Venezuela es un país sísmico, aunque desde 1997 no se registraba un gran terremoto. El último de gran magnitud fue en Cariaco, que dejó 73 muertos.

Desesperados, venezolanos escarban entre los escombros de edificios que colapsaron para intentar rescatar a sus seres queridos, tras dos potentes terremotos que dejaron al menos 235 muertos y 4,300 heridos.

Edificios se derrumbaron como polvo y la gente corrió en pánico tras los sismos de magnitud 7.2 y 7.5 que golpearon el norte del país el miércoles, con menos de un minuto de diferencia.

La zona más castigada fue La Guaira, población costera vecina a Caracas y donde está el aeropuerto más importante del país, inhabilitado por el sismo.

“Fue terrible, fue terrible. Todo, todo se desplomó”, dijo a la AFP una sobreviviente de nombre Yilsmaris Blanco, frente a un edificio fracturado. “Es algo que no le deseo a nadie”.