Las sirenas no sonaron en la madrugada del 21 de junio en Feodosia, una atractiva ciudad turística en la costa este de la península de Crimea.

Solo se escuchó el zumbido de los drones y, minutos después, el sonido de las explosiones.

Los sistemas de alerta se desactivaron hace tiempo, no porque la península sea segura, sino porque, de lo contrario, «las sirenas sonarían 22 horas al día y nadie podría dormir», según declaró recientemente un alto funcionario territorial a los oyentes de radio.

Los residentes sospechan que a las autoridades les preocupa más la temporada turística que su descanso.

Mantener la apariencia de normalidad se hace cada día más difícil.