Para Donald Trump no hay mayor estrella que Donald Trump. Así que, cuando músico tras músico se dio de baja, por politizado, del festival que inaugura este miércoles en Washington los festejos del 250 aniversario de la independencia de Estados Unidos, el presidente estadounidense decidió sustituir el concierto previsto originalmente por el mejor plan posible, en su opinión: un mítin encabezado por él en el Mall -el corazón monumental de la capital estadounidense, decorado estos días con banderolas en rojo, azul y blanco-, con el que ha dado el pistoletazo de salida a 16 días de celebración que culminarán el 4 de julio, la fiesta nacional. El de esta noche fue un mitin al más puro estilo Trump. Un acto con el que quiso pasar página ante sus seguidores tras los reveses de los últimos tiempos -un acuerdo tambaleante y muy criticado incluso entre los republicanos para poner fin a la guerra en Irán, una inflación en sus niveles más altos en tres años, unas encuestas que dejan su popularidad en torno al 34%- y vindicar su gestión. No es el único acto de protagonismo del republicano en estas conmemoraciones: su rostro está plasmado, con el argumento del aniversario de la independencia, en todo tipo de objetos, desde monedas y pasaportes conmemorativos a pases anuales de los parques nacionales. El mandatario compareció a las 20.52 horas locales (04.52 hora peninsular española) en un escenario decorado con los colores de la bandera estadounidense y el lema “Libertad 250″(el de la entidad organizadora), en un podio tras un cristal antibalas y escoltado por la banda del cuerpo de Marines, precedido por una serie de sobrevuelos de algunos de los aviones más modernos de la flota estadounidense: cuatro F-35 y un bombardero sigiloso B-2, la joya de la Fuerza Aérea estadounidense. A lo largo de 28 minutos, y ante un público de unos miles de personas, repitió los eslóganes, y los temas, que suele repetir en todas y cada una de sus comparecencias ante sus simpatizantes, o en sus actos en el Despacho Oval. No le hacía falta ser especialmente original. Esos lemas eran lo que su público había venido a escuchar. Desde el gran salón de baile que está haciendo construir en la Casa Blanca a su fijación más reciente, el estanque de reflejos frente al monumento a Lincoln -en uno de los extremos del Mall desde el que hablaba- que ha hecho reformar por más de catorce millones de dólares, mucho más de lo anticipado, para ver cómo apenas unos días después se llenaba de algas.“Cuando estamos a punto de cumplir nuestros 250 años de independencia, me encanta proclamar que Estados Unidos ha vuelto”, se ufanaba. Y se comparaba con los padres de la patria que entonces firmaron la declaración de la independencia en Filadelfia. “Como los patriotas de 1776, a lo largo de los últimos 17 meses, hemos recuperado el poder arrebatándoselo a la clase política distante”, alardeaba, en referencia a su triunfo electoral sobre los demócratas de Joe Biden y Kamala Harris en noviembre de 2024. “Estábamos muertos, pero ahora somos el país más cotizado del mundo, el más respetado”, proclamaba el republicano. Entre sus logros enumeraba la captura de Nicolás Maduro en Venezuela, el fin de las políticas de diversidad e igualdad en el gobierno federal, la denominación del golfo de México como “golfo de Estados Unidos”. O, por supuesto, que Irán “nunca tendrá un arma nuclear” y que -asegura- va a haber “paz en Oriente Próximo por primera vez en 3.000 años”.Un público entregadoSu público, muchos de ellos con las gorras rojas del movimiento trumpista, vestidos con los colores de la bandera estadounidense y agitando banderas en miniatura, le jaleó con aplausos y vítores. Sin importar de lo que hablara, pasando de la guerra contra Irán a quejas contra la oposición demócrata y después a promesas de que la economía -que debido a la guerra ha visto dispararse los precios y la inflación colocarse en el 4,2%, el nivel más alto en tres meses, “va a vivir un bum como ningún otro país ha visto jamás”. Quizá la frase que generó mayor entusiasmo entre los asistentes.Los participantes habían esperado durante dos horas para ver a su presidente, asistiendo a un programa que tuvo como estrellas a dos de los músicos favoritos de Trump: el tenor Chris Macchio y el cantante country Lee Greenwood y a la banda de música del Cuerpo de Marines. En un festejo dedicado a conmemorar la esencia de lo estadounidense, pocos captaron la ironía de que interpretaran, entre otras tonadas, el “Aleluya” del canadiense Leonard Cohen, el “Gloria” que compuso el italiano Umberto Tozzi o el “Nessun Dorma” de Puccini. Lo que tenía de entusiasta el público, lo tenía de poco numeroso: unos miles de personas, con abundantes claros en los lados del espacio habilitado dentro de un parque que se extiende a lo largo de dos millas (tres kilómetros) y que vio reunirse a dos millones de personas en la investidura de Barack Obama en 2009. Washington, como la capital le deja claro una y otra vez, no es territorio Trump: en las elecciones de 2024, un 90% de sus votantes marcó en la papeleta el nombre de Kamala Harris, la candidata demócrata. La entonces presidenta llegó a reunir a cerca de 75.000 personas, según los organizadores, en un mítin del otro lado del Mall, en la Elipse de la Casa Blanca, una semana antes de aquellos comicios. Algunos de los asistentes reconocían estar allí casi por casualidad: “vinimos de vacaciones cuatro días y vinimos a parar aquí. Ha coincidido. Llegamos y nos enteramos de esto. Quiero ver presidente. Solo quiero verlo, poder verlo en persona”, apuntaba Steve Ramsey, un turista de Illinois.Meses de tensionesLos actos del aniversario del nacimiento de Estados Unidos han estado marcados por meses de escándalos y tensiones. Dos entidades diferentes se han encargado de organizar la conmemoración: la Comisión América 250, creada por el Congreso estadounidense, y la “Freedom 250″, vinculada a la Administración de Trump. El concierto que debía haber ocurrido este miércoles se acabó cancelando debido al goteo de anuncios de retirada de su participación de muchos de los músicos programados, como Young MC y Martina McBride, por temor a la politización de los actos. Y la renovación del estanque de los reflejos, a unos centenares de metros del escenario desde el que ha hablado el presidente, ha dominado los titulares en las últimas semanas. El mitin de este miércoles también contaba con su propia polémica. La interpretación del himno nacional había corrido a cargo de la cantante Alexis Wilkins, novia del director del FBI, Kash Patel, entre acusaciones de favoritismo. Quien se hubiera quedado con ganas de más tras el mitin de esta noche tenía una consolación. El 4 de julio, Trump también cerrará los festejos conmemorativos con otro mitin, a pocos metros del de este miércoles. El próximo, en la Explanada Nacional, con el atractivo añadido de un gigantesco espectáculo de fuegos artificiales.