Una pistola con cacerina abastecida, drogas y municiones. Ese fue parte del material que, según la Policía Nacional, se encontró durante la intervención a dos adolescentes de 15 y 16 años en el Callao. El caso volvió a encender las alarmas sobre una realidad cada vez más visible: la participación de menores de edad en organizaciones criminales y delitos violentos.Los adolescentes fueron intervenidos por agentes del Grupo Terna y, de acuerdo con las investigaciones preliminares, serían presuntos integrantes de la banda conocida como Los Netos de la Jaula. La organización es investigada por su presunta participación en el intento de homicidio contra otro menor de 14 años, también vinculado a actividades delictivas.PUBLICIDADEl episodio no aparece como un hecho aislado. De acuerdo con especialistas, las bandas criminales están recurriendo cada vez más a adolescentes para tareas de intimidación, amenazas, traslado de armas e incluso ataques bajo una lógica de “tercerización” del sicariato.Según datos revelados por la Policía Nacional del Perú (PNP), ocho de cada nueve detenidos por sicariato son menores de edad. Foto: Composición Infobae PerúVideos, amenazas y disputas entre bandasEn el reportaje difundido en TV Perú Noticias sobre el caso se observan videos con los que presuntos integrantes de estas redes amenazaban a sus víctimas. En otros registros, incluso se grababan durante los atentados, como parte de una lógica de intimidación y control territorial.“Es rivalidad que existe entre adolescentes, entre jóvenes. Por eso muchas veces se quitan la vida y se asesinan por tener un predominio o un enfrentamiento entre ellos”, señaló el general PNP Marco Conde, jefe policial de la Región Callao.PUBLICIDADEl problema no se limita a una sola organización. En el Callao también fue mencionada la banda La Z1 Ciudad de Terror, integrada, según el reportaje, por cuatro menores de edad. A este grupo se le vincula con la muerte de Norma Chazarro Alfaro, una mujer de 56 años asesinada el miércoles 17 de junio a pocos metros de su vivienda.Los Iluminatis del Callao, la banda criminal de sicarios integrada por menores de edad | Foto captura: Buenos Días PerúPara las redes criminales, los adolescentes pueden convertirse en un objetivo fácil de captar. Los especialistas advierten que muchos de ellos arrastran historias de vulnerabilidad, entornos violentos, abandono escolar, falta de oportunidades y presión económica inmediata.“Es una maniobra relativamente barata, fácil de reemplazar. Tienen un menor historial policial, pasan por debajo del radar y son más vulnerables a incentivos económicos inmediatos”, explicó Alonso Flores, investigador del Instituto de Criminología.PUBLICIDADLos analistas señalan que las organizaciones recurren a menores para intimidación, amenazas, traslado de armamento y atentados, bajo una lógica de subcontratación del sicariato que facilita reemplazos y reduce riesgos.Flores sostuvo que el fenómeno también debe leerse desde una dimensión social. En un país donde más de un millón de jóvenes no estudia ni trabaja, una parte de esa población puede ver en el crimen organizado una forma rápida de acceder a dinero, reconocimiento o estatus.“Hay un gran segmento de la población que no ve en la educación y el trabajo un camino de movilidad social y ve en el crimen organizado una ganancia muy rápida en términos económicos y también en términos de estatus”, agregó.Según información policial citada en el reportaje, durante 2025 el 50% de los detenidos por sicariato eran adolescentes de entre 15 y 17 años procedentes del Callao y del norte del país.PUBLICIDADEl avance de estos casos reabrió el debate sobre cómo debe responder el Estado frente a adolescentes involucrados en delitos graves. En 2025, la Ley 32330 buscó que menores de 16 y 17 años fueran procesados como adultos en determinados delitos. Sin embargo, la norma fue declarada inconstitucional.El 50% de los detenidos por sicariato en 2025 fueron adolescentes de 15 a 17 años, según la PolicíaPara Flores, reducir la edad de responsabilidad penal no corta la cadena criminal. Por el contrario, podría empujar a las bandas a captar adolescentes cada vez más jóvenes.“Si reducimos a 16 o 17 años, reclutarán a 15 y 14 años. Tenemos que trabajar en estrategias para cortar ciclos de violencia y trayectorias delictivas”, advirtió.PUBLICIDADLa mirada preventiva también aparece desde la salud mental. Luis Ávila, psicólogo del Ministerio de Salud, sostuvo que el impacto de la violencia en el desarrollo emocional de un adolescente puede ser reversible si existe intervención familiar, comunitaria y terapéutica.“Desde salud mental tenemos el optimismo terapéutico de poder lograr reinsertar a un adolescente que no nació disparando, que no nació consumiendo, que nació en un entorno desfavorable”, señaló.Videos impactantes como los "niños sicarios" y la vida en barrios como El Porvenir y Manzanillo, donde la violencia y la precariedad son moneda corriente. (Captura de pantalla)Para los especialistas, la intervención temprana es clave. No basta con actuar cuando el adolescente ya fue captado por una organización criminal o aparece detenido con un arma. La prevención debe empezar antes: en la primera infancia, en la escuela, en la familia y en los servicios comunitarios de salud mental.PUBLICIDADÁvila sostuvo que el trabajo preventivo debe apuntar a fortalecer valores, educación y capacidad de discernimiento desde edades tempranas, para evitar que niños y adolescentes encuentren en la violencia una forma de pertenencia, protección o ascenso social.El caso del Callao deja una escena difícil de ignorar: adolescentes armados, bandas que los usan como piezas reemplazables y una cadena criminal que se alimenta de vulnerabilidad, abandono y dinero rápido. En ese escenario, castigar al menor puede alcanzar al último eslabón, pero no necesariamente rompe la estructura que lo recluta.