El escenario macroeconómico argentino transita una estabilización incompleta, con señales prometedoras, pero con una volatilidad de precios relativos que todavía no cede y con un horizonte electoral que promete agitar las aguas. Ese fue el diagnóstico que Aníbal Casas Arregui, titular de la Agente de Liquidación y Compensación (ALYC) S&C, desplegó ante un grupo de ejecutivos y empresarios cordobeses durante un Desayuno de Análisis de Coyuntura organizado por Punto a Punto. El mensaje central fue claro y urgente: el tiempo para ordenar la casa financiera es ahora, en este segundo semestre, porque el año que viene puede ser tarde.
Casas Arregui abrió su análisis reconociendo el avance del programa económico en materia de acumulación de reservas y reducción del déficit fiscal, pero advirtió que esos logros no alcanzan para hablar de estabilidad plena. "Los movimientos del tipo de cambio en los últimos meses —bajando primero y ahora subiendo un 5%— son muy grandes. Hacen que todas las variables financieras estén en una dinámica que no es la de una economía estable", señaló.
La demanda de dólares como ancla del cepo. Uno de los puntos más relevantes del encuentro fue la explicación sobre por qué el gobierno mantiene el cepo cambiario pese a los costos que implica. Casas Arregui fue directo: el problema no es la oferta de dólares —que va a crecer sostenidamente por el petróleo, el agro y otras exportaciones— sino la demanda. "El año pasado hubo una demanda de dólares de inversores privados de aproximadamente 30.000 millones de dólares. Si le sumás las acciones electorales, la demanda potencial asciende a casi 60.000 millones", detalló. En ese contexto, levantar el cepo apresuradamente implicaría un riesgo de descontrol que ningún gobierno está dispuesto a correr. La transición, anticipó, será volátil.








