Hace tiempo que el cine de terror parece haber entendido mejor que ningún otro género las derivas más perturbadoras de las sociedades contemporáneas. Con rigor, continuidad e insolencia, nuestros miedos internos y externos han pululado por títulos de toda índole económica y condición narrativa, buena parte de ellos con gran éxito en la taquilla, hasta llegar a la bomba mediática y artística que es Obsession, segunda película de Curry Barker, joven de 26 años forjado en las escuelas de cine y, aún más, en el colegio de aprendizaje de YouTube, que ha compuesto una película seria y profunda, descacharrantemente divertida y salvaje, con una premisa que parece un juego de niños. Pero no lo es. Sin llegar al millón de euros de presupuesto, ya ha recaudado unos 300 en todo el mundo. Y lo que le queda.Si nos ponemos finos, podríamos afirmar que el punto de partida de Obsession es el mismo del cuento clásico de terror La pata del mono, escrito por W. W. Jacobs en el año 1902, de enorme influencia en la cultura popular posterior. Si nos ponemos nostálgicos, la tienda en la que el joven protagonista de la película compra ese misterioso objeto que, como un talismán a medio camino entre la sempiterna ingenuidad de la fe y la chorrada perfecta, va a hacer cumplir su gran deseo vital, recuerda sobremanera a la de aquellos gremlins que, como este, también venían con aviso de posible peligrosidad. Pero el caso es que el consabido “ten cuidado con lo que deseas” llega envenenado de serie: el chico quiere que la chica de su infancia, su anhelado amor de juventud, que ahora solo parece quererlo “como amigo”, pase a amarlo “más que a nadie en este mundo”.A partir de ahí, pese a algunos evidentes y perdonables problemas con la luz y la fotografía de algunas secuencias, debidos probablemente al bajo presupuesto, la película es una sangrante radiografía de parte de una generación, entre la adolescencia y la treintena, de sus sueños y sus caídas, de sus miedos y sus trastornos. Con algunas gotas de violencia cercana al gore y estupendas interpretaciones de los desconocidos Michael Johnston e Inde Navarrette (dios, ¡cómo grita esta chica!), Obsession habla de tantas cosas que provocan terror que la lista es casi interminable.Los amores obsesivos y la fantasía del ideal romántico, que en el caso de ciertos hombres llega hasta la violencia y la muerte (lo vemos desgraciadamente cada día), y en el de algunas chicas se despliega a través de enfermizas ofuscaciones. Detrás del terror, e incluso de la grotesca comedia negra (que también la hay), se muestran comportamientos tóxicos muy reconocibles en torno al control, a la necesidad de constante adulación, al estar “siempre juntos”. También la manipulación sentimental, la dificultad para hablar cara a cara y sincerarse, para exteriorizar los sentimientos de un modo natural y nunca nocivo. Y, como uno de los subtextos relacionados con la presunta víctima, en este caso el chico, la sordidez de tirar hacia delante pese a la provocación de haber conquistado su sueño mediante un subterfugio (incluso la sumisión química puede pulular por el relato), y de que está claro que la chica del ideal masculino se ha convertido en una chiflada peligrosa. Gente joven, pero ya con una edad de cierta consideración, comportándose como críos de 12 años.Retorcida y pendenciera, la película de Barker refleja un mundo en el que de nuevo surge la necesidad de creer en algo ajeno a nosotros mismos, en el que, sin nombrarse, hay gente que se relaciona con la IA y la tiene como gurú sentimental, en el que se confía en las piedras mágicas y en el que el horóscopo vive una nueva eclosión. El absurdo de pedir deseos a un juguetito comprado por cuatro perras en una tienda esotérica solo disfraza nuestra soledad, la incapacidad para hacernos cargo de las dificultades de la existencia y la alergia al rechazo y al fracaso. Y eso sí que da miedo.ObsessionDirección: Curry Barker.Intérpretes: Michael Johnston, Inde Navarrette, Cooper Tomlinson, Megan Lawless.Género: terror. EE UU, 2025.Duración: 100 minutos.Estreno: 26 de junio.