Si algo le sobra a la guerra de Ucrania son imágenes para recordar. Pero la de una 'tapa' de un tanque de combustible de más de 15 toneladas de peso saltando por los aires en pleno corazón de Moscú es, sin duda, un nuevo hito histórico: 18 de junio, el día en el que ni la ciudad más protegida de Rusia logró hacer frente a un enjambre de drones ucranianos. En la semana que ha seguido a ese 18 de junio, Rusia ha trasladado sistemas de defensa antiaérea hasta entonces desplegados en el frente para, en su lugar, proteger Moscú, y se han visto varios helicópteros levantando plataformas de nuevas defensas para colocarlas en el techo de los rascacielos residenciales de la capital. Se ha desplegado también a soldados armados con un MANPADS al hombro en medio de autopistas llenas de tráfico de Moscú. La refinería que perdió su tapa permanecerá cerrada hasta 2027. Este lunes, nuevos ataques forzaron el cierre de los aeropuertos de la ciudad y la cancelación de centenares de vuelos. Los drones ucranianos rompieron un mito, el de una Moscú inexpugnable ajena a las vicisitudes del conflicto gracias a sus más de un centenar de Pantsir o S-300 que la protegen. Pero la respuesta al cómo Kiev ha logrado la hazaña va mucho más allá de "lanzando muchos drones" (que podría ser cierto para cuando Hamás lograba colar algún cohete en la Cúpula de Hierro israelí) y desnuda en cambio varios agujeros clave en la estructura militar rusa que defiende la capital. "Considerar únicamente el 'volumen de drones' ofrece una visión superficial. La vulnerabilidad sistémica fundamental de la defensa aérea rusa reside hoy en día en su fragmentada arquitectura de mando y control y en la degradación de su integridad estructural", explica Anatolii Khrapchynskyi, experto ucraniano en aviación y exoficial de la Fuerza Aérea. Es decir: en falta de coordinación en las órdenes y la incapacidad de establecer un sistema global automático de toma de decisiones para hacer frente a cada tipo concreto de amenazas. No valen 300 misiles para 300 drones. Kiev tardó años en perfeccionar algo parecido; Rusia no tiene ese margen. Ucrania sí lanza muchos drones. En el ataque participaron no solo drones tradicionales de largo alcance (FP-1 y Liutyi), sino también otros sistemas (UAV Sichen) que los ucranianos copiaron del Geran ruso (a su vez una copia mejorada de los Shahed iraníes). Eso, en un contexto en el que la afamada defensa antiaérea rusa se pensó para la amenaza de los misiles occidentales y no los drones, es ya receta para que alguno logre colarse. El portavoz de la presidencia rusa, Dimitri Peskov, intentó defender el sistema en esa línea, afirmando que tuvieron que derribar "hasta un millar de drones". No hay pruebas de semejantes cifras (el ataque más masivo ruso con drones contra Ucrania, por ejemplo, ha sido de alrededor de 850) y las imágenes del incidente del 18 de junio, y de otros posteriores, cuentan otro cuento: fue un misil de la defensa antiaérea rusa el que impactó, por error, en la refinería y generó la explosión tan potente que levantó la tapa y la dejó fuera de servicio durante los próximos seis meses. Se ven otros misiles tierra-aire rusos buscando el dron ucraniano para derribarlo, y fallando. El medio ruso Meduza hace un duro análisis: "No existe ni un solo vídeo que muestre un dron derribado definitivamente que no sea un misil interceptor". Un sistema en capas... muy finas Históricamente, gracias a lo heredado de la Guerra Fría, Rusia ha contado con una amplia estructura de defensa antiaérea que superponía sistemas de largo, medio y corto alcance, un número indeterminado (muy alto) de misiles en reserva para sus sistemas Pantsir y S-300, además de una buena industria para producirlos. Sin embargo, la guerra ya dura más de cuatro años y algunos analistas empiezan a señalar alguna escasez: "Hay imágenes de satélite que muestran que faltan algunos S-300 en los almacenes rusos, y hemos visto Pantsir ahora desplegados en Moscú equipados con jaulas metálicas antidrones y marcas de metralla, señal de que vienen del combate en el frente", apunta Oliver Imhof, analista alemán especializado en datos de inteligencia militar abierta (OSINT). A diferencia de Ucrania, que depende de Estados Unidos y Europa para reabastecer sus misiles de defensa antiaérea (Patriots y OTROS), Rusia tiene la capacidad industrial para reponerlos... si no fuera porque Kiev está "también atacando sus fábricas". El problema de una defensa antiaérea en capas es que, cuando falla un elemento, puede caer toda la capa. En el último año, Ucrania ha tenido como objetivo elementos concretos de esa estructura (más de 1.400 componentes destruidos desde 2022, especialmente, los radares que detectan los drones), obligando a "abandonar la defensa escalonada y adoptar en su lugar una defensa sectorial o puntual aislada, concentrando los sistemas alrededor de objetivos de alto valor, y dejando cientos de kilómetros de corredores ciegos", completa Khrapchynskyi. TE PUEDE INTERESAR "No existe un sistema de detección de UAV que cubra todas las regiones fronterizas, y mucho menos el territorio interior del país. Rusia tampoco cuenta con un sistema para compartir automáticamente información entre diferentes sensores y armas de interceptación de UAV", resume Meduza en su análisis, y lo comparan con el sistema ucraniano. Con cuatro años de guerra a sus espaldas y ataques prácticamente diarios contra sus ciudades, Kiev sí ha desarrollado un complejo sistema de detección por capas que consta de recursos de inteligencia que alertan sobre los lanzamientos, una red de radares capaz de rastrear objetivos de vuelo bajo y movimiento lento y una red de sensores acústicos que detectan drones por el sonido de sus motores. TE PUEDE INTERESAR Incluso cuando el sistema detecta al dron (un proceso más complejo que la detección de misiles, ya que los drones ucranianos vuelan bajos) la defensa antiaérea rusa sufre de una "parálisis" que roba unos segundos claves a la hora de derribar la amenaza. Por un lado, la división entre servicios (VKS, la defensa estratégica de ciudades vs. las fuerzas terrestres, la defensa táctica en el campo de batalla) hace que "integrarlas para proteger la retaguardia sea una pesadilla técnica", describe el experto ucraniano. Sus sistemas de control automático (ACS) a menudo fallan en la comunicación fluida o el intercambio de datos de seguimiento en tiempo real. Por otro, la superposición de guerra electrónica contra los drones ucranianos y fuego amigo. El despliegue masivo y descoordinado de los sistemas de guerra electrónica a menudo ciega sus propios radares antiaéreos e interrumpe la identificación amigo-enemigo. No se ha visto tanto sobre Moscú, pero se han detectado ejemplos en Crimea y otras regiones fronterizas, cuando la defensa antiaérea rusa derriba sus propios elementos tácticos. Y finalmente, lo que Khrapchynskyi describe como "parálisis de exceso de responsabilidad" o "síndrome de Mathias Rust". "Al igual que en 1987, cuando el piloto alemán Mathias Rust eludió la defensa antiaérea soviética para aterrizar en la Plaza Roja porque los generales temían asumir la responsabilidad de disparar sin órdenes de la cúpula, el ejército ruso actual sufre de una jerarquía rígida y paranoica. Los oficiales en tierra retrasan decisiones cruciales de interceptación porque les aterra cometer un error sin la aprobación directa de Moscú", describe. Por el contrario, Ucrania, con una defensa antiaérea sobre sus ciudades muy agujereada por la falta de misiles, sí que ha establecido al menos un sistema que gestiona qué defensa antiaérea (desde los Patriot a los mucho más baratos interceptores) se encarga de qué amenaza, repartiendo juego y evitando choques o bloqueos. El sistema de defensa de Ucrania hoy día incluye tanto aviación —diversos tipos de aeronaves y helicópteros que pueden reposicionarse rápidamente a lo largo de la trayectoria de vuelo de una formación de drones— como equipos móviles de ataque, equipados con drones interceptores. Estos equipos cubren tanto la aproximación de vuelo de los drones como la protección de instalaciones específicas. TE PUEDE INTERESAR El problema del personal va mucho más allá. La caterva de analistas, en busca de un culpable, apunta a una falla de reclutamiento: el hecho de que la defensa antiaérea rusa dependa directamente del Ministerio de Defensa hace que trabajar en ella no exima de la posibilidad de ser enviado más tarde al frente, en las peligrosísimas posiciones de infantería. El riesgo hace que las Mobile Task Forces (MOGs) acaben atrayendo "al tipo equivocado de reclutas". "Personas sin hogar, alcohólicos, desertores e idiotas", se quejan, en su habitual tono excesivo, blogueros como Military Chronicle o 'Cabezas muertas'. "Puedes rodearte de todo tipo de equipamiento —radares, ametralladoras, interceptores de última generación— y aun así no detectar una aeronave entrante por problemas que no tienen nada que ver con la tecnología, sino de personal y organización", lamenta en su Telegram Alexey Chadayev, desarrollador ruso de drones para el Ejército del Kremlin. "Cuando los equipos móviles de fuego tienen miedo de derribar drones (¿y si hay otro después? ¿y si cae en un sitio equivocado y les llaman por ello?); cuando 4 radares distintos, no conectados en un único sistema de vigilancia, muestran el mismo dron como 4 distintos; cuando simplemente no hay instrucciones; cuando equipos lanzan drones interceptores y otros equipos activan sin avisar a nadie la guerra electrónica, por lo que los primeros pierden inmediatamente la conexión... Esto es un problema que no tiene que ver con la tecnología". Este tipo de integración no se construye de la noche a la mañana. El Ejército ruso está desarrollando estrategias defensivas, pero la mayoría están en fase de pruebas, como variantes de torretas automáticas con cañones de tiro rápido o radares portátiles. "Se van a adaptar en algún sentido, evidentemente. Pero el ensamblaje de estas armas en un sistema integrado podría llevar muchos meses, un tiempo durante el que los ucranianos podrán aumentar aún más su producción de drones y capacidades de ataques masivos", concluye Imhof.
Moscú tiene grandes sistemas de defensa antiaérea y munición suficiente, ¿por qué no es capaz de proteger sus cielos?
"Considerar únicamente el 'volumen de drones' ofrece una visión superficial. La vulnerabilidad sistémica fundamental de la defensa aérea rusa reside en su fragmentada arquitectura de mando y en la degradación de su integridad estructural"











