Francia ha vivido este martes el día más caluroso desde que existen los registros de temperaturas, en 1947, aunque todo apunta a que esta jornada récord puede ser superada por la del miércoles o el jueves, cuando se espera el pico de esta ola de calor que ha paralizado gran parte del país. El termómetro marcaba por la tarde entre 39 y 42 grados en el sudoeste del territorio, según Météo France, la agencia meteorológica, que ha extendido la alerta roja el miércoles a 58 departamentos del centenar que hay en Francia. Otros 31 están en alerta naranja, con temperaturas “excepcionalmente elevadas, tanto de día como de noche”. En total, el 90% de la población, unos 63 millones de personas, está expuesto a “calores excepcionales y extremos” al menos hasta el fin de semana. En medio de esta canícula histórica, 40 personas han muerto ahogadas desde el pasado viernes. La mayoría eran jóvenes que, tratando de huir de la asfixia, se zambulleron en zonas donde el baño estaba prohibido o no había vigilancia. Es una “triste lacra”, en palabras del primer ministro, Sébastien Lecornu, que ha reunido este martes de nuevo al consejo interministerial de crisis para estudiar medidas para hacer frente a la alerta sanitaria. Lecornu ha instado a los miembros del Gobierno a limitar sus desplazamientos durante estos días para centrarse en la ola de calor y ha anunciado un refuerzo del sistema sanitario, en coordinación con las agencias regionales de salud, ante la ola de calor. Ha activado el llamado Plan Orsan, que da herramientas a las autoridades para responder a situaciones de emergencia y permite gestionar los recursos en los hospitales y servicios de urgencias en función del nivel de presión sanitaria. Este plan tiene cuatro niveles y Lecornu ha activado el nivel 2, que permite, por ejemplo, reprogramar cirugías que no son urgentes para dedicar los recursos a la emergencia. Unos 1.800 centros escolares de los 60.000 que hay en Francia permanecen cerrados y otros 8.000 han adaptado sus horarios a falta de aire acondicionado. Las altas temperaturas también han provocado problemas en los transportes y han afectado a gran parte de la actividad turística, en particular a los tres lugares más visitados de Francia: la Torre Eiffel anunció el cierre a partir de las cuatro de la tarde de este martes, en lugar de a medianoche, y el Museo del Louvre, la pinacoteca más visitada del mundo, hará lo propio hasta el sábado, cuando se espera que bajen algo las temperaturas. “El Louvre ha soportado temperaturas intensas estos últimos días. El edificio histórico, aunque tiene resistencia en algunas partes de su arquitectura, sigue siendo frágil y no está suficientemente adaptado al cambio climático”, admite en un comunicado la dirección del museo. La “acumulación del calor al final del día se combina con la afluencia de visitantes” y hace insostenible la actividad. El Monte Saint Michel, el sitio más visitado de toda Francia, ha recomendado a los turistas que aplacen las visitas, pues Normandía, en el norte del país, se encuentra también en nivel de alerta máxima por calor. La canícula ha obligado a cancelar trenes, porque no tienen aire acondicionado o ante la posibilidad de que haya averías y los pasajeros se queden atrapados, como de hecho ya ha ocurrido estos días. El presidente de la empresa ferroviaria SNCF, Jean Castex, recomendaba estos días a los colectivos vulnerables que no viajen en tren o pospongan sus desplazamientos. Como cada vez que hay una ola de calor histórica que supera la precedente, Francia constata que no está preparada para hacerle frente, en parte porque los edificios son antiguos y es complicado adaptarlos, también porque hay muchas resistencias: seis de cada 10 franceses aseguran que prefieren pasar calor a instalar un aparato de aire acondicionado que pueda dañar el medio ambiente.