Tras dos días de dudas, el senador de izquierdas Iván Cepeda, el candidato perdedor por un mínimo margen en las elecciones presidenciales de Colombia, aceptó el miércoles el triunfo del ultraderechista Abelardo de la Espriella. Lo hizo con una declaración pública en la que prometió que ejercería “una oposición democrática, vigilante y constructiva”, y en la que recordó que la diferencia entre los dos finalistas fue “extraordinariamente estrecha”, por debajo del 1% de los votos. También dedicó un pasaje de su intervención a quejarse de una polémica reciente. “Rechazo que a nuestro electorado se le acuse en forma irresponsable y peligrosa de ser tributario de un, entre comillas, ‘voto fusil’. Esta es parte de esas campañas que ilustran la política sucia que se ha venido practicando en contra nuestra”, se lamentó. Se refería a un término que ha venido agitando un sector de la derecha. Desde antes de que terminara el conteo preliminar de votos de la primera vuelta del 31 de mayo, en redes sociales comenzó a circular una tabla que muestra las votaciones en municipios con riesgo extremo por actores armados, para relacionarlas con el candidato del Pacto Histórico. Influenciadores que apoyaban a De la Espriella comenzaron a replicar que Cepeda arrasaba allí donde la presencia de las “guerrillas” era fuerte. Después de la segunda vuelta del domingo, regresó esa cuestionada interpretación. “La narrativa del ‘voto fusil’ que la ultraderecha quiere generar desconoce que millones de colombianos y colombianas, cerca de la mitad del electorado del país, han respaldado democráticamente nuestro proyecto político”, expresó en redes sociales Aida Quilcué, la fórmula vicepresidencial de Cepeda. “El ‘voto fusil’ les fue útil para verse más fuertes electoralmente”, le respondió una de las cuentas que promueve la campaña de De la Espriella. Otros políticos y figuras de derecha se hicieron eco, con énfasis en el aumento de la participación en algunos lugares. Esas voces promueven la idea de que los tres millones de votos adicionales que obtuvo Cepeda entre las dos vueltas fueron en alguna medida producto de presiones armadas, y siembran sospechas donde no hay evidencias sólidas. “Empezó mal el reconocimiento de Abelardo de la Espriella a los más de 12,6 millones de colombianos que votaron por Iván Cepeda”, ripostó el exministro del Interior Juan Fernando Cristo, parte de la Alianza por la Vida que respaldaba al candidato de la izquierda, en una serie de mensajes en sus redes sociales para desmentir esa idea, con cifras y formularios, y mostrar que, en cualquier caso, se trata de mesas con muy pocos votantes. “La narrativa del ‘voto fusil’ es mentirosa y peligrosa. ¿No están contentos con el triunfo? ¿Querían destruir a quienes no comparten sus ideas? ¿Ese es el mensaje para millones de colombianos?”, se preguntaba uno de los principales aliados políticos de Cepeda.