Dos potentes terremotos separados por menos de 40 segundos han sacudido Venezuela, causando una gran destrucción y matando a más de 160 personas este miércoles. El Servicio Geológico de Estados Unidos calcula que el número final de víctimas puede contarse por decenas de miles. Este organismo estima que, casi con seguridad, habrá réplicas que pueden superar la magnitud 6 con casi un 30% de probabilidad. El sistema automático de estimación de riesgos del servicio geológico alerta de posibles desprendimientos y licuefacción, un fenómeno que puede provocar que los edificios se hundan en el terreno, como ha sucedido en terremotos en Japón. Este mismo servicio calcula entre 10.000 y 100.000 muertos con un 42% de probabilidad, y unas pérdidas económicas de entre 10.000 y 100.000 millones de dólares.Venezuela es una zona de alto riesgo sísmico. Está situada cerca del punto de contacto entre la placa tectónica del Caribe y la de Sudamérica, que se desplazan en sentidos casi opuestos acumulando tensión sísmica. Los dos terremotos han sucedido en la falla de Boconó, una de las más activas y peligrosas del país. En la actualidad, aproximadamente un 80% de la población vive en zonas de alta amenaza sísmica, variable que aumenta el nivel de riesgo, haciéndolo cada vez mayor a medida que se eleva el índice demográfico y las inversiones en infraestructura, según la Fundación Venezolana de Investigaciones sismológicas.El primer sismo precursor tuvo una magnitud de 7,2 y sucedió a una profundidad de 20 kilómetros. Tan solo 39 segundos después hubo un segundo terremoto principal de 7,5 y a una profundidad de 10 kilómetros. Ambos temblores han sucedido al sureste de Yumare, al noroeste de Venezuela. El norte de Venezuela tiene un historial de terremotos grandes y destructivos. Sin embargo, en el área inmediata de 250 kilómetros a la redonda del doblete de terremotos registrado este miércoles a las seis de la tarde hora local, medianoche en la España peninsular, solo se habían registrado siete terremotos de magnitud 6 o superior en el último siglo. La región experimentó recientemente otro doblete en septiembre de 2025, que consistió en un terremoto de magnitud 6,2 y otro de 6,3 al oeste-suroeste de los temblores más recientes. Esta secuencia de 2025 causó al menos una víctima mortal, más de 110 heridos y extensos daños estructurales en Zulia y Lara. En septiembre de 2009, un terremoto de magnitud 6,4 al este-noreste hirió a 18 personas y dañó edificios cerca de Morón, y un evento de magnitud 6 en 1989 causó daños leves en el área de Valencia. Más al oeste, un terremoto de magnitud 6,1 sacudió la región en abril de 1975. El terremoto moderno más devastador en los alrededores fue el terremoto de Caracas de julio de 1967 (magnitud 6,6), con epicentro aproximadamente a 131 km al este, el cual causó alrededor de 240 víctimas mortales, centenares de heridos, el colapso de múltiples edificios residenciales de gran altura y una destrucción generalizada. En un contexto más amplio de Venezuela, ha habido cinco terremotos de magnitud 7 o superior en el norte del país o cerca de la costa desde 1900. En 1812, durante la lucha por la independencia de Venezuela contra España, otro devastador terremoto originado en la falla de Boconó impactó el país, causando unos 30.000 muertos, según el servicio geológico de Estados Unidos.“No solamente la energía ha sido alta, sino que también han sido muy superficiales, sobre todo el segundo, lo que es demoledor”, explica Miguel Ángel Rodríguez Pascua, director del departamento de riesgos geológicos del Instituto Geológico y Minero (IGME-CSIC). “La situación tectónica de Venezuela está dominada por el límite entre la placa del Caribe y la placa sudamericana, un contacto activo que genera una franja sísmica de unos 100 kilómetros de ancho donde se concentran la mayoría de los terremotos del país”, añade.El geólogo del IGME Raúl Pérez apunta: “Este tipo de terremotos no son habituales en esta configuración, y lo que es peor, son tremendamente dañinos”. Los dos sismos han ido tan pegados que la gente los ha sentido como un largo terremoto. “Normalmente, cuando sucede un sismo y sucede un segundo, los epicentros suelen estar separados por cientos de kilómetros, con lo que el daño queda distribuido. En este caso, la zona de máxima intensidad coincide. Y encima suceden justo en la confluencia de dos fallas, la de San Sebastián y la de Boconó, que tienen una alta velocidad tectónica y una enorme capacidad de almacenar energía. Pensemos que esa confluencia llevaba desde 1900 sin estar activa, con lo cual llevaba 100 años acumulando energía tectónica que se ha liberado en estos dos terremotos que han sucedido, digamos, uno encima de otro”, detalla.La falla de Boconó discurre a lo largo de 500 kilómetros a través de la cordillera de Los Andes. A ella se suman frecuentes fallas que convergen o divergen con el eje principal. Se extiende en el occidente venezolano en dirección suroeste entre la población de San Cristóbal, cerca de la frontera con Colombia, y Morón, en la costa caribeña de Golfo Triste.Pablo Silva, catedrático de Riesgos Geológicos de la Universidad de Salamanca, explica que la falla de Boconó pasa por en medio de Caracas, una ciudad con una población de unos tres millones de habitantes, y donde hay muchos edificios de gran altura. “Las estimaciones de bajas automáticas se hacen en función de la población y usando como base el tipo de edificios de la capital, pero estos son en realidad muy diferentes en las zonas rurales donde también ha impactado el sismo, lo que puede hacer aumentar de forma importante el número final de bajas”, explica. El sismólogo explica que aunque un doblete como el de este miércoles era “esperable”, “nunca se está preparado para algo así”. Sobre la posibilidad de prevenir los impactos de los temblores de tierra, señala que solo hay un método seguro: establecer una norma de construcción sismorresistente y que se cumpla. El terremoto de Haití en 2010, que tuvo una magnitud de 7,2, dejó unos 300.000 muertos por el pésimo estado de los edificios, explica. En cambio, un terremoto similar unos años después en San Francisco, donde sí se construye a prueba de terremotos, apenas causó víctimas, añade.