Un nuevo episodio de violencia en la región central de Nigeria ha costado la vida al menos a 20 personas, entre ellas un trabajador sanitario y cinco pacientes de un centro médico, después de que hombres armados atacaran de manera indiscriminada a civiles en el pueblo de Kawel, perteneciente al Estado de Plateau, el domingo por la noche, según confirmaron la policía y fuentes comunitarias. Esta región es escenario frecuente de violencia entre pastores de la etnia peul y comunidades de agricultores, un conflicto que se ha intensificado en los últimos años por la penetración del extremismo yihadista que opera en el norte del país. Diversas fuentes revelaron que los atacantes, que irrumpieron en Kawel armados con fusiles y disparando de forma indiscriminada, se dirigieron al puesto de salud y mataron a un médico y a cinco pacientes. El Gobierno del Estado de Plateau, mediante un comunicado, ha condenado este “acto de violencia sin sentido”, lamentando “la trágica pérdida de vidas inocentes”. El pasado 16 de junio, otras nueve personas murieron y 11 resultaron heridas en el vecino Estado de Kaduna, en un ataque similar. El 9 de mayo, hombres armados acabaron con la vida de 12 personas en el pueblo de Ngbra-Zongo, también en el Estado de Plateau. Amnistía Internacional (AI) ha denunciado en reiteradas ocasiones la inacción del Gobierno nigeriano ante los frecuentes ataques que sufre la población del centro de Nigeria. En un reciente comunicado, esta organización de derechos humanos aseguraba: “El rotundo fracaso del Gobierno del presidente Bola Tinubu para abordar la inseguridad generalizada está costando vidas. Si bien el Gobierno afirma estar combatiendo la crisis de seguridad endémica, el número de muertos cuenta una historia diferente”. La inseguridad es uno de los temas principales del debate público en Nigeria a tan solo siete meses de las próximas elecciones presidenciales, previstas para enero de 2027. “El Estado de Plateau se está volviendo cada vez más inseguro, con ataques tanto a comunidades rurales como urbanas que obligan a la población a vivir con el temor constante del próximo ataque”, señala Amnistía Internacional, que revela que “muchas comunidades están plagadas de fosas comunes de personas asesinadas por hombres armados”. “Las autoridades nigerianas han fallado repetidamente al pueblo del Estado de Plateau. Los frecuentes ataques armados han privado a miles de personas de sus derechos a la vida, la integridad física, la libertad, la libertad de movimiento y el acceso a medios de subsistencia”, sostiene la ONG. La incapacidad del Estado para poner fin a esta violencia, en cuyo origen está el conflicto entre pastores peul que se mueven por el territorio en busca de pastos para su ganado y las comunidades de agricultores sedentarios, ha degenerado en la creación de grupos armados que hostigan a la población, la amenazan y se toman la justicia por su mano. En este contexto, algunas bandas se dedican también al pillaje y los secuestros a cambio de rescate, tal y como denuncian las organizaciones de derechos humanos. En ocasiones estos grupos se ven influidos por las ideas radicales de grupos yihadistas que proceden de los Estados del norte, de mayoría musulmana, o de países vecinos como Níger y Burkina Faso. Este es el caso de Lakurawa, un grupo que surge en el noroeste del país como movimiento comunitario de autodefensa frente a la actividad de delincuentes armados y que se ha acabado convirtiendo en una rama del Estado Islámico en la región, especialmente activo en los Estados de Kebbi y Sokoto. El pasado diciembre, Estados Unidos, en coordinación con el Gobierno nigeriano, bombardeó posiciones de este grupo terrorista en Sokoto. El presidente estadounidense, Donald Trump, presentó dicha intervención como una manera de combatir el supuesto “genocidio cristiano” que los grupos armados llevan a cabo en Nigeria, pero las autoridades nigerianas aseguran que las víctimas de los atentados y ataques son de distintas confesiones religiosas. El pasado mayo, en el tercer aniversario de su llegada al poder, el presidente Tinubu afirmó en un comunicado que la seguridad sigue siendo un “aspecto central” de su misión para la creación de una sociedad “próspera y fuerte”. “Nuestras Fuerzas Armadas y agencias de seguridad han intensificado sus operaciones contra terroristas, bandidos, secuestradores, ladrones de petróleo y redes criminales. Aunque los desafíos se mantienen, muchas comunidades y carreteras se han convertido en más seguras y económicamente activas”, continuó la nota. Otro foco de inseguridad en Nigeria es el noreste del país, en particular en los Estados de Borno, Yobe y Adamawa, donde operan tanto Boko Haram, vinculado a Al Qaeda, como la Provincia de Estado Islámico de África Occidental. Ambos grupos atacan a la población civil y compiten entre ellos por influencia y control territorial. La insurgencia yihadista comenzó en Nigeria hace dos décadas y se ha ido extendiendo por todo el norte del país, conectando a grupos locales con el yihadismo presente en Níger y Burkina Faso a través del norte de Benín.