La primera vez que Claudia Rodríguez imaginó su futuro no había estadios, mudanzas ni tres hijos esperándola al volver a casa. Había un escenario. Durante años estudió danza clásica. A aquella edad, el futuro tenía la forma de unas zapatillas de ballet y de una niña convencida de que algún día viviría de la danza. Soñaba con Londres, con los grandes teatros y con formar parte de una compañía como el Royal Ballet. Cuando recuerda aquella etapa no habla solo de un sueño. Habla también de todo lo que encontró por el camino. “La danza clásica es de las mejores cosas que me han pasado en la vida”, dice. “Viví momentos donde resistía cosas que quizás nunca pensé que sería capaz”. "A mis hijos les enseñaría que de niña fui feliz con muy poco" Claudia Rodríguez, cuyo sueño era ser bailarina. (Romero de Luque) Si hoy pudiera presentarles a sus hijos a aquella niña que fue, no empezaría por la danza. Les enseñaría lo feliz que era con tan poco, la fuerza que encontró en algunos momentos difíciles y la perseverancia que desarrolló cuando las cosas no salían como esperaba. Quizás una de las claves para mantener los pies en el suelo mientras su marido, Marc Cucurella, disputa un Mundial con la selección española y ocupa un lugar destacado en la actualidad futbolística, sea entender que la raíz no cambia. “Seguimos paseando por el pueblo, vamos con los niños a parques infantiles y al supermercado. Muchas veces la gente se sorprende cuando nos ve haciendo la compra”, cuenta, reflexionando sobre esa tendencia a idealizar a quienes vemos en la televisión o sobre el césped de un estadio. "No solo te enamoras de la persona, sino de quien te conviertes cuando estás con él" El futbolista Marc Cucurella junto a su mujer, Claudia Rodríguez en un posado. (Cortesía) Claudia nació en Mataró, en la provincia de Barcelona, y creció bajo el ejemplo de una madre que le enseñó a ser respetuosa, responsable e independiente. “A veces lo soy tanto que siento que puedo con todo sola y me cuesta pedir ayuda”. De su padre aprendió otra lección: la importancia de actuar desde el bien, de hacer las cosas sin dañar a los demás y de mantenerse fiel a unos valores que no dependen de las circunstancias. Claudia Rodríguez en una cariñosa imagen junto a su madre, uno de sus grandes apoyos. (Cortesía) Los caminos de Claudia y Marc se cruzaron cuando ella apenas tenía diecisiete años. Él formaba parte de la cantera del FC Barcelona y comenzaba a abrirse paso en el fútbol profesional. “La primera vez que le vi me encantó. Sí creo en el amor a primera vista. Pero a partir de esa conexión, eso no basta para enamorarse. Fue cuando descubrí la persona que era, ahí me enamoré”. Al recordar aquellos años, Claudia habla también de quién era ella cuando estaba a su lado. “El amor también es un poco así. No solo te enamoras de la persona, sino de quien te conviertes cuando estás con ella. Marc sacó mi mejor versión”. Claudia Rodríguez y Marc Cucurella en una imagen de álbum. (Cortesía) Por aquel entonces, Cucurella dio el salto del FC Barcelona a la S.D. Eibar. El movimiento llegó cuando apenas llevaban unos meses de relación. “Éramos dos niños recién enamorados. Teníamos claro que queríamos vivir juntos en Barcelona, pero cuando llegó el cambio entendimos que, aunque fuese lejos de nuestra ciudad, juntos iba a ser mejor. Cambié mis planes, reorganicé mis estudios y empecé una nueva vida con él lejos de casa”. Aquella primera mudanza fue solo el comienzo. Después llegarían Getafe, Brighton, Chelsea y ahora el Real Madrid. En el fútbol los cambios suelen resumirse en una fotografía, una camiseta nueva y un escudo distinto. Para las familias, sin embargo, significan mucho más. “Siempre que cambia el escudo empiezo a pensar en la parte logística: colegios, casa, médicos...”. Mientras el fútbol organiza el calendario deportivo, Claudia se ocupa de reconstruir el calendario vital de toda la familia para que cada transición sea lo más amable posible. "Es precioso que Marc fiche por el equipo que siempre he apoyado" Claudia Rodríguez en una imagen de álbum familiar de cuando era una niña. (Cortesía) Ahora, en pleno Mundial, el nombre de Marc vuelve a ocupar titulares tras confirmarse su fichaje por el Real Madrid. “Siempre he sido madridista desde pequeña. Es una coincidencia preciosa que termine en el equipo que siempre he apoyado”. A sus veintiséis años, Claudia ya es madre de familia numerosa. “Nuestra vida era totalmente diferente a la de una persona de nuestra edad y eso fue lo que hizo que quisiéramos formar una familia siendo tan jóvenes”. El primero, Mateo, llegó cuando Marc tenía veintiún años y Claudia veinte. Mientras muchos jóvenes de esa edad empiezan a preguntarse qué estudiar o hacia dónde dirigir su vida, ellos ya aprendían a ser padres. Poco después recibieron un diagnóstico inesperado: Mateo era autista. Comenzó entonces un proceso de búsqueda constante que llevaría a Claudia a investigar tratamientos, recursos y modelos educativos, e incluso a viajar a Argentina en busca de herramientas que pudieran ayudar a su hijo. "Ser padres nos ha enseñado muchísimas cosas que solo aprendes viviéndolo" Claudia Rodríguez junto a su pareja, el futbolista de la Selección Marc Cucurella. (Cortesía) Cuando habla de Mateo, sin embargo, no empieza por el diagnóstico. “Es un niño feliz, cariñoso y muy valiente. No hay nada que le guste más en la vida que la música. Cuando coges confianza con él descubres enseguida el corazón que tiene, lo agradecido que es y todas sus fortalezas, mucho más allá de las dificultades”. A las mujeres se les pregunta con frecuencia cómo concilian. La pregunta rara vez se formula en sentido contrario. ¿Cómo concilia un futbolista profesional? “Marc se implica en absolutamente todo, noches incluidas. Hay gente que se sorprende, pero para nosotros siempre ha sido lo normal. Quiso ser padre y eso también implicaba asumir el rol”. La maternidad le ha enseñado lecciones imposibles de aprender en otro lugar: la paciencia, el amor incondicional y también la responsabilidad que supone educar a tres personas mientras intentas no perderte a ti misma por el camino. Precisamente esa ha sido una de las cuestiones que más tiempo ha dedicado a trabajar. “No es fácil que una casa funcione bien, que todas las personas estén felices y bien atendidas y, además, encontrar tu propio equilibrio. Lo he trabajado mucho en terapia. Cuando entiendes que lo que necesitan tus hijos y tu pareja es una madre feliz, cambian muchas cosas. Ellos necesitan mi felicidad y esa felicidad no reside únicamente en ser madre o en ser pareja”. Claudia Rodríguez y Marc Cucurella . (Cortesía) Por eso, mientras acompaña una carrera profesional marcada por los cambios de ciudad y las exigencias del fútbol de élite, Claudia ha seguido construyendo también un proyecto propio. Acaba de terminar sus estudios en Comunicación y trabaja en una iniciativa que todavía prefiere mantener en privado. Cuando habla del futuro, ya no menciona los escenarios de Londres ni las compañías de ballet. Sin embargo, hay algo que permanece intacto: la convicción de que una vida puede cambiar de dirección muchas veces sin perder aquello que la sostiene. Tras el tercer partido de ayer del Mundial, todo el país volvió a mirar hacia el mismo lugar. Las conversaciones se repatían en las radios, en los bares, en los grupos de mensajería. La selección española continúa su recorrido en la fase de grupos del torneo, en un punto en el que cada partido empieza a perfilar el desenlace de esta primera etapa. Claudia Rodríguez junto a Marc Cucurella en Atlanta tras la victoria de España. (Cortesía) Este es el segundo Mundial de Marc Cucurella y el primero como futbolista del Real Madrid, el único jugador del club blanco presente en la selección española. Mientras el país sigue cada uno de sus pasos, Claudia lo observa desde la grada junto a sus tres hijos. Son todavía pequeños, pero ya forman parte de un entorno en el que el fútbol no es solo un deporte, sino una forma de organizar el tiempo, las ausencias y los reencuentros. También de entender el lugar que ocupa su padre en un imaginario colectivo que se está construyéndo partido a partido. “Ellos viven el fútbol con total normalidad porque es así desde que nacieron. Creo que en el colegio, con los compañeros, los cromos y ese tipo de cosas, empiezan a darse cuenta de que hay algo diferente. De hecho, me preguntan por qué los papás de otros niños no tienen cromos como su papá. Por eso creo que ahora empiezan a ser un poquito más conscientes de lo que significa que su padre juegue en la Selección o en un Mundial”. Marc Cucurella en Atlanta tras la victoria de España. (Cortesía) La danza le enseñó que el equilibrio nunca consiste en quedarse quieto, sino en seguir en pie mientras todo alrededor se mueve. Con el tiempo descubrió que la vida le pediría la misma disciplina, solo que lejos de un teatro. Entre mudanzas, decisiones inesperadas y desafíos que ninguna familia elige, entendió que las victorias más importantes nunca ocupan una portada. Son las que enseñan a unos hijos que el éxito solo merece la pena si no te hace olvidar la humildad con la que empezaste el camino. Mientras Marc Cucurella escribe una historia que ya forma parte de la memoria del fútbol, ambos construyen otra que no se medirá en goles, ni en títulos, ni en estadios llenos, sino en la forma en la que sus hijos Mateo, Río y Bella aprendan algún día a mirar el mundo.
Claudia Rodríguez, mujer de Marc Cucurella: “Nuestros veinte fueron diferentes pero no por eso menos felices ”
Tras el tercer partido de España en el Mundial, Vanitatis se adentra en la vida de Claudia Rodríguez, la mujer de Marc Cucurella, y en una historia que empezó mucho antes de los estadios










