A contraluzEl cabildeo en Washington busca debilitar a un gobierno que no se ajusta a los intereses de las elites.

El cabildeo que impulsan sectores empresariales en Washington contra el gobierno de Bernardo Arévalo debe analizarse como parte de la estrategia de captura del Estado por parte de los grupos más reaccionarios. No es tan simple como decir que se trata de un “esfuerzo legítimo” por asegurar que la agenda norteamericana se materialice en Guatemala. Si así fuera, el gobierno estadounidense no necesitaría de achichincles locales para impulsar su política en la región. Basta ver la normalidad con la que funcionarios de EE. UU. llegan al país para comprender que las relaciones bilaterales pasan por un buen momento.

El lobby tiene un propósito oscuro: debilitar a un gobierno que no se ajusta a la conveniencia empresarial. Tradicionalmente la cúpula del sector privado no se casa con un partido político en particular, sino que los utiliza como vehículos de representación de sus intereses. Para eso les da millonarios financiamientos. En la historia reciente existen múltiples ejemplos, como el respaldo que tuvieron los gobiernos de Otto Pérez Molina, Jimmy Morales y Alejandro Giammattei. La oligarquía no se preocupa por el nivel de corrupción de estos regímenes. Lo que le importa es que estos gobiernos mantengan un entorno favorable a sus intereses, ya que la misma corrupción aceita los negocios privados con el Estado.