NoticiaIniciativa de la Unidad para las Víctimas reconoce procesos artísticos de personas afectadas por el conflicto armado colombiano.Víctimas buscan retormar sus vidas, pese a las cicatrices que les dejaron grupos armados. Foto: Unidad para las VíctimasPERIODISTA26.06.2026 15:30 Actualizado: 26.06.2026 15:53

Después de la guerra no existe un manual para encontrar el camino. Hay quienes apenas logran dormir. Pero también están los que sueñan otra vez: escriben, pintan y cuentan con música aquello que alguna vez no tuvo nombre. A veces, y para algunos, esa es la mejor forma de darles lugar a los recuerdos.De eso se trata la convocatoria 'Visibles': una iniciativa de la Unidad para las Víctimas que reconoce procesos artísticos de personas afectadas por el conflicto armado colombiano. Más que una convocatoria es una apuesta por algo fundamental: que las víctimas puedan narrarse a sí mismas transformando lo vivido en lenguaje.Víctimas buscan retomar sus vidas, pese a las cicatrices por grupos armados. El arte, un camino. Foto:Unidad para las Víctimas'Visibles' tuvo su primera edición en 2025 y desde su creación se consolidó como una plataforma de difusión de procesos artísticos y culturales. En su edición inicial recibió más de 400 propuestas, visibilizando artistas y creadores que encontraron en este espacio una posibilidad de compartir sus historias, acceder a escenarios de circulación y aportar a la memoria, la reparación simbólica y a la construcción de paz. Este año, seis propuestas del Valle fueron seleccionadas, dando lugar a un conjunto de obras donde el arte se eleva como otra forma de reconstrucción.Víctimas buscan retomar sus vidas, pese a las cicatrices por grupos armados. El arte, un camino. Foto:Unidad para las VíctimasEl dolor, escenario de transformaciónCuando Honoria Guerrero se sube al escenario, casi nadie logra percibir la dimensión de las ausencias que la acompañan. Tiene 69 años y fue desplazada de la costa nariñense. De sus nueve hijos solo sobreviven cuatro. Varios de ellos murieron de forma violenta y poco después de llegar a Cali perdió a otro más. La guerra fue despojándola lentamente como ocurre en tantos capítulos de dolor que no reflejan las cifras. Pero en su caso, en medio del vacío apareció el canto como tabla de salvación. Y ahora es intérprete de alabaos y arrullos en la obra ‘Balas al Aire’, donde mujeres afrodescendientes transforman el duelo en memoria compartida. Es una puesta en escena que no borra el dolor sino que le da otra forma.Jazmín Salazar y su historia son otro ejemplo de transformación creativa. Desde Cali, ella busca a un familiar desaparecido. Su sobrino. En el camino de la incertidumbre sus pasos poco a poco fueron dándole vida a ‘Huellas de la ausencia’, una obra de teatro que recoge las voces de mujeres que, como ella, recorren el universo a su alcance siempre en busca de respuestas.No importa que lo que muchas veces encuentren sean nuevas preguntas. En Colombia, es sabido, hay ausencias que en vez de terminarse acaban por instalarse en la cotidianidad.Para Leydi Tatiana Vásquez, por eso, la memoria no es solo recuerdo sino también materia. Tenía semanas de nacida cuando su familia llegó al Valle del Guamuez, en Putumayo, un territorio que reconoce como su hogar.Víctimas buscan retomar sus vidas, pese a las cicatrices por grupos armados. El arte, un camino. Foto:Unidad para las VíctimasAllí creció entre la tierra y las imágenes que hoy regresan en su obra: la fauna, la vegetación y los gestos simples de la vida campesina. Desde Cali, donde estudia Artes Plásticas, su trabajo insiste en la recreación de ese paisaje, afirmando lo criollo como un espacio de permanencia frente al desarraigo. Su obra ‘La Casa de la Memoria’ es una pintura de gran formato, en la que usa más de seis metros de largo para representar la evocación personal, justamente, de aquel sentimiento.Letras para atravesar el dueloEn el teatro, la reconstrucción de memoria también ocurre a través de un cuerpo colectivo. Brayan Stiven Grueso, de 25 años y víctima de desplazamiento, hace parte de Mutapá Teatro: un grupo caleño que trabaja a partir de las memorias y las experiencias de las comunidades negras del Pacífico. Su proceso creativo no parte solo de la ficción sino de la investigación y del diálogo con el territorio, buscando tender puentes entre lo ancestral y las formas contemporáneas de teatro.En ese contexto surgió ‘Corazón bajo tierra’, una obra que cuenta la vida de Marta, una madre que se niega a renunciar a la esperanza en medio de la precariedad.“En un contexto donde las necesidades apremian y las decisiones se vuelven una cuestión de supervivencia, la obra pone en evidencia cómo la vida puede arrastrar los afectos y las convicciones hasta el límite, manteniendo a una familia en constante tensión”, explica Brayan.En Buenaventura, mientras tanto, Bolivia Aramburo convirtió la pérdida en palabra. A los 63 años, ella es una de las fundadoras de ‘La Catanga Literaria’: un proceso nacido desde el dolor compartido y la necesidad de nombrarlo. Junto a otras mujeres, varias de ellas madres que perdieron a sus hijos en la masacre de ‘Los Doce de Punta del Este’ (año 2005), empezó a escribir como una forma de resistencia. La Catanga —nombre inspirado en una herramienta de pesca artesanal del Pacífico— funciona más o menos parecido: sirve para sacar a la superficie las memorias que han sido empujadas al olvido, para reconstruir, desde la palabra, lo que la violencia fracturó.Ese es el origen de ‘Los Doce’, una obra poética que no solo recuerda el hecho puntual, sino que expone la violencia sistemática que ha atravesado a Buenaventura. En ese lenguaje el dolor se transforma en memoria pública, y la escritura en un acto de dignidad. “El arte, para nosotras, significa sanar heridas”, dice Bolivia.La historia de Luz Ángela Arias también está marcada por la pérdida. Tenía seis años cuando su familia tuvo que abandonar Puerto Frasadas, en la zona rural de Tuluá, lo que marcó su relación con el territorio y la memoria: “En medio de la extrañeza que implica ser desplazada, el arte se convirtió en un camino de reconstrucción simbólica, encontrando en la palabra y el cuerpo espacios para expresar aquello que muchas veces resulta difícil de nombrar”, cuenta Luz Ángela, que con el tiempo se convirtió en Maestra de Artes Plásticas, graduada de la Universidad del Tolima.Hoy, residente en Cali, su trabajo se materializa en un libro de poemas donde el desplazamiento, el feminicidio y la memoria no aparecen como temas abstractos, sino como experiencias encarnadas. Su escritura construye un lenguaje que nombra el daño sin quedarse atrapado en él. En sus manos, la poesía es un espacio donde la memoria no solo denuncia, sino que también sostiene.Mural de la Asociación Nacional de Usuarios Campesinos (Anuc) de Pradera. Foto:Unidad para las VíctimasEl componente psicosocial es uno de los ejes de los Planes Integrales de Reparación Colectiva. Foto:Unidad para las VíctimasVistas en conjunto, estas obras recorren caminos distintos, pero dialogan entre sí. Ninguna se queda en el relato del daño, sino que en cada propuesta aparece un gesto de reconstrucción. Y es en ese tránsito donde iniciativas como Visibles adquieren sentido: al acompañar estos procesos, contribuyen a que aquello que parecía destinado al silencio encuentre la luz. Porque la violencia deja huellas, pero no siempre define lo que viene después. Estas obras son una muestra; la memoria no es solo recuerdo: es también una manera de seguir.Consulte más noticiasRecibió su credencial como presidente. Foto: Sigue toda la información de Colombia en Facebook y Twitter, o en nuestra newsletter semanal.