Los desastres naturales son tragedias humanas y, sobre todo en América Latina, también han sido catalizadores políticos. Por eso, la reacción del Estado venezolano, bajo un régimen de “protección” indeseada estadounidense, será clave para determinar el futuro del débil gobierno de Delcy Rodríguez.A mediodía de ayer en Venezuela, se habían registrado 188 muertos y más de 1.500 heridos en un terremoto cuyas dimensiones hacen temer un saldo mucho mayor de víctimas, sobre todo en la zona playera de La Guaira devastada por los dos sismos de 7,2 y 7,5 grados a las 18 horas del miércoles, de epicentro a 280 kilómetros.Tras recibir la oferta de ayuda de Donald Trump para “nuestro nuevo amigo”, y ante la movilización de ayuda en comunidades de expatriados vinculadas a la oposición venezolana en Estados Unidos, Rodríguez se encuentra ante un dilema. Por un lado, aceptar y así reforzar aún más la percepción de que encabeza un gobierno que carece de autonomía después del secuestro de Nicolás Maduro por la Delta Force estadounidense.Por otro lado, hacer todo lo posible para montar una operación de rescate y respuesta sanitaria con sus propios medios, pese a que dos décadas de sanciones y embargos estadounidenses hayan hecho estragos en la capacidad de responder a desastres del Estado y sobre el sistema hospitalario venezolano.Un consuelo para la ultrapragmática presidenta venezolana: si algo se ha salvado en el colapso del estado inducido desde Washington durante dos décadas, son las fuerzas de seguridad y de emergencia y primera asistencia. Ayer, tras la caída de bloques de apartamentos y algún hotel, desde el opulento distrito de Altamira en Caracas, hasta La Guaira, todo indicaba que el trabajo de sacar a los vivos y los muertos, avanzaba de forma eficiente. “Yo soy muy crítico con el gobierno, pero por lo que veo la respuesta está siendo rápida”, dijo un economista residente de una zona que no fue afectada gravemente de Caracas, consultado por teléfono. “Por supuesto, siempre vas a encontrar gente que dice que el país no estaba preparado para eso”, añadió Rodríguez agradeció la oferta de ayuda estadounidense, tras el anuncio de Marco Rubio, el secretario de Estado, del envío inmediato de equipos de búsqueda y rescate, así como médicos y asistencia humanitaria. El dilema es mayúsculo para Rodríguez, que se encuentra en la cuerda floja de una forzada alianza con Trump y la defensa del chavismo frente a la líder de la oposición radical exiliada María Corina Machado. Corina Machado, en paradero desconocido, pero con base en Miami, irrumpió en el escenario del post desastre con una intervención en redes sociales en la que anunció que “nuestras oraciones están con cada hogar venezolano en estas horas de angustia” (..) Que Dios proteja a cada venezolano”. Pero lo significativo de la intervención de Corina Machado puede ser un intento de usurpar a Rodríguez la gestión de una operación humanitaria internacional, centrada en la conservadora diáspora venezolana en el extranjero, sobre todo en Florida y Madrid. “Hacemos una llamada urgente a la solidaridad y a la movilización de todos los venezolanos dentro y fuera de nuestras fronteras,(...)”, afirmó Corina Machado. Cualquier indicio de frustración en la ciudadanía venezolana de que el rescate estatal no cumpla con las expectativas será rentabilizado por la opositora de derecha radical y premio Nobel de la paz.Rodríguez tendrá que lidiar también con los recuerdos del catastrófico deslizamiento de tierra en el estado de Vargas en 1999 muy cerca de La Guaira. Entonces, Hugo Chávez, solo unos meses después de haber sido elegido presidente por primera vez, se negó, de forma contundente, a aceptar la oferta de ayuda humanitaria de Bill Clinton en Washington. Debido a la precariedad de la vivienda en un barrio obrero desatendido durante décadas por los gobiernos anteriores, “hubo miles de muertos, pero Chávez hizo un operativo militar de rescate que permitió salvar a mucha gente”, dijo un exministro de Chávez. La oposición empezó allí mismo una campaña de críticas desestabilizadoras a los gobiernos de Chávez. Pero la reconstrucción del distrito —sin un centavo de ayuda de Washington ni del FMI— fue clave para la popularidad de Chávez.Rodríguez anunció el jueves la creación de un fondo de 200 millones de dólares, aprovechando los recursos venezolanos en el Fondo Monetario Internacional (FMI) destinados a “infraestructura, hospitales y viviendas para los que perdieron sus casas”, anunció la presidenta. Se creará otro fondo para la “atención inmediata de las víctimas de este desastre natural”.En la vecina Colombia, el presidente en funciones Gustavo Petro, tras la derrota de su partido en las elecciones la semana pasada, optó por no hacer declaraciones. Pero Colombia envió rápidamente equipos de rescate y doce toneladas de alimentos y medicamentos. Abelardo de la Espriella, el presidente electo, anteriormente de convicciones ateas, sí intervino en las redes: “Mis oraciones están con las víctimas y sus familias. “Dios proveerá”. Otros gobiernos latinoamericanos de ideologías opuestas como Daniel Noboa en Ecuador, Claudia Sheinbaum y Luiz Inácio Lula da Silva, presidentes de México y Brasil, han ofrecido apoyo. Cuba, por su parte, respondió mediante el programa de médicos Misión Médica que Rubio pretende expulsar de América Latina. Un funcionario en La Habana dijo que los equipos en Venezuela “se encuentran fuera de peligro y muchos de ellos ya están incorporados (...) a las labores asistenciales”.
La reacción del Estado venezolano al terremoto determinará el futuro de Delcy Rodriguez
Trump ofrece ayuda y María Corina Machado llama a Dios y a la diáspora venezolana en Miami y Madrid










