Todo empezó con una manta, mejor dicho, con la imposibilidad de encontrar el hilado que Cecilia Bareiro quería usar para tejerla: "Soy tejedora. Un invierno empecé a buscar un hilado natural para tejer una manta y no encontraba uno que reuniera todas las cualidades que yo quería. Que no fuera solamente natural, sino también saber de dónde venía", recuerda.Lo que comenzó como una inquietud personal terminó transformándose en Huanaco, una hilandería instalada en Escobar que produce lana merino con trazabilidad completa y origen regenerativo verificado."Lo que empezó con una manta, hoy es una hilandería", resume Cecilia que junto a su marido, Leandro Fontana, construyeron el proyecto después de pasar más de 20 años trabajando en el mundo empresarial. Ambos estudiaron Ciencias Económicas y desarrollaron sus carreras asesorando compañías argentinas."Trabajamos juntos durante más de 20 años acompañando empresas y empresarios argentinos con sus negocios", cuenta Cecilia. "Leandro se dedicó más a la parte impositiva y yo siempre trabajé en procesos, implementaciones de sistemas y administración".Sin embargo, en algún momento apareció la necesidad de crear algo propio y la pandemia aceleró el proceso. Cecilia publicó el patrón de aquella manta que quería tejer y lanzó una primera caja con hilados artesanales. Cada ovillo estaba acompañado por la historia de quien lo había producido."El origen nos acompaña desde el inicio", explica. Y fue así que la experiencia los llevó a descubrir la lana merino, y a preguntarse si existía en Argentina una lana de esa raza de oveja cuya historia pudiera seguirse desde el campo hasta la madeja."Queríamos contar la historia de la lana merino y no encontrábamos dónde abastecernos de lana con trazabilidad completa. Ahí se nos ocurre dar un paso más y encarar la producción", recuerda Cecilia. La decisión parecía ambiciosa para una empresa familiar pero lograron comprar una máquina hiladora italiana, capaz de trabajar con la precisión de las grandes hilanderías pero adaptada a una escala mucho más pequeña: "La máquina llegó en 2023, pero recién pudimos ponerla en marcha a fines de ese año. En febrero de 2024 salió a la venta la primera madeja", cuenta Cecilia.Hoy, apenas dos años después, Huanaco trabaja con productores patagónicos que aplican prácticas regenerativas y miden indicadores ambientales como salud del suelo, biodiversidad y captura de carbono. "Buscamos hacer hilados naturales con impacto positivo", explica Cecilia y agrega: "Conocemos el origen de todas las fibras que procesamos".Esa búsqueda de transparencia atraviesa toda la empresa: "Cada una de nuestras madejas cuenta con un sello de origen regenerativo verificado", señala. Eso significa que cada ovillo puede rastrearse hasta el campo donde se produjo la lana: "Con el número de partida podemos saber qué día se hiló, qué día se tiñó, de dónde vino la lana y hasta de qué establecimiento provino", explica Leandro mientras recorre la planta.La obsesión por el detalle aparece en cada rincón del taller y también en los tintes. Las madejas se colorean utilizando yerba mate, quebracho, eucalipto y otros extractos vegetales. Y detrás de esa parte del proceso hay una historia inesperada, antes de dedicarse a la lana, Leandro aprendió a fabricar cerveza artesanal: "En 2017 me fui a Córdoba a hacer un curso de cerveza artesanal. Aprendí todo el proceso y tenía los equipos, las ollas, los termómetros y los medidores de pH", recuerda.Años después, todo ese equipamiento encontró un nuevo uso: "Cuando empezamos con los tintes naturales ya tenía todo listo. Las ollas quedaron para los tintes y ahora la cerveza artesanal la compramos", bromea."Es prácticamente el mismo proceso. En la cerveza le extraés azúcares a la cebada. Acá le extraemos color a una materia vegetal. Se usan controles de temperatura, de pH y tiempos de estabilización muy parecidos", explica Leandro sobre el proceso.La filosofía de la empresa también se refleja en lo que ocurre con los residuos: "No tiramos nada", afirma Leandro. Los sobrantes del proceso industrial se transforman en hilados artesanales, materiales para fieltro o rellenos textiles: "La realidad es que es una materia prima muy valiosa. Hay muchísimo trabajo detrás de cada kilo de lana. No tendría sentido desperdiciarla", agrega.A diferencia de las grandes fábricas, Huanaco decidió mantenerse en una escala reducida: "La materia prima existe, pero tampoco tendría sentido hacer una mega hilandería", reflexiona Cecilia. "Nosotros hacemos hilados para técnicas manuales. Para tejedores y artesanos que tardan muchísimo tiempo en crear una pieza y valoran la calidad de la fibra".La empresa funciona con un equipo pequeño integrado por la pareja y dos artesanas especializadas en distintas técnicas textiles: "Todo es en pequeña escala", repiten varias veces durante la charla.Sin embargo, esa escala no impide que el proyecto siga creciendo. Reciben visitantes, organizan actividades comunitarias, colaboran con diseñadoras textiles y participan en ferias dentro y fuera del país: "Nuestro objetivo siempre fue transparentar el proceso", sostiene Leandro. "No hay nada que esconder. Vos venís, sacás fotos, te mostramos cómo trabajamos y te contamos de dónde viene cada fibra".