Serena por aquí. Serena por allá. Serena Williams en todas partes. El halo de grandeza de la estadounidense alumbra una edición de Wimbledon que ya ha cogido forma —este viernes se ofició el sorteo de los cuadros principales, antes del inicio del lunes— y en la que prácticamente todo se plantea en forma de interrogantes. De entrada, comprobar cuál es el estado real y qué nivel puede llegar a ofrecer una leyenda que tras cuatro años de pausa, regresa a la competición a los 44 y después de haber sido madre por segunda vez. La campeona de 23 grandes ha ensayado durante toda la semana en las instalaciones del All England Club y el martes debutará contra la veinteañera Maya Joint, habiendo jugado previamente un par de partidos de dobles en Queen’s y Berlín. Entonces, ¿qué esperar de ella?La tentación de liberar la imaginación y fantasear con un regreso grandioso está ahí, teniendo en cuenta la obra y a dimensión del personaje, pero la realidad obliga a la prudencia. Básicamente, porque antes de retirarse (2022) el rendimiento de Williams ya no le alcanzaba para competir contra las más fuertes del circuito ni tampoco de manera sostenida, por lo que la idea de un retorno triunfal se antoja como una mera ensoñación y desde la barrera prevalece la opción del placer por el placer: ella, de nuevo sobre el verde, raqueta en mano otra vez. Con eso ya debería valer.Vuelve ahora de la mano de Venus —se aliarán de nuevo para el dobles, modalidad en la que triunfaron seis veces en Londres— y con un perfil bajo que, según los especialistas, parece más bien impostado porque Serena es sinónimo de insaciabilidad y sobre una pista siempre fue una apuesta extrema: grandeza o nada. Ha perdido unos 15 kilos gracias a un tratamiento antiobesidad y su hermana mayor parece tenerlo claro: “Incluso cuando dejó de jugar, seguía siendo la mejor. Todavía tiene el potencial y las capacidades para competir si realmente quiere hacerlo”. Su nombre encabeza el preámbulo de un torneo que en una estación muy temprana, la tercera ronda, ya la emparejaría con Iga Swiatek y al que la número uno del mundo, Aryna Sabalenka, llega envuelta por un buen ejército de dudas. La bielorrusa no ha llegado a cogerle el pulso del todo a una superficie que aún no le ha reportado éxito —ninguno de sus 24 trofeos lo consiguió sobre césped—, ni a un marco que le negó el paso hasta tres veces en las semifinales. No ayuda ni mucho menos la prueba reciente de Berlín, donde encajó un 6-0 ante Jessica Pegula, ni tampoco su decepcionante paso por Roland Garros, donde se difuminó en los cuartos. A ello se suma un estrés añadido: por primera vez desde hace mucho, se expone a perder el trono que ha defendido desde hace 87 semanas. La kazaja Elena Rybakina puede arrebatárselo.Sin Alcaraz, otra vezSe estrenará el lunes, ante Teodora Kostovic (184ª), y a su incertidumbre se añade también la de Swiatek, quien hace un año aterrizó en crisis y la disipó de un plumazo (contra todo pronóstico). La última campeona también sufrió una desilusión en París y las sensaciones dejadas hasta ahora no son positivas, habiendo sufrido un retroceso competitivo que no termina de compensar. Tercera en la escalera mundial, cualquier traspié tempranero podría suponer un golpe mayor, al defender los 2.000 puntos obtenidos hace un año en el All England Club.El ganador de 2025 también llega pensativo; de nuevo sin la amenaza de Carlos Alcaraz —todavía en la reserva el murciano, cada vez mejor de la muñeca— y sin urgencias, pero sí con la necesidad de olvidar el severosopapo que encajó en el Bois de Boulogne, donde su físico volvió a colapsar a consecuencia del calor. Esta vez, al parecer, las temperaturas no torpedearán el misterioso organismo de Jannik Sinner, quien recientemente se examinó en una clínica de Milán, en busca de indicios, y asegura volver a sentirse “fuerte” tras el angustioso episodio de Roland Garros. Irrumpió allí como absoluto favorito, pero la climatología volatilizó su candidatura y reactivó el sensor de alerta: en contra de lo que pueda parecer, en un gran torneo cada día puede ser una trampa. La lógica transmite que el italiano será de nuevo la referencia, aunque de partida se intuye un escenario más abierto.Después de una primavera a todo trapo y de tres semanas de tregua en la transición, vislumbra ahora el horizonte y detecta de entrada a Miomir Kecmanovic (51º), el lunes, y un potencial cruce con Novak Djokovic en la penúltima ronda; ahora bien, siempre y cuando el serbio, de 39 años y heptacampeón de Wimbledon, logre resistir a la erosión de las primeras escalas. Pendiente de las molestias que arrastra en el hombro derecho desde marzo y, en general, de su ya diezmado cuerpo, Nole descartó participar en la exhibición previa de Hurlingham y prefirió pelotear con el transalpino en la Centre Court, sabiendo ahora que para llegar hasta él asoman rivales de elevada alta como Stefano Tsitsipas, Arthur Rinderknech, Andrey Rublev o Felix Auger-Aliassime, si no João Fonseca, el joven que lo tumbó en París.Vuelve BadosaDjokovic partirá ante Yibing Wu (99º) y John McEnroe apuesta: “El favorito es Jannik, y también pondría a Novak. A Zverev no. Colocaría por delante de él incluso a Taylor Fritz o Ben Shelton”. Prueba del algodón para el alemán, por fin liberado y a examen en Londres, después de haberse hecho con su primer grande y, por tanto, de haberse quitado una gigantesca losa emocional de encima. Nunca se expresó en plenitud sobre césped —los octavos marcan su límite—, pero a cambio competirá por primera vez con la sanadora sensación de no tener ya nada que demostrar.En clave española, el principal atractivo será Rafael Jódar, que entrará en escena el lunes contra Felix Gill; el británico, 220º del mundo e invitado por la organización, supone en principio una buena piedra de toque para comenzar. No obstante, el madrileño (26º del mundo) se adentra por primera vez en el major inglés sin haber podido disputar ningún duelo preparatorio a causa de una dolencia abdominal; descartó las citas de Queen’s y Eastbourne, pero ha llegado a tiempo y como cabeza de serie. La teoría dice que esta primera aventura debería ser experimental y que la suerte no le ha acompañado, puesto que podría encontrarse con Sinner en la cuarta ronda. En cualquier caso, irá día a día, y pendiente seguramente de que no le falle la musculatura.Por ranking y recorrido, Alejandro Davidovich (25º) es la mejor baza masculina de la representación nacional, que lamenta la criba de la fase previa: once intentos fallidos; exactamente, la cifra total de activos entre chicos y chicas. Ahí estará Roberto Bautista, despidiéndose con el recuerdo de las semifinales de 2019, y también Paula Badosa, que reaparecerá después de no haber podido acceder al cuadro principal de Roland Garros. La catalana, de 28 años y 140ª del mundo, se topará el primer día con Emma Navarro (23ª). También intervendrán Jessica Bouzas (48ª), Oksana Selekhmeteva (89ª) y Sara Sorribes (150ª); no así la primera espada actual, Cristina Bucsa (36ª), ausente por lesión. Completan el cupo Jaume Munar (44º), Martín Landaluce (58º), Pablo Carreño (71º) y Dani Mérida (85º).