El fútbol es el gran espacio de las magias y las supersticiones. Despierta rituales, cábalas y prácticas que rara vez aparecen en otros ámbitos de la vida y hablan del fervor, la pasión y la fe con la que se vive ese deporte. Más en época de Mundial. Hay quienes no lavan la camiseta por semanas, otros se aguantan las ganas de ir al baño, algunos se persignan tres veces antes de cada tiempo y otros no se cambian de calzoncillo durante todo el torneo. También están quienes prefieren no revelar sus rituales para no espantar la suerte. Y en Colombia, el país del Sagrado Corazón, del Divino Niño, de la Virgen de Chiquinquirá, del Señor de los Milagros, de “San Antonio, dame un novio”, de deidades infinitas para incontables propósitos, aferrarse a las cábalas y los rituales con el objetivo improbable pero irresistible de ayudar a la Selección como sea, parece casi una obligación. Una encuesta realizada por la casa de apuestas Betsson a 7.000 aficionados en Colombia, Argentina, Brasil, Perú y Chile muestra que esos rituales futboleros adoptan formas variadas, desde supersticiones extravagantes hasta actos cotidianos que muestran que el fútbol, en América Latina, “es popular y representa una fe colectiva en la que todos podemos encontrarnos de manera distinta”, asegura Omar Rincón, profesor de la Universidad de Los Andes y experto en fútbol, cultura e identidad. Para él, ese deporte está atravesado en el continente por la búsqueda popular de salvación, alegría, alivio. “Ya sabemos que de pobres no vamos a salir, que Dios tiene abandonada a esta tierra, que los políticos no nos quieren, por eso hay que encomendarse a todo lo que sea posible”. En ese contexto, dice, “hay mucho espacio para la superstición y para la magia como salvación popular, la superstición en América Latina es el espacio que nos queda para tener esperanza y fé de lo posible”.Felipe Raymond, bogotano de 30 años, se puso la camiseta de la selección el jueves anterior, en el debut de Colombia en el mundial frente a Uzbekistán, y no la lavará “hasta donde lleguemos”, asegura. Hizo lo mismo, recuerda, durante la Copa América de 2024, cuando Colombia llegó a la final frente a Argentina. “Las energías están ahí”, asegura. Ahora, además, incorporó una nueva: llegar con la cachucha (gorra) que usa en el día a día al lugar donde va a ver el partido y, justo antes de empezar, quitársela. “Lo hice en el partido contra Uzbekistán y llegaron los goles, entonces ahora eso va”, agrega. Más que un devoto de las cábalas, Raymond considera que tiene costumbres futboleras. “Si algo está saliendo bien, no se cambia”, explica. Eso aplica para el lugar del sofá donde se ven los partidos, la tienda donde se toma una cerveza antes del estadio y la puerta por donde se entra. “Es una manera indirecta de decir: estoy ayudando al equipo tirándole mis buenas vibras”. “Eso es lo que hace bonito al fútbol”, asegura Rincón. “Sentir que podemos hacer algo por la selección, creer inútilmente que poniéndonos la misma ropa les vamos a ayudar, eso es divino”, enfatiza. Para Andrés Dávila, profesor de la Universidad Javeriana y experto en fútbol y cultura, la explicación está en la naturaleza del juego. “El fútbol mezcla competencia, vértigo, azar y representación. En la selección está la representación de algo que nos hace sentir parte, y eso es lo que genera que la gente sea capaz de usar los mismos calzoncillos durante cuarenta días de Mundial”, asegura. Según el investigador, el fútbol crea una especie de realidad paralela en la que, aunque objetivamente no haya mucho en juego para el aficionado, moviliza emociones profundas. Las cábalas funcionan entonces como otros rituales cotidianos que ayudan a enfrentar situaciones inciertas, como una entrevista de trabajo o un examen. “Es como encontrarle artilugios a la vida para sobrellevarla. Frente a esas circunstancias, recurrimos a apoyo por fuera de lo racional, para tratar de enfrentarlos”, asegura. En un país de profunda tradición católica como Colombia, esos rituales suelen estar ligados a la fe. Según la encuesta, la práctica más extendida antes o durante los partidos de la Selección es rezar: el 24% de los aficionados encuestados asegura hacerlo. Está por encima de vestir la camiseta del equipo, que ocupa el segundo lugar con un 22%.“Mi cábala comenzó en 2023”, cuenta Christian Amézquita, bogotano e hincha de Millonarios. Antes de cada partido solía persignarse, pero ese año adoptó una costumbre de su jefe: bendecirse tres veces antes de cada tiempo. “Ese semestre, Millonarios salió campeón contra Atlético Nacional [club de Medellín y uno de sus más grandes rivales] Desde ahí, se quedó”, recuerda. Desde entonces repite el ritual con la Selección, sobre todo en los partidos “más complicados”. Está convencido de que sus repetidas bendiciones ayudaron a Colombia a llegar hasta la final de la Copa América en 2024. “Soy una persona creyente, entonces también me da seguridad cuando hay partidos importantes”, dice. La religiosidad, asegura Dávila, forma parte importante en la manera en que muchos, aficionados y jugadores, viven el fútbol. “Yo, que no soy un católico fervoroso ni que va a misa o reza todos los días, recuerdo haberle pedido a Dios que gane Colombia. En general, es algo que está en la narrativa: los periodistas deportivos colombianos decían en el Mundial del 90 que Dios era colombiano”, recuerda. Entre los jugadores, la religiosidad también es fundamental. Suelen atribuir éxitos y fracasos a Dios. “Eso es algo muy colombiano”, dice Rincón, “que en vez de agradecer o responsabilizar al talento, los compañeros o el esfuerzo, todo es Dios”. “Es un modo de vivir que pasa por las creencias y la religiosidad”, asegura Dávila. Aunque la oración ocupa el primer lugar entre los rituales más frecuentes, las supersticiones también tienen un espacio importante. José Arcadio López, natal de Santa Marta y de 32 años, cuenta que los días de partidos usa siempre “el mismo calzoncillo que tiene un rotico en el huevo izquierdo” y una camisa amarilla que no sea la de la Selección. Luis Carlos Bernal, bogotano de 39 años, por su parte, está convencido de que si va al baño durante un partido, Colombia recibirá un gol. “Si me dan ganas de orinar, me aguanto hasta el entretiempo”, asegura. La costumbre nació durante las eliminatorias para Sudáfrica 2010. “Iba al baño y nos metían gol. Por eso no clasificamos”, bromea con seriedad. “En realidad, es que nos metieron muchos goles y yo justo siempre estaba en el baño. Es mucha coincidencia, así que elegí aguantarme de ahí en adelante”, explica. “En Colombia todo es cuestión de magia”, concluye Rincón. “Estamos condenados al destino de la magia y no de la razón. Es como un amor tóxico: cada cuatro años creemos que esta vez sí, y creemos, aunque sabemos que vamos a estar decepcionados, seguimos apostando por ella”.
Rezos y calzoncillos de la suerte: las cábalas acompañan a Colombia en el Mundial
Una encuesta muestra que los rituales más extendidos antes y durante los partidos están asociados a la religión














