Manuel Mateo P�rezActualizado Jueves,
junio
19:50El pintor jiennense Santiago Yd��ez, uno de los grandes nombres del arte espa�ol contempor�neo, expone este verano en Rep�blica Dominicana, al otro lado del Atl�ntico, en la galer�a Lyle Reitzel de Santo Domingo. La muestra lleva por t�tulo Guibia, que es una playa de aquel lugar capaz de inspirar la f�rtil imaginaci�n de un artista que ha hecho del sarcasmo, del humor, de los torcidos renglones de los sentimientos una gram�tica de dibujo y pintura. Guibia, como reconoce el arista, es una exposici�n sosegada, inspirada en im�genes buc�licas de los a�os treinta y cuarenta en aquel pa�s, en torno a playas, arquitectura art dec� y un po�tico toque surrealista a lo Giorgio de Chirico, bajo una cierta flotaci�n extra�a, atemporal.�Lo que me atrae es el paso del tiempo, los destrozos que produce, el rostro ajado de quien un d�a fue joven, la herrumbre en aquellos lugares que un d�a disfrutaron de una bella juventud. Esa vanitas, esas escenas que en el pasado significaron una cosa y hoy nos resultan irreconocibles, cada d�a despiertan m�s mi inter�s�, asegura el artista.Santiago Yd��ez divide su vida entre la localidad jiennense de Puente de G�nave, donde naci�, donde posee su estudio y donde estos a�os cuida de su padre anciano, y Granada, la ciudad donde resiste una porci�n (gruesa) de la mejor tarta del arte espa�ol contempor�neo. Hace tiempo dej� Berl�n, donde vivi� varios a�os y donde destil� su pintura, su mirada, la narrativa que hace que uno enfrente su mirada a uno de sus cuadros y sepa qui�n los firma sin necesidad de acercarse a la cartela.Yd��ez iba para paleont�logo y acab� estudiando Bellas Artes. Cuando est� en Puente de G�nave explica mirando hacia los montes que rodean su estudio los diferentes modos en que la geolog�a ha modelado Sierra Morena y la Sierra de Segura, los suelos metam�rficos de la primera frente a las rocas calizas de la segunda, la edad de una y otra, la est�tica y hasta la literatura que las acerca y, a la vez, las separa.Uno se enfrenta a una obra de Santiago Yd��ez y tropieza con una dualidad extra�a: humor inocente y naif y, a la vez, una doblez c�ustica, afilada, un escal�n que resulta amenazante, peligroso, incluso repulsivo. �Mi obra es autobiogr�fica. Y en mi obra est� el modo en que un entorno rural como el m�o se enfrenta a la vida y la muerte. Recuerdo c�mo mi madre cog�a un plato y le romp�a el cuello a una gallina. Dicho as� es una escena truculenta. Pero aqu�, en mi pueblo, esa escena, como desollar un conejo o celebrar una matanza, son escenas cotidianas y sin importancia alguna�, reconoce.De monaguillo su primer servicio fue acompa�ar al cura a una extremaunci�n a una anciana que viv�a en un cortijo alejado y solitario: �Lo recuerdo todo: aquella mujer era un saco de huesos, vestida con una saya blanca, con �rbitas en lugar de ojos, bajo una luz de tarde mortecina. Yo portaba los santos �leos, rezamos y muri� al poco. Aquello era un cuadro de Goya que siempre recuerdo y que he pasado mi vida tratando de llevar a los m�os�.Paisajes hechos de soledad y silencio, retratos de personajes famosos bajo el filtro de una doblez cuyo significado �ltimo no logramos encontrarlo y, en estos �ltimos a�os, una revisi�n de la historia del arte, de sus grandes piezas bajo su heterodoxa mirada. En la galer�a Veta, en Carabanchel, ha expuesto hasta hace poco una interpretaci�n del Guernica de Picasso que ha concitado el aplauso un�nime de cr�tica y coleccionistas. Estos d�as Santiago Yd��ez est� encerrado en su estudio ilustrando un libro que se presentar� a finales de a�o y alguna tarde se acerca hasta all� alg�n vecino del pueblo al que viste de �poca, le hace adoptar alguna pose y lo retrata como los grandes maestros hicieron en sus grandes cuadros.






