Aquel que creyera en la épica de un pase de Senegal a dieciseisavos no iba tan mal encaminado, a pesar de las dudas de los cuerdos, sobre todo a mitad de partido. El encuentro ha comenzado con todo a favor para los africanos. Un testarazo de Abdoulaye Seck, desviado ligeramente por Habib Diarra, ha puesto el primero en el marcador en el minuto cuatro. Nueve minutos después, un balón filtrado a la espalda de la defensa iraquí ha dejado a Rebin Sulaka como último jugador, que no le ha quedado otra que cortar el juego. La máquina ha corregido al humano, que había apostado por la amarilla, para decretar roja directa. Irak, que para pasar necesitaba un milagro como el de convertir el agua en vino, o lo que es lo mismo, remontar una diferencia de goles de -6, ha matado la esperanza de los románticos demasiado pronto. Todo pintaba bien para Senegal, que solo tenía que remontar un -3 y quedaba todo el partido por delante. Pero el fútbol ha demostrado, una vez más, ese toque de locura, de imprevisibilidad, que tanto gusta. Contra todo pronóstico y a demérito de Los Leones de Teranga, la expulsión ha revitalizado a los iraquíes, que se han armado de valor y se han atrevido incluso con algún destello de jogo bonito. Los senegaleses han terminado la primera parte pidiendo la hora, con unos mesopotámicos hambrientos de gol, pero los designios de la pelotita, a veces inescrutables — que se lo pregunten si no a los turcos— no han querido que entrara.Hay descansos que los carga el diablo y el nombre de ese mal agüero estaba en el vestuario de los árabes. La segunda parte ha arrancado con una Senegal más enchufada. 11 minutos han bastado para que un gol de Ismaïla Sarr, el segundo de los senegaleses, abocara a Irak a la resignación y a Senegal a la tan ansiada goleada. Era el momento de ser despiadados y lo han sido. Tanto, que la afición senegalesa se ha tenido que contentar con una celebración 2x1. Cuando el éxtasis del gol de Sarr empezaba a aminorar, un zurriagazo de Pape Gueye ha vuelto a aumentar los decibelios del estadio. Era el tercer gol. Todo estaba preparado para el festival. Otro de Pape Gueye en el 71 y la guinda de Liman Ndiaye en el minuto 82, han sellado la manita. Los deberes están hechos, pero no siempre es suficiente. Senegal, que ha terminado esta fase con solo 3 puntos, confía en que la goleada, la que le ha permitido terminar con una diferencia de goles de +2, le permita pasar a dieciseisavos. La lógica apunta a que sí, pero el fútbol no siempre entiende de lógica.