El gobierno de Pekín ha tardado menos de dos semanas en cumplir su palabra de que la inclusión de 80 empresas tecnológicas chinas en una lista negra del Pentágono no quedaría sin respuesta. Desde este lunes, China prohíbe la venta de tecnologías de doble uso a diez empresas de EE.UU. vinculadas a la fabricación de drones, sensores o radares o especializadas en tierras raras. El objetivo real son las grandes multinacionales estadounidenses de la Defensa, que por añadidura quedan excluidas formalmente de cualquier licitación pública en China. Entre las 46 empresas afectadas hay gigantes como Raytheon, McDonnell Douglas, Lockeen Martin, Javelin, General Dynamics o Boeing Defence.El anuncio, con efectos inmediatos, ha sido publicado este lunes en la web del ministerio de Comercio, con el objeto de “salvaguardar la seguridad y los intereses nacionales”. En el caso de las multinacionales de armamento, el impacto económico es limitado. Además, quedan exentas sus sociedades conjuntas con socios chinos que ya operen en el país. Del mismo modo, las 80 empresas chinas “bajo sospecha” pueden seguir operando en el mercado estadounidense. Pero su inclusión en la lista 1260H supone un estigma para su reputación. Algo a lo que están atentos los fondos de inversión, ya que introduce dudas sobre un ulterior endurecimiento de las restricciones. De momento, solo el Pentágono tiene prohibido contratar sus servicios. China recibió de muy mala gana las medidas estadounidenses anunciadas hace trece días contra empresas supuestamente vinculadas al Ejército Popular de Liberación, es decir, a sus fuerzas armadas. Un portavoz gubernamental advirtió de que iban en contra del espíritu de distensión de la reciente cumbre de Pekín y que, en caso de no ser retiradas, obtendrían “una respuesta contundente”. Las diez empresas de EE.UU. directamente en la diana son Aveox, Red Cat, Teal Drones, IMSAR, Jaia Robotics, Ball Aerospace, Oshkosh Defence, L3Harris Maritime, MP Materials y USA Rare Earth. No se trata de firmas inmediatamente reconocibles, como el internet por satélite de Starlink. Aunque Starlink no pueda ser restringida porque, en realidad, nunca ha sido autorizada en China. La decisión de Pekín se produce menos de una semana después de que los mandatarios del G7 se comprometieran en París a reducir su dependencia de China en tierras raras a menos del 60% para 2030. No en vano, este año se ha demostrado la dificultad de mantener dos guerras simultáneas de gran calado, en Ucrania y en Irán, cuando la reposición del arsenal más sofisticado está a expensas de las tierras raras de China, aliada estratégica de Moscú y Teherán.Otro síntoma de que los tiempos están cambiando es que las marcas chinas bajo sospecha son más conocidas internacionalmente que las diez empresas estadounidenses hoy en la diana. Se trata además, de firmas de perfil marcadamente civil, como Alibaba, BYD, Baidu, Tencent o Unitree, que protestan por su definición como “empresas militares chinas”, asociadas a programas del ejército de su país. Un filtro curioso, que tampoco superarían Microsoft, Google o Amazon y, no digamos, Starlink.China ve en ello un intento de coartar sus avances tecnológicos. El caso más sobresaliente es el de los robots humanoides de Unitree, que asombraron al mundo hace pocas semanas por sus exhibiciones de artes marciales, con una agilidad y precisión sobrehumanas. Algo que EE.UU. -que se adelantó a obsequiarnos con R2-D2 y C-3PO- hoy solo puede dibujar, pero no fabricar. Aún menos a ese precio. EE.UU. sí que puede, en cambio, meter a Unitree en una lista negra -para regocijo de sus competidores locales- aduciendo que algunos de sus perros robots fueron usados en dos desfiles militares y que recibe subvenciones. Unitree es uno de los “pequeños gigantes” en sectores estratégicos, a los que Pekín premia con estímulos fiscales. El problema es que la propia UE, con Alemania a la cabeza, parece decidida a difuminar la frontera entre industria civil y militar, para reindustrializarse por la vía del rearme y con todos los estímulos presupuestarios que haga falta. El ministerio de Comercio chino advirtió hace dos semanas a EE.UU. contra “el uso espurio de argumentos de seguridad nacional”. Dándole la vuelta a la tortilla, dijo que los estadounidenses “están haciendo un uso abusivo del poder estatal para coartar a las empresas chinas”. Entre estas últimas, además de las ya citadas, hay varias firmas punteras en paneles solares. En total, 80 grupos empresariales que, con sus filiales, suman 188 marcas. Las empresas chinas afectadas han advertido que podrían acudir a los tribunales de EE.UU., algo que funcionó en su día en el caso de la tecnológica Xiaomi. No es que tengan muchas más salidas, ya que la inclusión en la lista 1260H les impide en la práctica intentar convencer a congresistas y senadores estadounidenses por los procedimientos habituales. No en vano, la ley establece que los “lobbies” que acepten representarlas podrán ser excluidas de cualquier contrato con el departamento de Defensa. Cabe decir, por último, que la represalia medida contra Washington también manda un mensaje a Bruselas, en un momento en que la UE estudia “nuevas herramientas” para corregir el catastrófico déficit comercial con China.Jordi Joan Baños (Sabadell, 1971) es corresponsal de La Vanguardia en Bangkok. Previamente ha sido corresponsal del diario en Lisboa, Nueva Delhi y Estambul.