El bombero de la Generalitat Albert Santamaría, de 46 años, conocido por sus compañeros como Santaka, falleció el pasado 9 de febrero en una habitación del hospital de Manresa, donde reingresó el 27 de enero tras unas semanas de idas y venidas a centros médicos donde le sometieron a todo tipo de pruebas ante un cuadro de somnolencias y amnesias repentino del que no supieron concretar el origen. El jueves, los Mossos d'Esquadra detuvieron a su mujer, una enfermera de la UCI del hospital de Manresa acusada del presunto homicidio. Tras pasar a disposición judicial, la sospechosa ingresó en prisión provisional sin fianza.Durante los últimos cuatro meses, los investigadores de Manresa y de la región central trabajaron en secreto hasta reunir las pruebas que forzaron la detención. Una noticia corrió como la pólvora entre los Bombers de la Generalitat, y no sorprendió a sus compañeros del GRAE (Grup de Recolzament d'Actuacions Especials), especializado en rescates y salvamentos en el medio natural o zonas de difícil acceso, que en febrero le rindieron un sentido homenaje, recordando la vocación con la que accedió a bomberos y el recorrido por los distintos parques y grupos especializados en los que participó.Fue precisamente uno de sus compañeros y amigo en Bomberos quien compartió sus sospechas con los Mossos d'Esquadra. Hombre sano, deportistas, sin patologías, ni enfermedades, el 16 de enero, salió de su casa en Sant Salvador de Guardiola camino en coche del trabajo, y sobre las nueve de la mañana tuvo que detenerse en una rotonda porque sintió que iba haciendo eses, que se dormía, que estaba desorientado y prácticamente sin conciencia. Alertó al 112 y le recogió una ambulancia del SEM y lo trasladó al hospital Sant Camil, en Vilanova i la Geltrú.Lee tambiénAllí le realizaron las primeras pruebas, incluida una punción lumbar, un TAC craneal, y en vista de que mantenía esos síntomas de somnolencia y desorientación, se decidió el traslado a su hospital de referencia, el de Manresa Althaia, donde además su mujer trabajaba de enfermera en la UCI.Poco a poco, el hombre fue mejorando, aunque los médicos decidieron mantenerle en observación para seguir con las pruebas y tratar de dar con el origen de esos síntomas y esa pérdida de memoria que el aseguraba no haber sufrido antes. El resultado de los análisis de orina y sangre ya dieron una primera pista y fue la presencia de tóxicos en orina, concretamente positivos en benzodiacepinas.Tras un día en observación en el que el paciente fue recuperando la conciencia, aunque mantenía el cuadro de amnesia, el médico le firmó el acta y regresó con su mujer a la casa familiar.Esos días, Albert Santamaría no fue a trabajar. Y el 22 de enero, regresó de nuevo al hospital de Manresa, acompañado por su mujer, tras dos pruebas en días anteriores. La mujer contó en urgencias que su marido llevaba un tiempo que no estaba como siempre, que lo notaba distraído, muy lento al expresarse, despistado, con olvidos frecuentes y que no eran para nada habituales en su comportamiento. Además, tenía un intenso dolor de cabeza y la somnolencia persistía.El paciente quedó ingresado en neurología y empezaron a realizarse y repetirse todo tipo de pruebas para tratar de determinar el origen de lo que le estaba sucediendo. Cuatro días después y en vista que el hombre mejoraba y las pruebas no facilitaban ningún diagnóstico preocupante, se decidió que estuviera unas horas en ayunas para realizar unas pruebas, el paciente sufrió una hiperglicemia de origen desconocido que encendió todas las alertas y descolocó a los neurólogos que lo estaban tratando. Los médicos lograron remontar la crisis y tras unos días de estabilidad, se valoró incluso el alta pero con observación domiciliaria, si mantenía la buena evolución. La última enfermera que lo vio con vida firmó el informe a media noche, con constantes vitales correctas, y a las siete de la mañana del día siguiente, lo encontraron muerto.¿Qué pasó los días que la víctima permaneció en el hospital? Los investigadores han podido reconstruir los pasos que hizo la sospechosa. Vació de la casa familiar de Sant Salvador de Guardiola los enseres de Albert y dio la bienvenida al domicilio al que, según fuentes al corriente de la investigación, era también pareja sentimental de la mujer, un hombre llamado Paco. El individuo, ajeno a todo, según las mismas fuentes, se instaló en aquella casa, en la que a los pocos días de la muerte de Albert se organizó una fiesta de bienvenida a la que asistieron “estupefactas” algunas compañeras enfermeras del hospital.Tras la muerte del hombre, los responsables del centro no pasaron por alto la insistencia de la mujer en que no se practicara autopsia a su marido. “No quería, insistía en que su última voluntad era donar todos sus órganos y que la autopsia impediría esa donación”, indican las mismas fuentes.La autopsia se realizó y las analíticas revelaron unas cantidades en orina y sangre de toda la variedad existente de benzodiacepinas, además de fentanilo y otros medicamentos que, presuntamente y como sospechan los investigadores, la mujer le facilitó tanto en el domicilio, como en el hospital.Escribe y cuenta historias de la mala vida desde que empezó en el oficio del periodismo, desde los tiempos del fax. Autora de 'Desmontando el crimen perfecto'. Convive con dos perros, Simón y Lola; y con todo por aprender