"Veis Venezuela, Venezuela, una operación de un día de nuestras grandes fuerzas armadas. Y ahora estamos haciendo mucho dinero con Venezuela. Venezuela también lo está haciendo bien. Venezuela es un país feliz ahora. Nos tomó exactamente 48 minutos. Tenemos el mejor ejército del mundo. Y hemos pagado el coste de la guerra (Irán). ¿Queréis oír esto? 28 veces ya, más. Hemos sacado millones de barriles…". Esas son palabras de Donald Trump en un mitin del pasado 24 de junio en Macungie, Pensilvania. En ellas presume de que, con 48 minutos de operación militar, ha conseguido llevarse tantas toneladas de crudo caribeño para pagar no una, sino 28 veces la por ahora desastrosa operación militar en Irán que está teniendo un altísimo coste político y social hasta entre las filas republicanas. Alrededor de dos horas después, el ahora, según el presidente estadounidense, feliz país caribeño sufría dos devastadores terremotos. Tras la catástrofe, el neoyorquino publicaba en sus redes sociales el siguiente mensaje: "Los dos grandes terremotos que acaban de golpear al gran pueblo de Venezuela son de una escala masiva y han dejado un número devastador de muertes. ¡Los EEUU están listos, dispuestos y capaces de ayudar! He instruido a todas las agencias de nuestro gobierno para que se preparen para moverse rápidamente. Estaremos allí para nuestros nuevos y grandes amigos. Los primeros informes no son buenos”. La presidenta venezolana, la que fuera vicepresidenta con Nicolás Maduro y cabeza del chavismo, ha contestado a su nuevo gran amigo con agradecimiento, aunque más comedida en el entusiasmo. "Agradecemos al presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, y a su administración, quienes han mantenido un contacto constante con las autoridades venezolanas, ofreciendo apoyo y solidaridad al pueblo de Venezuela ante esta tragedia que nos ha sumido en el duelo". TE PUEDE INTERESAR Por su parte, el secretario de Estado, Marco Rubio, durante años uno de los mayores críticos dentro del partido republicano del régimen venezolano, confirmaba que habría ayudas: "América está con el pueblo venezolano en este momento difícil y, por orden del presidente Trump, el Departamento de Estado está desplegando de inmediato equipos de búsqueda y rescate, recursos médicos y asistencia humanitaria a Venezuela". La ayuda prometida es de 150 millones de dólares, de los cuales 100 los gestionarán las "ineficaces", según palabras del propio Trump, Naciones Unidas, y los otros 50 entre convenios bilaterales y ONG. Según algunas informaciones, algunos aviones estadounidenses han salido ya con las ayudas rumbo a Caracas. TE PUEDE INTERESAR Esa es la crónica, por ahora, de las promesas de la Casa Blanca que se tienen que aterrizar en una realidad cambiante, donde tantas veces lo dicho carece de valor o se modifica sobre la marcha. La realidad pasa siempre por el filtro de Donald. Trump presume del gran negocio que ha hecho con el petróleo venezolano, lo que ha convertido a los líderes chavistas en sus buenos amigos, pero durante su campaña electoral de 2024 ese crudo no le parecía tan bueno: "Su petróleo es basura. Es horrible. Es probablemente el peor petróleo del mundo. Alquitrán. Es como alquitrán", son varias de las frases que él dedicó al mismo petróleo que ahora le paga los desmanes de Ormuz. El referente para Venezuela es el huracán María, que asoló el 16 de septiembre de 2017 Puerto Rico durante el primer mandato de Trump. El Estado libre asociado, algo parecido a lo que la Casa Blanca pretende hacer con Venezuela, sufrió un tifón que destrozó la isla. TE PUEDE INTERESAR Entonces, el 20 de septiembre, Trump prometió ayudas por valor de miles de millones de dólares para iniciar la reconstrucción. Las cifras eran cambiantes desde el inicio, y el neoyorquino llegó a afirmar años después que se entregaron 91.000 millones de dólares. El 2 de abril de 2019, la página FactCheck.org publicaba: "El presidente Donald Trump afirma que "Puerto Rico recibió 91.000 millones de dólares por el huracán" y que obtuvo "más dinero del que jamás se haya conseguido para un huracán". Ninguna de esas afirmaciones es cierta. Según la web, que usaba datos oficiales, dos años después “la cifra real de ayudas de los fondos para desastres naturales era de 11.200 millones”. Lo que empezó siendo una contundente declaración de ayuda, sobre un territorio no incorporado bajo la soberanía de Estados Unidos, acabó con la ex secretaria interina de Seguridad Nacional, Elaine Duke, en la que afirmaba que el presidente Trump llegó a decir en privado que era mejor deshacerse de la isla. “Las ideas iniciales del presidente eran más bien de hombre de negocios. ¿Podemos subcontratar la electricidad? ¿Podemos vender la isla? ¿O deshacernos de ese activo?”, narró la republicana, máxima responsable frente a catástrofes naturales cuando ocurrió el huracán María. Esa ideología trumpista, en la que todo pasa por los negocios, es la que ha conseguido que la captura de Maduro acabe convirtiendo a sus viejos enemigos chavistas en unos muy buenos amigos en la actualidad. “El tiránico gobierno socialista nacionalizó industrias privadas y se apoderó de empresas privadas. Llevó a cabo confiscaciones masivas de riqueza, eliminó el libre mercado, suprimió la libertad de expresión, instauró una maquinaria de propaganda implacable, amañó elecciones, utilizó el aparato estatal para perseguir a sus opositores políticos y destruyó la imparcialidad del Estado de derecho”, decía Trump en un discurso en Miami en 2019. TE PUEDE INTERESAR Esos mismos tiranos, Delcy Rodríguez era ya entonces vicepresidenta de Venezuela, son ahora buenos amigos y han convertido Venezuela en un país feliz. Desde enero pasado, ya no hay pobreza ni tiranía, aunque las crónicas desde el país hablen de la misma inflación, el mismo desempleo y, por ahora, el mismo gobierno que amañaba elecciones instalado en el Palacio de Miraflores. Eso sí, con la salvedad de que el que era su principal inquilino, Nicolás Maduro, duerme ahora en una cárcel de máxima seguridad de Brooklyn. Eso ha cambiado completamente las relaciones entre ambos países, y quizá suponga la fractura final del chavismo, dividido y con sectores dentro que no aprueban la sumisión de Delcy ante Donald. Pero la Casa Blanca ha dejado claro desde la captura de Maduro que el objetivo prioritario no es cambiar el régimen, es controlar el régimen. Y el régimen, completamente quebrado, hoy no puede elegir. El mismo día que ocurrieron los sismos, el Financial Times anunciaba que el gobierno venezolano iba a reconocer una deuda de 240.000 millones de dólares, una cifra muy superior a los análisis previos. La economía caribeña está completamente quebrada y políticamente va perdiendo apoyos en una América Latina donde las urnas están imponiendo una mayoría de gobiernos ultraconservadores. TE PUEDE INTERESAR La Caracas de hoy no es la Caracas a la que llegó al poder Hugo Chávez. Entonces, 15 de diciembre de 1999, día en que se votaba la nueva constitución, el país sufrió una catástrofe natural durísima. Un corrimiento de tierras en la costa norte tras fuertes lluvias asoló el estado de Vargas y se tragó entera la localidad de Carmen de Uria: las cifras de fallecidos son contradictorias, pero van entre 5.000 y 30.000 personas. Entonces, Estados Unidos también prometió ayuda, pero Chávez rechazó la llegada de los barcos gringos cargados de material humanitario. Aquella era otra Venezuela y otro EEUU. Hoy los gobiernos de ambos países se llaman amigos porque uno obtiene petróleo, y el otro, por ahora, consigue mantenerse en el poder.