Por Jean-Pierre Michelet (@jean.pierre.michelet)Hay viajes que nacen de una emoción. Para mí asistir a un gran premio de Fórmula 1 es uno de ellos. No se trata solo de ver autos pasar a alta velocidad, sino de sentir el sonido, la tensión de la largada, la vibración de los motores y esa adrenalina que solo se entiende cuando se vive en persona. Después de haber estado en distintos circuitos, siempre vuelvo a una misma recomendación: si alguien quiere vivir una experiencia completa de Fórmula 1 en este lado del mundo, elegiría el Gran Premio de Estados Unidos, en el Circuito de las Américas, en Austin, Texas.Boleto a… Madrid: crecer desde ceroMonza tiene la fiebre de Ferrari y Mónaco conserva la elegancia de los grandes premios históricos. México, Brasil, Miami o Las Vegas también tienen su atractivo. Pero Austin ofrece algo distinto: permite vivir la carrera, no solo verla pasar.El Circuito de las Américas tiene una ventaja enorme: su geografía. Sus subidas, bajadas y lomas permiten observar buena parte del trazado desde distintos puntos. Incluso con admisión general, uno puede caminar durante el fin de semana y encontrar lugares muy atractivos para seguir la acción. En las prácticas libres, la clasificación y categorías como la Porsche Cup o la Ferrari Challenge, recorrer el circuito también se vuelve parte de la experiencia.El día de la carrera hay que madrugar. En admisión general los espacios no están numerados, por eso llegar temprano es clave. Suelo recomendar las zonas altas, las lomas o los sectores cercanos al final de la recta principal, donde la pista sube y los pilotos deben negociar la curva.Conviene planificar con anticipación. La Fórmula 1 vive un momento de enorme popularidad, impulsado también por Drive to Survive, y las entradas se agotan rápido. Lo mismo ocurre con los hoteles, cuyos precios suben conforme se acerca la fecha. Mi consejo es simple: comprar y reservar cuanto antes.Boleto a... Paris Fashion WeekEn Austin, moverse en auto resulta casi indispensable. El autódromo está en una zona más bien rural y los terrenos cercanos se habilitan como parqueaderos. Pero la ciudad completa el viaje: tiene una energía joven, con música en vivo, comida tex-mex y una vida nocturna muy marcada. La calle Sexta, con sus bares uno junto al otro y sus sonidos saliendo a la vereda, prolonga la experiencia después de los motores. En una de mis últimas visitas, incluso hubo conciertos dentro del autódromo.Hay una recomendación que siempre doy a quienes van por primera vez: no filmen la largada. La carrera se puede volver a ver en televisión o en plataformas, pero ese primer golpe de sonido, esa vibración que atraviesa el cuerpo y esa tensión de los autos saliendo juntos hay que vivirlos con los ojos, no a través de una pantalla. Lo confirmé con mi hijo Philippe. La primera vez que lo llevé a un gran premio, cuando él tenía 12 años, temblaba de emoción. Le sudaban las manos y lo primero que quiso hacer fue filmar. Le dije que grabara después, pero que no se perdiera la partida. La Fórmula 1 también me conecta con memorias familiares. Recuerdo 1990, cuando cubría carreras para la TV y tenía acceso a pits y a la grilla. Mi padre, invitado a un hospitality junto con Abel Castillo, decidió ver la carrera desde el hotel. Ese día ganó Ferrari e hizo el 1-2, con Alain Prost primero y Nigel Mansell segundo. Cuando regresé, me recibió en el lobby con una corbata de Ferrari, celebrando como un verdadero tifoso.Otra memoria especial viene de mi etapa como piloto. En las 12 Horas de Sebring, cuando competí junto con Henry Taleb y quedamos segundos en nuestra categoría, mi padre se subió a un helicóptero con Alfredo Santacruz para seguirme desde el aire mientras yo manejaba. Me lo contó después, emocionado. Luego compró un libro sobre la historia de esa carrera y me lo dedicó con palabras de orgullo. Ese libro vale para mí por lo que guarda.Por eso, cuando hoy acompaño a mi hijo en su camino por el automovilismo, entiendo mejor la dimensión de estos viajes. Lo viví como hijo y ahora lo vivo como padre. Verlo crecer como piloto me produce orgullo. Siento que el legado continúa.Mi recomendación final es que si disfrutan la Fórmula 1, no pasen por la vida sin ver al menos un gran premio en vivo. Y si deben escoger uno en este lado del mundo, elijan Austin: por el circuito, por la ciudad, por el ambiente y por esa sensación única que aparece cuando los autos arrancan.
Boleto a... Austin, a ritmo de Fórmula 1
Entre motores y memorias familiares, el Gran Premio de Estados Unidos es una las formas más completas de vivir el automovilismo en este lado del mundo.








