Este miércoles 24 de junio, Colombia volvió a respirar. En la mañana, el candidato del oficialismo a la presidencia, Iván Cepeda, aceptó la victoria de su rival en el balotaje del pasado domingo. “Abelardo de la Espriella es el nuevo presidente”, afirmó, sin matices, en una rueda de prensa convocada para el efecto. Pocas horas más tarde, el Consejo Nacional Electoral (CNE) anunciaba la terminación del escrutinio, el proceso que tanto Cepeda como el saliente presidente Gustavo Petro habían dicho que esperarían para aceptar el resultado. Como era de esperarse, el CNE marcó diferencias mínimas frente a los datos revelados por la Registraduría el domingo, que, si bien solo tenían valor informativo, determinaron el panorama político del país, como lo han hecho elección tras elección. Con esas dos noticias y la entrega oficial de la credencial como presidente electo a De La Espriella, citada para este jueves a las 9 de la mañana, el país toma un respiro después de semanas de una campaña dura y polarizada —justo cuando la selección masculina de fútbol, uno de los pocos elementos de unidad entre los colombianos, clasificó a la segunda ronda del Mundial de Norteamérica, otro motivo de distensión para buena parte de los 52 millones de habitantes.El anuncio de Iván Cepeda tuvo una dosis de sorpresa y una aún mayor de serenidad. La sorpresa es que haya hecho la declaración antes de que se conociera la decisión del CNE, el hito que había anunciado que sería fundamental para él. Justamente, allí viene la serenidad, pues el momento demuestra que no llevó sus dudas sobre la votación hasta el extremo y decidió dejar en un segundo nivel sus cuestionamientos. De hecho, poco después su partido, el oficialista Pacto Histórico, anunció que renunciaba a las reclamaciones pendientes. La suerte estaba echada. “Ejerceremos una oposición democrática, vigilante y constructiva”, decía el senador.Eso no quiere decir que Cepeda haya bajado los brazos. En el discurso que dio desde la sede de su partido, en el centro de Bogotá, volvió a señalar la existencia de una “masiva operación de compra de votos” de su rival. También trazó una serie de líneas rojas que funcionarán como un primer esbozo de su oposición: no a la injerencia de Estados Unidos —encabezada por el gobierno de Donald Trump, que respaldó a De la Espriella—; no a las políticas o comentarios homófobos o misóginos, como los que marcaron la campaña del candidato ganador; y no al deterioro de los derechos sociales, que estuvieron en el corazón del programa de gobierno de Cepeda y de los esfuerzos del primer presidente de izquierda en la Colombia moderna. “Ninguna política de recorte fiscal puede incluir la destrucción de las conquistas alcanzadas por el pueblo colombiano”, señaló.En general, el discurso de Cepeda se mantuvo lejos de los momentos más álgidos de sus intervenciones en campaña, como cuando llamó “fascista” a la fuerza tradicional de la derecha, el uribismo, o cuando, entre primera y segunda vuelta, anunció en dos momentos distintos denuncias penales contra De la Espriella. “Somos la fuerza serena del cambio social”, martilló, una señal de la postura tranquila pero firme que busca imprimir al debate político que viene.De la misma manera en que Cepeda moderó el tono, De la Espriella mostró este miércoles una faceta que marcó el contenido de su discurso de victoria del pasado domingo, cuando no llamó “bandido” ni “narcotraficante” a Cepeda ni a Petro, y en su lugar señaló que gobernaría para todos los colombianos. En un breve boletín de prensa, respondió al anuncio de Cepeda pocas horas después de que este lo emitiera. “Es positivo que el excandidato Iván Cepeda reconozca la derrota de su proyecto político y la decisión soberana adoptada por los colombianos”, se lee en un comunicado de prensa de la oficina de comunicaciones del presidente electo, quien aprovechó para repetir su mensaje a los ciudadanos: “El compromiso del gobierno entrante, tal como lo expresó el presidente electo en su discurso de victoria, será garantizar plenamente el derecho a la oposición política y a la manifestación pacífica, dentro del marco de la Constitución, la ley y el respeto por las instituciones democráticas”.Esos mensajes de dos contendores que nunca estuvieron juntos en ningún espacio a lo largo de meses de campaña; que no acordaron ningún debate que permitiera cotejar sus propuestas, personalidades o visiones; y que llegaron a criminalizar al otro, han sido un bálsamo para un país que, según muchos analistas, terminó dividido y fragmentado tras esta campaña.Ese respiro da las primeras luces sobre las dos grandes preguntas que enfrentaba Colombia en estas elecciones. La primera es la vigencia de su tendencia reformista, una que se contrapone a una más conservadora desde hace décadas. Cepeda se ha referido a ello al postular una oposición sólida que busca mantener los avances sociales. Para ello, una de las primeras indicaciones sigue en juego, pues está por verse cómo se distribuyen las fuerzas en el Legislativo. El partido del derrotado tiene la bancada más grande tanto en Cámara como en Senado, aunque lejos de las mayorías: 26 de las 102 curules del Senado, si Cepeda asume el escaño al que tiene derecho por ley; 42 de las 182 de la Cámara de Representantes, si su fórmula vicepresidencial y saliente senadora indígena, Aida Quilcué, asume la propia. En contraste, De la Espriella tan solo cuenta con su pequeño partido, Salvación Nacional, que tiene cuatro senadores y un representante. A ellos se suman, desde este martes, todos los 17 senadores y 30 representantes del uribista Centro Democrático. Las demás bancadas del fragmentado Congreso no han definido su tendencia, aunque suelen plegarse, al menos al inicio de cada mandato, a los intereses del Gobierno, como forma de obtener cuotas burocráticas y otros apoyos del poderoso Ejecutivo.La segunda pregunta parece tener ya una respuesta, al menos parcial. La fortaleza institucional de un país que ha evitado hiperinflaciones, golpes de Estado, moratorias de deuda o suspensiones o modificaciones de elecciones durante más de 70 años parece refrendada. Aunque el presidente Gustavo Petro sigue cuestionando los escrutinios en su cuenta de X (“No hubo escrutinio cuando no se tramitaron el 90% de las reclamaciones del Pacto”, escribió en la tarde de este miércoles), también ha hablado ya de preparar el empalme para entregar el poder a De la Espriella. El CNE ha hecho su labor respaldado por los presidentes de las altas cortes y por los organismos de control, y ha sido reconocido por todos los partidos políticos. El grueso de los medios, las organizaciones sindicales y empresariales han aceptado, con alegría o resignación, los resultados.Colombia respira e inicia una nueva etapa, con el interrogante inmediato de cómo conformará Abelardo de la Espriella su equipo de gobierno y cómo cumplirá las prioridades que se ha trazado para los cuatro años de mandato y para los primeros cien días.