El Mercedes-Benz C200 Avantgarde parecía fuera de lugar sobre el ripio entrerriano. Un coche de lujo pensado para pisarlo en la autopista, no para terminar rodeado por policías, con bolsos tirados entre pastizales y 260 kilos de cocaína desparramados a pocos metros de la banquina. Al volante iba Carlos Manuel Fiordellino Celis, conocido como “Carlitos”, un hombre de 53 años que conoce demasiado bien el olor del encierro, el ruido de las sirenas y la adrenalina de la fuga. Para los investigadores, su detención en Entre Ríos no fue la caída de un improvisado ni de un simple transportista: fue el regreso a escena de un nombre pesado en los expedientes narco. La secuencia que derivó en su arresto comenzó el 28 de mayo pasado, en un control vial del puesto caminero Puente de Hierro, en el departamento de Feliciano. Los policías frenaron el Mercedes y pidieron revisar el baúl. Fiordelino respondió con una excusa: no podía abrirse desde afuera. Volvió al asiento del conductor con el supuesto objetivo de destrabarlo.
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