Los 30 kilómetros que separan a Caracas, la capital venezolana, de La Guaira, epicentro del terremoto, se han hecho eternos. Eternos como las 12 horas que pasó el joven Amir Infante con la mitad del cuerpo aplastado bajo los escombros de su propia casa. Los vecinos le daban agua en pequeñas botellas de plástico, mientras esperaban una ayuda que, finalmente, no llegó a tiempo. Amir se convirtió en uno más de los 188 muertos que acumula el doble sismo que sacudió Venezuela, según el último recuento ofrecido por las autoridades. Al menos otras 200 personas permanecen atrapadas en los múltiples edificios derrumbados, más de 1.500 han necesitado hospitalización y 157 permanecen desaparecidas, de acuerdo con el presidente de la Asamblea Nacional (AN, Parlamento), el chavista Jorge Rodríguez. Unas cifras que, en la "zona de desastre" de La Guaira y donde en el momento de escribir estas líneas los vecinos siguen afanándose en sacar a mano los cuerpos, se estiman mucho mayores, según fuentes médicas. Quizá hasta los 200 o 300 muertos, ya que la mayoría de las cifras obtenidas vienen de Caracas, otra de las zonas más afectadas, a la espera de lo que destape La Guaira, cuyos datos no han sido contabilizados. En el paisaje apocalíptico de los paseos de primera línea de playa, con los edificios de varios pisos reducidos a escombros, este periodista pudo escuchar incluso a familias enteras de cuatro personas gritando y pidiendo ayuda. Son esas voces las que ayudan a los vecinos y voluntarios a guiarse hacia los supervivientes dentro de las estructuras derrumbadas. TE PUEDE INTERESAR La gestión de la emergencia por el peor terremoto del país en más de medio siglo será el termómetro que mida la capacidad del nuevo Gobierno de Delcy Rodríguez, y tendrá que hacerlo con los pocos medios de un estado desmantelado durante décadas. A última hora de la tarde del jueves, el Estado Mayor de Emergencia defendía el despliegue de rescatistas en zonas de riesgo, "demostrando que nuestras instituciones están capacitadas para brindar ayuda inmediata y oportuna ante estos catastróficos eventos". En el terreno, la realidad es otra. Los bomberos, protección civil, paramédicos, funcionarios del Sebin (Servicio Bolivariano de Inteligencia Nacional), policías municipales y de estado han llegado a La Guaira, pero sin la maquinaria pesada y equipo especializado necesario para facilitar los rescates. O, en medio de la crisis, no hay suficiente disponible, o todavía no ha logrado cruzar esos 30 kilómetros que separan Caracas del horror. "Estamos tratando de ayudar en lo que podemos, pero hay falta de equipo", dice Carlos Borges, señalando su frustración por la escasez de maquinaria, como retroexcavadoras, para mover las pilas de losas de concreto que alguna vez fueron edificios de apartamentos de gran altura. "Tras años de desmantelamiento institucional y corrupción, la capacidad del país para responder a la tragedia está severamente limitada", advertía WOLA, una organización pro derechos humanos en Latinoamérica con sede en Washington. Los rescatistas saben que a lo que tienen que hacer frente ahora es una carrera contra reloj para salvar todas las vidas que puedan. Las réplicas —unas 30 registradas en las últimas horas, según la presidenta interina, Delcy Rodríguez— no ayudan en la labor. "Los equipos de rescate suelen activarse lo más rápido posible porque la supervivencia después de las 72 horas disminuye bastante", asegura Martín Sosa, cirujano de Médicos Sin Fronteras (MSF), a El Confidencial. "Es verdad que hay gente que puede permanecer bajo los escombros, sobre todo si tiene acceso a agua y no está gravemente herida, hasta alrededor de una semana. Pero la mayor parte de las víctimas que mueren por consecuencias directas del derrumbe suelen fallecer dentro de las 72 horas", advierte, mientras el reloj corre. “¿No es posible llamar al ejército? ¡Que vengan todos! ¡Que vengan a ayudar! ¡Que los suban a un vehículo blindado y vengan a ayudar a la gente! ¡Que encuentren tractores donde sea!”, defendía Argenis Martínez, residente del barrio Los Corales de La Guaira, buscando a un familiar entre los escombros. El presidente de la Asamblea Nacional (AN, Parlamento), el chavista Jorge Rodríguez, detalló que, hasta el momento, hay 2.927 familias damnificadas, 250 edificios dañados y ocho hospitales afectados. El gobierno defendió también que la ayuda está en camino desde España, Estados Unidos, México y Qatar, y solicitó al sector privado que preste equipos como retroexcavadoras para ayudar en las labores de rescate. España, que también confirmó la muerte de al menos dos ciudadanos españoles, anunció el envío de material, financiación y 57 efectivos de la UME, entre ellos rescatistas de la unidad USAR. EEUU, por su parte, anunció una ayuda valorada en 150 millones de dólares (más de 130 millones de euros), "además del apoyo inmediato en materia de búsqueda y rescate, transporte aéreo y coordinación" a sus "nuevos amigos" en el Gobierno venezolano. Será necesaria esa coordinación y transporte aéreo, ya que el aeropuerto internacional de Maiquetía, que sirve a Caracas, se levantaba en La Guaira y ha quedado destrozado con el terremoto. La gente reacciona junto a las víctimas tras los terremotos que han sacudido el país, en La Guaira. (REUTERS/Gaby Oraa) A la labor de los equipos de emergencia de rescate se une la del personal sanitario, que ya sufría en un país en crisis permanente como Venezuela. Las Fuerzas Armadas han asegurado que desplegarán hospitales de campaña en La Guaira, según un comunicado del centro de mando, para realizar cirugías de emergencia. En los hospitales locales, los doctores hacen turnos de 24 horas y denuncian la escasez de suministros básicos. "Necesitamos tensiómetros, gasas, termómetros, guantes, apósitos, analgésicos… de todo", declaró el doctor Augusto Ramírez a la agencia Reuters. Según el testimonio del doctor, él y sus colegas en un pequeño hospital de Morón, junto a La Guaira, habían atendido a 112 personas, nueve han fallecido a causa de fracturas de cráneo y otras lesiones, entre ellas tres niños. "Nos encontramos desde traumatismos cerrados con fracturas hasta heridas abiertas o penetrantes en el torso, las extremidades o la cabeza", describe Sosa a El Confidencial como las heridas más comunes en este tipo de desgracias. Conforme avancen las horas, tendrán que lidiar con complicaciones derivadas del denominado "síndrome de aplastamiento". Este se produce cuando una extremidad —una pierna, un brazo u otra parte del cuerpo— permanece sometida a una fuerte presión durante más de seis horas. "El músculo muere y, al hacerlo, genera toxinas que pueden ser muy dañinas si, al liberar el miembro, empiezan a circular por todo el organismo", señala Sosa. Según el médico, estas complicaciones pueden llegar a provocar la muerte de la víctima incluso después de haber sido rescatada. Un equipo de MSF que se encuentra en el terreno ya ha podido hacer un mapeo para saber cuáles son las zonas más urgentes y actuar cuanto antes. "Acabamos de volver de las calles y hemos visto que todavía hay mucha gente que permanece a la intemperie", afirma Halima Hussein, coordinadora médica de MSF en Venezuela. "Así que siguen en la calle. Llevan sus pertenencias y no pueden moverse". Según el gobierno venezolano, el terremoto ha dejado a más de 3.000 familias sin hogar, en un país que ya sufría de pobreza aguda. El gobierno de Delcy Rodríguez ha anunciado la creación de un fondo de 200 millones de dólares para la reconstrucción del país tras el seísmo, pero en las calles de La Guaira, la desesperación es palpable: este reportero ha sido testigo de varios episodios de asaltos a residencias derruidas, con los ladrones llevándose material en sus motos, conduciendo entre el polvo todavía sin asentar de las casas destruidas.
Los 30 km de la desesperación: en La Guaira, el Estado venezolano llega con personal, pero sin excavadoras
La gestión del peor terremoto del país en más de medio siglo será el termómetro que mida la capacidad del nuevo Gobierno de Delcy Rodríguez, y lo hace con un estado desmantelado durante décadas










