lanzamiento de granadas, miembros del grupo Wagner que explican en las aulas cómo identificar minas, jóvenes que desfilan por los pasillos del instituto... Usted lo cuenta todo con una naturalidad pasmosa. ¿De dónde surgió la idea? ¿Fue consciente de lo que estaba haciendo?Poco a poco. Al principio simplemente pensé en quedarme con todo ese material para guardármelo. Pero entonces apareció David [Borenstein, codirector del film]. Me sugirió que hiciera una película con todo eso. Tuve que pensármelo mucho. No sabía si era mejor mostrar la película ahora o esperar a que el régimen cayera. Y de repente, escuché una entrevista con una actriz rusa mítica, Alissa Frendlikh. Un poco como nuestra Catherine Deneuve. Decía que siempre se arrepintió de no haber hecho lo que quería en el momento en que tenía que hacerlo y luego ya fue demasiado tarde. Y pensé: esta es una señal que viene de otro lugar para mí.¿Cómo es su vida ahora mismo en Europa?Mi nueva vida es muy intensa. Participo en muchos eventos, no solo de cine. Hoy estoy aquí en Ventotente. También en actos políticos. He ido a Estrasburgo, a la asamblea del Parlamento de Europa.Rusia lo declaró en marzo “agente extranjero”, que es una fórmula para reprimir a los detractores del régimen. Se ha convertido usted en alguien molesto para Vladimir Putin. ¿Le afecta eso en su vida diaria?Los activistas“Los que se han quedado dentro de Rusia pagan un precio mucho más alto que yo”Desde el principio del proyecto hubo gente que se encargaba de mi seguridad. Cuando me dieron el Oscar, me dijeron: habrá gente que se te acercará porque querrá conocerte mejor. Tendrás que tener mucho cuidado. Sobre todo si te invitan a un restaurante o a recepciones. Cuídate de la gente que no conoces y te invita a comer, pueden ser agentes... Es eso.¿Piensa que ha pagado un precio muy alto por hacer esa película?La gente que queda dentro de Rusia y sigue luchando contra el régimen de Putin, paga un precio mucho más alto que yo. Corren el riesgo de ser arrestados y encarcelados. Pueden ir a la cárcel por cosas pequeñas como un juego de Minecraft que simula el paso por una cárcel del KGB... Una fotógrafa fue hace una semana a un cementerio en el que hay enterrados innumerables jóvenes que fueron movilizados. Le hizo fotos a las tumbas, las publicó y ahora la han arrestado. Pueden condenarla e ir a prisión de por vida. Así que las cosas siguen siendo mucho más peligrosas para esos activistas que para mi.¿Va a hacer más películas? ¿En qué está trabajando?Prácticamente todos los miembros de nuestro equipo, los productores daneses, los checos, y también el codirector del documental, David, son miembros de la Academia de los Oscar. Yo no lo soy porque hace falta tener al menos dos películas...O sea que la hará...Sí, quiero hacer una película, pero al mismo tiempo veo que es un peligro. Entiendo que a la gente le interese, pero es un peligro para mí porque todo lo que haría ahora, todo, se compararía con mi primera película, que ganó un Oscar. Es una paradoja haber llegado tan alto de repente. Es una trampa de la que es muy difícil salirRedactor jefe de Internacional