Publicidad22 de junio, 2026 - 09h00Boston vivió una semana fuera de lo común durante el Mundial gracias a la llegada masiva de aficionados escoceses, que transformaron por completo el ambiente de la ciudad con cánticos, kilts y celebraciones que incluso llevaron a varios bares a quedarse sin cerveza.La conocida Tartan Army tomó las calles de Boston durante la primera semana del torneo, acompañando a Escocia en sus dos primeros compromisos del Grupo C frente a Haití y Marruecos. Cerca de 50.000 escoceses viajaron hasta Massachusetts para apoyar a su selección en una cita histórica, ya que el combinado nacional regresó a un Mundial después de 28 años de ausencia.Desde antes del primer partido, que terminó con una histórica victoria por 0-1 frente a Haití, hasta los días posteriores a la derrota ante Marruecos, la presencia escocesa se hizo sentir en cada rincón de la ciudad.PublicidadLas calles de Boston se llenaron de color con cientos de aficionados vistiendo kilts, las tradicionales faldas escocesas, mientras otros optaban por lucir la camiseta azul de la selección. También hubo familias enteras que aprovecharon el momento para vivir una experiencia histórica, incluyendo padres que llevaron a sus hijos para inmortalizar la ocasión.El epicentro de la celebración fueron los bares del centro histórico de Boston. En una ciudad marcada por su fuerte herencia irlandesa, los pubs comenzaron a llenarse desde que abrían sus puertas, con largas filas desde las once de la mañana y un ambiente festivo constante.El impacto fue tan grande que la cervecería Samuel Adams, reconocida por producir la tradicional Boston lager, agotó sus reservas y tuvo que realizar pedidos de emergencia para responder a la alta demanda. Los distribuidores también quedaron desbordados ante la cantidad de solicitudes provenientes de bares de toda la ciudad.PublicidadPublicidad“Ha sido la mejor semana que hemos tenido en los cuatro años que llevamos con el negocio. Ni San Patricio ni el Super Bowl… el Mundial ha triplicado las ventas de estos días festivos. Ha sido una semana realmente grande. Los escoceses están viniendo y bebiendo mucho, mucho”, comentó Oran McGonagle, dueño del pub irlandés The Dubliner.Entre los aficionados, el entusiasmo tampoco pasó desapercibido. “En un día de partido, podemos beber entre unas 17 o 20 cervezas”, aseguró Callum Fraser, un seguidor escocés que además describió a los habitantes de Boston como “amigables y acogedores”.La conexión entre los escoceses y la ciudad fue creciendo con el paso de los días. La población local quedó cautivada por el entusiasmo de la Tartan Army, sus cánticos y su energía. Temas como No Scotland No Party y Yes Sir, I Can Boogie, considerada una especie de himno no oficial de la afición y popularizada por el dúo español Baccara, se convirtieron en parte de la banda sonora de Boston.Los escoceses también llevaron consigo algunas de sus tradiciones, como colocar conos en las cabezas de monumentos, una costumbre popular en Glasgow que también se replicó en la ciudad estadounidense.La fiebre escocesa incluso alcanzó al Fenway Park, estadio de los Red Sox, que fue ocupado por aficionados con más ganas de beber cerveza y cantar que de seguir el espectáculo deportivo. La escena se convirtió en una de las postales más llamativas del Mundial.La relación entre Boston y la afición escocesa fue tan estrecha que dejó consecuencias simbólicas y oficiales. La alcaldesa Michelle Wu anunció un tratado de hermandad entre Boston y Glasgow, con el objetivo de que los escoceses “sientan como una segunda casa” la capital de Massachusetts.PublicidadA nivel simbólico, también lograron modificar una normativa. La gobernadora de Massachusetts, Maura Healey, firmó una orden ejecutiva para legalizar el haggis, plato tradicional escocés elaborado con pulmón de oveja, aunque el producto sigue prohibido a nivel federal en Estados Unidos.El impacto de la Tartan Army fue tal que The Boston Globe despidió a la afición con una emotiva columna, señalando que el paso de Escocia por Boston “no será olvidado pronto”.Ahora, la marea escocesa se prepara para trasladarse a Miami, donde Escocia disputará frente a Brasil su último partido de la fase de grupos, un duelo que podría darle una clasificación histórica a las rondas eliminatorias del Mundial por primera vez. (E)