Entrada a la guardería El Petit Vailet, de El Masnou (Barcelona).Albert GarciaA las tres de la tarde del 17 de abril de 2024, Raquel Algilaga fue a buscar a Leo, su bebé de cinco meses, a la guardería El Petit Vailet de El Masnou (Barcelona). Era el tercer día que lo llevaba, solo unas horas porque aún estaba en periodo de adaptación. Llamó al timbre. Recuerda que todo estaba en silencio porque era la hora de la siesta. De repente, escuchó los gritos de una cuidadora y, después, los de la directora del centro: “¡Un médico, un médico!" Raquel, de 39 años, es anestesista y especialista en reanimación. Pensó que un niño tenía problemas y ofreció su ayuda. Pero lo que la directora puso en sus brazos era otra cosa: el cadáver, “blanco y frío”, de su hijo Leo.“Me dedico a esto. No necesito ni cinco segundos para saber cuándo tengo un cadáver en las manos. Vi su cara y verbalicé: ‘Este es Leo, es mi hijo y está muerto”, cuenta Raquel, que desde ese instante fatal busca que la guardería asuma alguna responsabilidad por una muerte que ha destrozado a su familia y, además, la ha apartado de su trabajo, incapaz de regresar al Hospital de Mataró por el estrés postraumático que le causó aquel episodio. Con Leo muerto en sus brazos, Raquel se puso “el chip” de urgencias: dio instrucciones mientras intentaba reanimar a su hijo pese a ser consciente de que no había nada que hacer.Raquel, su pareja y la hija de ambos, de seis años, han vivido un calvario y han precisado terapia psicológica. No solo por el proceso de duelo ante el fallecimiento de un recién nacido, sino también por la dolorosa constatación de estar solos. “Nos hemos sentido olvidados, no nos han escuchado y al fiscal el caso no le ha causado ningún interés, es indignante. No queremos que sientan pena por nosotros, sino que se ponga nombre a lo que pasó, que se diga en voz alta que no hicieron bien su trabajo”, cuenta la médico tras una batalla judicial que ahora, dos años después, empieza a dar frutos.Un juzgado de Mataró (Barcelona) mantiene abierta una investigación para determinar si hubo negligencia en la muerte de Leo. Dos trabajadoras de la guardería —la cuidadora principal y una auxiliar— permanecen investigadas en la causa, a cuyo contenido ha accedido EL PAÍS. El caso se archivó inicialmente porque el informe preliminar de autopsia habló sin más de una “muerte súbita”. Asesorada por la penalista Judit Gené, Raquel aguardó con paciencia novedades. Hasta que, el pasado febrero, el informe definitivo vino a rubricar lo que había pensado desde el principio: que su hijo murió por una “insuficiencia respiratoria”.“¿Alguien estuvo con Leo?"Dos semanas antes de su muerte, Leo fue diagnosticado de bronquiolitis. Tras unas cuantas visitas, su pediatra dio el visto bueno para llevarlo a la guardería y recomendó supervisión y lavados nasales. El día de los hechos, Raquel recuerda que lo dejó “sonriente y feliz” y con “muy buen estado general” en brazos de una nueva cuidadora muy joven, J. “Mi hijo era un bebé sano. La pregunta es: ¿alguien estuvo con Leo cuando pasó? Cuando hay una asfixia, se produce una manifestación física, se emiten ruidos", dice la mujer, que combina la razón y la emoción en su doble papel de especialista en reanimación y madre.La cuidadora principal, C., dijo en un primer momento a los Mossos que tocó la espalda de Leo y respiraba. Pero después, en su declaración como investigada ante el juez, aseguró que no lo hizo: se había ido a comer a las 13.45 horas, por lo que los ocho bebés estaban a cargo de J., una joven de 18 años que llevaba apenas nueve días trabajando allí. Su contrato señala que solo podía estar hasta las 13.00 horas. La joven, que fue despedida ocho meses después por un supuesto “rendimiento insuficiente”, no ha declarado aún porque no tenía abogado asignado.A Raquel, que tiene ahora otro bebé (una niña de ocho meses), le escaman esas contradicciones y la “incompetencia” del centro, que no supo “cómo reaccionar” ni antes ni después. “Pregunté quién había sido la última persona que había visto a Leo. Y no me contestaban”. Le indigna además el “silencio” posterior de la guardería y el hecho de que se haya gestionado el asunto como un triste suceso que, de alguna forma, tenía que suceder. “Lo que no hay que hacer es dejar a los niños solos o sin atención. Mi hijo no se tenía que morir”. Consultada por este diario, la dirección de El Petit Vailet ha rechazado hacer declaraciones “por respeto absoluto al procedimiento judicial en curso y a la intimidad y el dolor de la familia” y ha expresado su “plena colaboración” con la investigación.
Una jueza investiga si hubo negligencia en la muerte de un bebé en una guardería de El Masnou (Barcelona)
Dos cuidadoras están imputadas por el fallecimiento de Leo, a los cinco meses, por una “insuficiencia respiratoria”











