23/06/2026 00:05 Actualizado a 23/06/2026 06:37 Las últimas imágenes de Rosalía cada vez más delgada cuentan una historia. Y, como a estas alturas nadie necesita pruebas de su disciplina ni de la ferocidad con la que corrige cada detalle de su trabajo, solo caben dos explicaciones razonables: o se ha entregado a esa religión contemporánea que consiste en machacarse en el gimnasio y alimentarse de boniato mientras se confunde salud con penitencia, o su búsqueda de la perfección ha empezado a pasarle factura.Rosalía ha apostado por Dior en su gira estadounidense. Beth SaravoLa conversación pública gira alrededor de su cuerpo. Resulta inevitable. Lo raro sería lo contrario. Rosalía no sale a un escenario y canta. Su carrera se levanta desde un andamiaje de precisión donde nada parece quedar al azar. El gesto, la mirada, la ropa, la fotografía.Pertenece a una especie muy concreta de triunfadores: los que nunca consideran suficiente nada de lo que hacen. Siempre encuentran una canción que mejorar, una actuación que corregir, una imagen que pulir. Al otro lado del espejo aguarda invariablemente una versión perfeccionada de sí misma.Una virtud formidable. Y un peligro.Porque la ambición y la tiranía suelen vivir en el mismo piso, y casi nunca avisan cuando una ocupa el lugar de la otra. Nadie distingue con claridad dónde termina la disciplina y dónde empieza la obsesión. En qué momento las mismas herramientas que levantaron el edificio comienzan a derribarlo ladrillo a ladrillo.Lo que sugiere la delgadez cada vez más acentuada de la artistaPor eso sus recientes imágenes producen una punzada de angustia. Por lo que sugieren. Lo inquietante consiste en reconocer un mecanismo demasiado familiar. Esa vieja maquinaria que lleva décadas susurrándoles a millones de niñas y mujeres que nunca alcanzan la talla adecuada, el aspecto adecuado o la variante adecuada de su cuerpo.Las figuras de su tamaño pagan además un impuesto especial. Igual que a Lamine Yamal no se le perdona un partido mediocre, a Rosalía no se le concede un relato cualquiera. A veces, sin embargo, las expectativas ajenas se aprenden a manejar. Las propias no conceden esa ventaja. Y llega un momento en que el verdugo ya no está fuera: eres tú.Por eso la cuestión no radica en cuánto pesa Rosalía. La cuestión consiste en cuánto pesa Rosalía sobre Rosalía.La artista ha demostrado durante años que siempre puede ir un paso más allá. La duda surge cuando ese paso deja de conducir hacia delante.Rosalía se ha convertido en un fenómeno, casi en una especie de extraterrestre. Ahora quizá toca que aprenda a ser humana otra vez.Periodista. Redactora jefa en Sociedad. Antes, en Política, Cultura y Vivir. Premio Comunicació i Benestar Social del Ayuntamiento de Barcelona (1998). Colaboradora en RAC1. Premio Pedro Vega de Periodismo (2025)
El verdadero peso de Rosalía, por Susana Quadrado
Las últimas imágenes de Rosalía cada vez más delgada cuentan una historia. Y, como a estas alturas nadie necesita pruebas de su disciplina ni de la ferocidad con la que corrige cada detalle de su trabajo, solo caben dos explicaciones razonables: o se ha entregado a esa religión...






