En la línea de su antecesora, Kamala Harris, el vicepresidente de Estados Unidos, JD Vance, ha encajado durante toda esta administración con aquel adagio de que la vicepresidencia es tan irrelevante como una "tinaja de pis caliente": un cargo inadvertido y lastrado con tareas ingratas. Pero esto, para Vance, parece haber terminado. El nacional-populista de 41 años no solo capitanea las negociaciones con Irán, sino que Donald Trump le puede haber encargado la puesta en práctica de una nueva estrategia que pasa, entre otras cosas, por distanciarse de Israel. "Lo que sí diré, y esto me molesta, es que hemos visto a gente de dentro del gabinete de Bibi [Benjamín Netanyahu] que ha salido a atacar el acuerdo [con Irán] y, en cierta manera, de forma muy personal, al presidente de EEUU", dijo Vance, con un tono raro de ver en un líder republicano. "Donald J. Trump es el único jefe de Estado en el mundo entero que simpatiza con la nación de Israel en este momento, y resulta ser el jefe de Estado de la superpotencia mundial". Vance añadió que, de todas las armas defensivas que protegieron a Israel de los misiles y drones iraníes desde el 28 de febrero, dos tercios fueron "fabricadas por manos americanas y pagadas con dólares americanos". En un pódcast de The New York Times, Vance declaró que las críticas a Israel y el antisemitismo son dos cosas distintas, y denunció la manera en que el Gobierno israelí afronta los desafíos en la región. "Son un país de nueve millones de habitantes. No pueden resolver matando todos y cada uno de los problemas de seguridad nacional que tienen". El hecho de que Trump delegase en Vance las sensibles conversaciones con los iraníes, después de firmar un Memorándum de Entendimiento que acepta, aunque con varios asteriscos, casi todas las peticiones de Teherán (levantamiento de sanciones, descongelación de activos y hasta el pago de 300.000 millones de dólares en reparaciones), ha hecho pensar que Vance es un cabeza de turco: la persona condenada a dilapidar su capital político en una capitulación. TE PUEDE INTERESAR Sin embargo, esto no explica las relativamente altisonantes críticas de Vance (y de Trump) a Israel, ni tampoco el hecho de que Vance, antes de viajar a Suiza para negociar el siguiente paso, un acuerdo firme, con los iraníes, haya dedicado toda una semana a llenar las ondas con las bondades de la negociación. Desde el pasado lunes, Vance ha concedido siete entrevistas a programas de televisión y pódcasts de gran alcance. Si su misión fuera pasar página de la manera más discreta posible, quizás no se habría embarcado en esta campaña de persuasión. Aunque es evidente que el proceso de paz es precario y que, por tanto, es muy pronto para sacar conclusiones, la actitud de Trump y de Vance tanto hacia Irán como hacia Israel invita a barruntar cuál puede ser su estrategia para la región. TE PUEDE INTERESAR Opinión Un factor esencial es que la Administración Trump se ha quedado sin opciones. Bombardear Irán, como amenaza de vez en cuando, todavía, el presidente, quizás para consumo interno, ya se ha intentado: Washington y Tel Aviv destruyeron 15.000 objetivos y mataron a una cincuentena de líderes, incluido el principal, a lo largo de 40 días de campaña. Pero no consiguieron sus objetivos estratégicos: ni derribar al régimen, ni forzarlo a rendirse, ni destruir sus abundantes arsenales. Controlar el estrecho de Ormuz también se intentó con el bloqueo naval, pero los iraníes vieron el órdago: no dudaron en atacar a los petroleros que transitaban sin su permiso e incluso a los activos militares estadounidenses. Fue una guerra económica de desgaste y EEUU la perdió. Como ha dicho el propio Trump a Axios, mencionando al presidente Herbert Hoover, devorado por la Gran Depresión, él no quiere pasar a la historia vinculado a una catástrofe económica. Lo cual podría haber sucedido si las reservas de crudo globales se agotaban. Lo cual deja una tercera opción: soldados sobre el terreno. Pero el hecho de que Irán es dos veces y media más grande que Afganistán, y casi cuatro veces más que Iraq, además de tener un terreno montañoso y una población de 92 millones de habitantes, un millón de ellos en armas, insinúa que no es una buena idea. TE PUEDE INTERESAR Desde este punto de vista, las prioridades estratégicas de EEUU e Israel, que iniciaron esta guerra hombro con hombro, se han bifurcado bruscamente: Israel sigue queriendo neutralizar a Irán, mientras que Washington está dispuesto, incluso con prisas, a cauterizar la herida cuanto antes. Dado que el único camino posible es el de la negociación, y en términos iraníes, puede que Trump haya decidido morder la bala y pisar el acelerador: perseguir un acuerdo que no solo sea nuclear, sino que pueda, potencialmente, establecer una convivencia estable con los iraníes. Y relaciones comerciales. Esta es una de las cosas que ha dicho JD Vance en el resort de Bürgenstock, en Suiza: "Si se descongelan activos iraníes (...), el dinero se destinaría efectivamente a comprar soja, maíz y trigo estadounidenses en beneficio del pueblo iraní". Lo ha calificado como un "típico acuerdo de Trump". TE PUEDE INTERESAR El gran obstáculo para este proceso es el establishment neocon del Partido Republicano. Aquellos líderes que, como los senadores Lindsey Graham y Ted Cruz, defendieron la necesidad de acabar de una vez por todas con el gran enemigo sistémico de EEUU y de Israel en Oriente Medio. Rodeados por toda una constelación de lobistas de AIPAC y de comentaristas sionistas como Mark Levin, de Fox News, o Batya Ungar-Sargon, de News Nation, los halcones que en febrero y marzo llevaban la voz cantante no están ahora en su mejor momento. "Dar miles de millones de dólares a unos lunáticos teocráticos que nos quieren asesinar no es una buena idea", dijo Ted Cruz. "Creo que el presidente, por desgracia, está siendo mal aconsejado". Según Ungar-Sargon, "el vicepresidente JD Vance ha tenido una semana pésima, horrible, nefasta y verdaderamente mala. Como único funcionario de la administración que defendía el Memorándum de Entendimiento del presidente, el vicepresidente manipuló la realidad, se burló, tergiversó los hechos y nos mintió descaradamente a la cara. Si esto fue un ensayo general para 2028, al menos sirvió para aclarar mucho las cosas". Durante décadas, uno de los fundamentos incuestionables de la política exterior estadounidense, tanto en la bancada republicana como demócrata, ha sido la sacralidad de la relación con Israel: una cuestión moral, dada la memoria del Holocausto, pero, sobre todo, pragmática, habida cuenta de las ventajas de tener a un aliado culturalmente afín y militarmente feroz en Oriente Medio. TE PUEDE INTERESAR El lobby y los halcones siguen en sus puestos, pero el magma de opinión pública que los rodea está evolucionando hacia posturas más críticas con Israel. Una encuesta de Gallup reflejó recientemente que, por primera vez, las simpatías pro-palestinas en EEUU superaron a las pro-israelíes; la figura de Benjamín Netanyahu es impopular, y la represión en las universidades, deportaciones incluidas, de los activistas pro-palestinos, ha dejado heridas. El ajuste de opinión es más patente entre los jóvenes, tanto a la izquierda como a la derecha. La noción de Israel que tienen los Baby Boomers suele ser la que se formaron en su juventud: la de un Estado pequeño, peleón y resuelto que se defendía de vecinos poderosos. El concepto que se forma hoy un joven es distinto, y esto puede colorear, sobre todo desde 2023, las relaciones entre ambos países. Es posible que Trump y Vance, forzados por las circunstancias y por el hecho demostrado de que el uso de la fuerza ya no va a resolver el desafío iraní, hayan emprendido este nuevo camino de entendimiento con Irán y algo de distancia con Israel. Si los halcones neocon y sus financiadores se rasgan las togas, la Casa Blanca podría usar el grueso de la opinión pública como contrapeso. TE PUEDE INTERESAR Esto es algo que ya se ve en el Senado, por ejemplo. El año pasado fue la primera vez que una mayoría demócrata rechazó mandar más asistencia militar a Israel. En abril, fueron 40 de un total de 47 los senadores demócratas que dijeron que no. Un 80%. Los representantes electos están votando y comunicando de una manera que hubiera sido difícil de creer hace unos pocos años. Dentro del Partido Republicano, además, los nuevos cuadros albergan opiniones de tendencia más aislacionista que sus mayores. Cuando los Ted Cruz y los Lindsey Graham se jubilen o pierdan unas elecciones, cabe la posibilidad de que sus sucesores sean más cercanos a la manera de ver las cosas de un Tucker Carlson o un JD Vance: nacionalistas que no quieren relaciones especiales con países foráneos. Aunque estas posturas críticas hacia Israel pueden degenerar en racismo y antisemitismo. Así lo refleja la popularidad del movimiento extremista de los "groypers", dirigido por el agitador supremacista Nick Fuentes. Trita Parsi, experto en Irán y vicepresidente del Quincy Institute, utiliza la palabra "desespecializar". No es que EEUU e Israel vayan, ni mucho menos, a convertirse en enemigos, pero cabe la posibilidad de que su estrecha amistad se convierta en una amistad a secas. Si los últimos diez años de trastornos geopolíticos han enseñado algo, es que ninguna convención ni arreglo estructural es eterno.