Por Florencia Cruz y Emilia Saffirio26 JUNIO 2026En el reciente debate sobre la crisis natalidad hay una pregunta que no estamos abordando: ¿cuánto estamos dispuestos a invertir para que las personas que lo deseen tengan más hijos?En los últimos meses, el debate público ha comenzado a moverse: el gobierno anunció la Secretaría del Plan Chile Renace y la conformación de una comisión asesora presidencial para proponer medidas al respecto. La forma en que estas iniciativas se traduzcan en políticas está por definirse, sin embargo, hay algunas advertencias que se pueden hacer a la luz de la evidencia nacional e internacional. Según la Encuesta Bicentenario UC, la percepción de que Chile es una sociedad que apoya a las mujeres para tener hijos ha disminuido en los últimos quince años. Más allá de las cifras de fecundidad, predomina la sensación de que criar hijos resulta muy difícil y que el costo sigue recayendo sobre todo en las mujeres y en sus redes familiares más próximas.La evidencia internacional es bastante clara respecto a lo que implica para los Estados contener la caída de los nacimientos: no lo han hecho mediante campañas comunicacionales ni incentivos monetarios puntuales, sino a través de políticas amplias y permanentes de apoyos a las familias, que se caracterizan por sus altos costos.Francia es uno de los principales referentes en la materia. Aunque, como el resto de los países del mundo registra una tendencia decreciente, ha logrado sostener su tasa de fecundidad por sobre sus vecinos europeos -en torno a 1,6 hijos por mujer-. Esto, implementando una combinación de apoyos familiares que van desde transferencias monetarias, licencias parentales, beneficios tributarios, hasta una amplia red de cuidado infantil, representando una inversión de alrededor del 3,5% de su PIB, una de las más altas de la OCDE. Chile tiene una realidad demográfica, cultural y fiscal distinta. Pero la experiencia francesa sí deja una lección relevante: si se busca contener la caída de la natalidad, las intervenciones deben ser significativas, capaces de ofrecer mejores condiciones económicas y laborales para quienes anhelan ser padres.Esto adquiere especial importancia en un contexto de estrechez fiscal. La discusión política ha estado marcada por la necesidad de contener el gasto, ajustar presupuestos y priorizar recursos escasos. La pregunta entonces es inevitable: ¿cómo compatibilizar esa realidad con una política de natalidad que, de acuerdo con la evidencia, requiere inversiones importantes y sostenidas para, en el mejor de los casos, lograr contener la caída sostenida de sus indicadores?Chile ya se encuentra entre los tres países del mundo con menor tasa global de fecundidad, y sus efectos sobre la economía, el sistema de pensiones y las necesidades de cuidado no esperarán. Más aún, la experiencia internacional muestra que las políticas de natalidad tardan años en producir resultados, por lo que postergar esa conversación solo reduce las posibilidades de enfrentar oportunamente este desafío.En definitiva, la discusión no puede limitarse a qué medidas implementar, sino también a sincerar si existe la disposición política de priorizar esta inversión, cuánto estamos dispuestos a invertir y cuál será la estrategia que permitirá sostener estos apoyos en el tiempo, de modo que ser padres y madres deje de percibirse como una tarea cada vez más difícil. Mientras estas preguntas sigan sin respuesta, cualquier iniciativa corre el riesgo de quedarse en buenas intenciones.Por Florencia Cruz y Emilia Saffirio, Centro de Políticas Públicas UC NEWSLETTEROpiniónSábado, AMIdeas en tensión, miradas contrapuestas y un análisis claro: elementos para develar los temas que dividen opiniones y marcarán la agenda.Al suscribirte estás aceptando los Términos y Condiciones y las Políticas de Privacidad de La Tercera.
¿Cuánto estamos dispuestos a invertir en más niños? - La Tercera
¿Cuánto estamos dispuestos a invertir en más niños?
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