El 22 de junio de 1971, diez días antes de que Jim Morrison falleciera en París y engrosara la lista negra del denominado Club de los 27, Joni Mitchell publicó Blue. Fue este un álbum que revirtió por completo todos los arquetipos y la mitología de aquella era dorada del rock, que había visto desaparecer previamente a Brian Jones, Jimi Hendrix y Janis Joplin. La cantautora canadiense tenía también 27 años en aquel momento, pero su disco no supuso una muerte, sino el nacimiento de muchas cosas.En realidad, el cuarto álbum de Joni Mitchell comenzó su gestación muchos años antes, y lo hizo con un parto trágico. A finales de 1964, la cantante -quien entonces conservaba aún su nombre de nacimiento, Roberta Joan Anderson-, descubrió que estaba embarazada de su ex novio, Brad MacMath, quien se había ido a por tabaco mientras ella vivía en un ático sin calefacción y prácticamente en la indigencia, buscándose la vida como aspirante a cantante folk en las calles de Toronto. Kelly Dale Anderson nació en febrero de 1965, pero, ante la imposibilidad de cuidar adecuadamente a su bebé, Joni la dio en adopción. Poco después compuso Little Green, una canción que interpretó en directo en varias ocasiones, pero no se atrevió a grabar hasta seis años después. “Una niña con una niña fingiendo/ Cansada de las mentiras que envías a casa/ Así que firmas todos los papeles con el nombre de la familia/ Estás triste y lo sientes, pero no te avergüenzas/ Little Green tiene un final feliz”, cantaba en el tercer verso de una composición desoladora pero que, al mismo tiempo, mostraba una complejidad emocional inusitada en su autoexploración de sentimientos. “Yo era muy pobre, y una madre infeliz no cría a una hija feliz. Fue difícil separarme de la niña, pero tenía que dejarla ir”, declaró la cantante en 1998 al Toronto Globe And Mail. También llegó a reconocer que, con el tiempo, identificó el nacimiento de su hija y su incapacidad para cuidarla como el momento en que comenzó su inspiración para componer canciones.Pero, cuando Little Green se publicó en Blue, nadie más que ella sabía esto. En un LP que era intensamente confesional, todo el mundo la vio como la pieza suelta, dio por sentado que se trataba de una historia ficticia puesta en boca de un personaje de su invención. No fue hasta 1993 cuando se descubrió que, en realidad, esta era la más personal e intimista de las diez que conformaban el disco. Y fue de una forma bastante tosca, cuando uno de los compañeros de piso de la cantante le vendió la historia a un tabloide. Al final, madre e hija se volvieron a ver en 1997.La dama hippy de Laurel CanyonEntre el momento en que Joni Mitchell escribió esa canción hasta que apareció en Blue ocurrieron muchas cosas importantes en su vida. Primero, conoció al cantante folk estadounidense Charles Scott “Chuck” Mitchell, con quien contrajo matrimonio y de quien adoptó su apellido para siempre. Con él se mudó a Nueva York, comenzó a frecuentar la escena del Greenwich Village -la misma en la que comenzó Bob Dylan-, pero el matrimonio apenas duró año y medio. David Crosby, quien entonces acababa de salir de The Byrds, la vio cantar, se prendó de ella y le hizo de padrino y productor de su primer álbum, Song To A Seagull, en 1968. A través de él, la cantante conoció a sus compañeros de banda en Crosby, Steels & Nash (con Neil Young ya había coincidido antes en Canadá) e inició un tórrido romance con Graham Nash, con quien compartió casa en el suburbio californiano de Laurel Canyon, que albergaba una de las escenas musicales más boyantes del momento. Precisamente Ladies Of The Canyon (1970) fue el álbum con el que la artista saltó a la fama. Se le quiso convertir en paradigma de la chica hippy, hasta el punto de que el disco incluía la canción Woodstock, que también versionaron CSN&Y el mismo año. Pero la gema oculta que aparecía en aquel álbum, y que anticiparía lo que vendría después en Blue, sería Rainy Night House, una canción de despedida a su breve romance con Leonard Cohen, anterior a su relación con Nash.Joni, que adolecía de cierto pánico escénico, no se sentía cómoda con el papel que se le estaba asignando. “Si queréis adorarme, tendréis que saber quién soy yo realmente”, pensó. Decidió retirarse de los escenarios para dedicarse a escribir y pintar (su primera pasión, según ella siempre ha reconocido) y emprendió un viaje iniciático y decisivo a Europa. Las palabras con las que empieza el álbum Blue (en la canción All I Want) eran: “Estoy en un camino solitario y estoy viajando/ Viajando, viajando, viajando/ Buscando algo, ¿qué será?/ Oh, a veces te odio, a veces te odio, a veces te amo/ te amo cuando me olvido de mí”. “En ese álbum no hay ni una sola palabra deshonesta. En ese período de mi vida, no tenía defensas personales. Me sentía como el envoltorio de celofán de un paquete de cigarrillos. Sentía que no tenía absolutamente ningún secreto para el mundo y no podía fingir ser fuerte. Ni ser feliz. Pero la ventaja de la música era que tampoco había defensas allí”, declaró a Cameron Crowe en 1979 en la histórica entrevista que este le hizo para la portada de Rolling Stone.Solos en una isla griegaSu primer destino europeo fue la isla griega de Creta, a la que acudió con una amiga que se llamaba, casualmente, Penelope, como la mujer de Ulises en La Odisea. Su intención era pasar unos días con Cohen, con quien ambas mantenían amistad, y que entonces vivía en la vecina Hidra. Sin embargo, fue otro norteamericano quien se cruzó en su camino, Cary Raditz, que trabajaba de cocinero en el Mermaid Café, un local que ellas frecuentaban. Un loco de pelo rojo con quien Mitchell vivió una breve aventura y a quien compuso como regalo de cumpleaños la hermosísima canción Carey. Un regalo envenenado, pues la letra, en realidad, era un mensaje de despedida: “Oh, eres un viejo gruñón/ Pero me gustas/ Me gustas, me gustas, me gustas/ Quizás vaya a Ámsterdam/ O quizás vaya a Roma/ Y alquile un piano de cola/ Y ponga flores en mi habitación/ Pero no hablemos de despedidas ahora/ La noche es una bóveda estrellada/ Y están tocando ese rock and roll estridente/ Bajo la luna de Matala”.A donde se fue finalmente fue a París, y después se desplazó a otra isla mediterránea, concretamente a Formentera. Allí es donde ella decidió enviar un telegrama a Nash poniendo fin a su relación con esta frase: “Si aprietas demasiado la arena con la mano, se te escapará entre los dedos”. El músico había propuesto matrimonio a Mitchell en varias ocasiones, y ella comenzó a obsesionarse con la idea de sentirse atada. Tenía como referencia a su abuela, una mujer muy creativa que no pudo dedicarse al arte cuando se casó y fue relegada al ámbito doméstico y la crianza. Ella sentía que la sociedad no había avanzado tanto en realidad. Los versos “Coronadme y ancladme / O dejadme zarpar” -de la canción Blue-, eran “una metáfora de la situación real de las mujeres en aquel momento”, le dijo a la periodista Michelle Mercer en el libro de 2009 Will You Take Me As I Am.“Soy egoísta y estoy triste”Parte de ese sentimiento lo expresaba en la canción My Old Man, pero el contrapunto lo mostró en la desgarradora River, “una canción navideña para quienes se sienten solos en navidad”, según definió ella misma, y donde hacía convivir unas notas de piano que replicaban con lentitud y tristeza el villancico Jingle Bells con las palabras que marcan el cénit emocional del disco: “Soy tan difícil de soportar…/ Soy egoísta y estoy triste/ Ahora he perdido al mejor novio/ Que jamás tuve”. “En esas líneas me sacrifiqué a mí misma y a mi propia integridad emocional. Todos sufrimos por nuestra soledad, pero en la época de Blue, nuestras estrellas del pop todavía no admitían estas cosas”, le declaró posteriormente a Cameron Crowe. La frase atribuida a Kris Kristofferson cuando escuchó el disco (“¡Por Dios, Joni, guárdate algo para ti misma!”) se puede interpretar como un halago a su valentía, pero ella lo leyó del modo contrario. “Recibí muchas críticas al principio, sobre todo por parte de los cantautores masculinos. La vulnerabilidad les asustaba. Fue algo así como cuando Dylan se pasó a la música eléctrica. Tenían miedo. ¿Es esto contagioso? ¿Tenemos que ser todos tan sinceros ahora? Eso es lo que me decían los chicos”. Ella había cruzado un Rubicón lírico y ya no valía esconderse. Graham Nash no lo hizo, y ese mismo año compuso Our House como una postal de recuerdo de la felicidad en su casa de Laurel Canyon.Hay otra persona implicada en la narrativa del disco: James Taylor, quien, para rizar el rizo, toca la guitarra en cuatro de sus temas. Poco antes de grabar Blue, los dos músicos se conocieron, compartieron escenario en varias ocasiones e incluso colaboraron en otro álbum histórico grabado justo al mismo tiempo en los estudios A&M de Hollywood: Tapestry, de su vecina de Laurel Canyon Carole King. Esto es increíble pero verídico: mientras se registraba este disco en la sala A, Blue se grababa en la C, y en la B estaban The Carpenters finalizando su álbum homónimo de debut. La diferencia es que Joni Mitchell cerró la puerta de su estudio a cal y canto. “Me sentía muy vulnerable. Me sentía expuesta y no podía estar rodeada de gente. Sentía que todos podían ver dentro de mí y darse cuenta de que estaba sufriendo. Ni siquiera recuerdo por qué sufría tanto. Gran parte del álbum fue escrito en ese estado de ánimo”, le confesó de nuevo a Cameron Crowe, esta vez en 2021 en una entrevista para Los Angeles Times.El caso es que Joni y James también vivieron un breve romance que duró desde el verano de 1970 hasta marzo de 1971, momento en que él decidió poner fin a la relación y en que ella quedó devastada. A Taylor dedicó All I Want, This Flight Tonight -donde mostraba su arrepentimiento por haber cogido un avión que le alejaba de él después de haberle visitado en el rodaje de una película- y Blue, una canción derrotada en la que convivían con la misma naturalidad dolorida los recuerdos de las risas, los miedos, y el consumo de alcohol y heroína. “Aquí está mi canción para ti” era la frase con que la concluía.El desencanto de una era y una afirmación de independenciaPodemos seguir los cotilleos entre músicos del momento diciendo que Taylor se casó poco después con la cantante Carly Simon y que Mitchell inició una relación con Jackson Browne, pero Blue tiene mucha más relevancia que la mera crónica rosa de aquellos años. No se ha comentado tanto su valor como disco que documenta el desencanto con lo que quedó de la contracultura hippy. The Last Time I Saw Richard mostraba la lucha entre el idealismo romántico, la derrota y el cinismo desesperado, mientras que, en California, cantaba “No darán una oportunidad a la paz/ Ese fue un sueño que algunos tuvimos”. Desde la autoexploración intimista, Blue impugnaba los ideales de su generación como la película La maman et la putain, de Jean Eustache, haría dos años después con la de mayo del 68. Tanto, que el monólogo final de Françoise Lebrun en aquel filme se puede leer en paralelo a las confesiones de Mitchell en las canciones de Blue.Y, por encima de eso, el álbum rompió con el estereotipo de la estrella de rock al presentarla como una persona multidimensional y en conflicto que hablaba a sus fans de tú a tú. Cualquiera podía identificarse con lo que ella cantaba. Además, lo hizo desde una independencia artística y personal absoluta. Blue es el disco de una mujer viajera que vive como ella decide vivir, aunque a veces se arrepienta de sus actos. Como escribió la periodista Jessica Hopper en Los Angeles Times, Mitchell era propietaria de coches y casas en un momento en que las mujeres todavía no podían poseer legalmente una tarjeta de crédito. Consiguió tener el control total de su trabajo, incluso cuando la mayoría de sus colegas masculinos no gozaba de él: lo compuso, lo produjo, se encargó del diseño artístico y de la selección de los músicos, poseía los derechos editoriales de sus canciones y se permitió salir de gira solo cuando ella quería. Joni Mitchell, a sus 27 años, era soberana. Ahora tiene 82 y, por supuesto, nunca ha dejado de serlo.