El tablero geopolítico de Oriente Medio se sacude tras el preacuerdo para frenar la guerra entre Estados Unidos, Israel e Irán. Mientras las potencias occidentales negocian la letra chica de la paz definitiva, el Gobierno de Teherán advirtió que tomará el control del estrecho de Ormuz. Esta decisión impone una nueva normalidad en uno de los pasos comerciales más transitados del mundo y ya encendió las alarmas de sus vecinos árabes. El encargado de blanquear la decisión fue el jefe negociador iraní, Mohamad Baqer Qalibaf. Al volver de las charlas en Suiza, el funcionario dejó en claro que la zona nunca volverá a ser la misma que antes del conflicto. "Por supuesto, se respetarán las normas internacionales, pero Irán administrará el estrecho de Ormuz", avisó el dirigente. Sus palabras llegaron después de una semana de pura tensión, donde la vía quedó clausurada el sábado como respuesta a los ataques israelíes en el Líbano.

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Las declaraciones del enviado de Teherán son el resultado directo de los avances logrados en el exclusivo centro vacacional suizo de Burgenstock. Allí, con Qatar y Pakistán operando como mediadores, estadounidenses e iraníes acordaron abrir líneas de comunicación para evitar accidentes navales. Como gesto inmediato, el vicepresidente norteamericano, J. D. Vance, puso en pausa las sanciones sobre el petróleo iraní, luego de que el país islámico aceptara el regreso de los inspectores nucleares de la ONU. Teherán siente que se trajo varias victorias en la valija tras su paso por Europa. A través de un video en su cuenta de Telegram, Qalibaf celebró los logros de la cumbre. El funcionario no solo destacó el control de Ormuz y el freno a los combates en territorio libanés, sino que valoró el descongelamiento de fondos millonarios y los permisos especiales para volver a exportar crudo al mercado global. Toda esta movida diplomática tiene su origen en el memorando de entendimiento que el presidente Donald Trump firmó el miércoles pasado en el Palacio de Versalles, durante su encuentro con el mandatario francés, Emmanuel Macron. Ese documento histórico fijó una cuenta regresiva de 60 días para que Washington y Teherán logren cerrar un tratado de paz definitivo que, además, resuelva el largo conflicto por el programa nuclear. Irán cierra otra vez el estrecho de Ormuz por los ataques de Israel contra Hezbollah La preocupación de las monarquías del Golfo Mientras el presidente iraní Masud Pezeshkian viajó a Pakistán para repasar el preacuerdo y Vance se quedó puliendo detalles técnicos en Suiza, el secretario de Estado estadounidense, Marco Rubio, arrancó el martes una gira de urgencia por Emiratos Árabes Unidos, Kuwait y Bahréin. Su tarea es actuar como bombero: defender la estrategia de Washington y presentar los detalles del memorando ante el Consejo de Cooperación del Golfo (CCG) para tratar de calmar los ánimos. La bronca y el malestar de las naciones árabes aliadas a Estados Unidos apuntan a dos artículos específicos del texto firmado en Francia, a los que ven como una amenaza directa. Por un lado, rechazan que se cree un fondo de reconstrucción de 300.000 millones de dólares para Teherán; por el otro, no entienden cómo el documento omitió exigirle a la República Islámica que desmantele su programa de misiles balísticos. El miedo de los líderes del Golfo no es infundado y se apoya en incidentes de los últimos meses. Países como Emiratos Árabes Unidos, Arabia Saudí, Kuwait, Bahréin y Qatar (que además prestan su territorio para bases militares norteamericanas) sufrieron ataques directos con drones y misiles iraníes. La gran preocupación de los vecinos es que Irán use ese salvavidas económico para volver a “armarse hasta los dientes”. TC/ML