Miles de conversaciones suceden al mismo tiempo. El bullicio de un idioma desconocido se mezcla con olores especiados y se apodera de la atmósfera de algún mercado en un país lejano. Avanza la tarde y, tras horas de caminar por calles al azar, el viajero solitario que se dejó llevar por sus pasos en una ciudad extraña se encuentra con un impresionante monumento que ha aparecido sin avisar. Decide que es momento de tomar una fotografía. Al sacar el móvil, descubre que la batería se ha agotado. En ese instante, la imagen pasa a ser el menor de sus problemas: ha recorrido media ciudad, no recuerda el nombre de su hotel y tampoco habla el idioma local. Escenas como esta son más comunes de lo que parece. Para que no te ocurra nada parecido, este artículo presenta cinco hábitos que todo viajero debería incorporar antes de salir a perderse en entornos desconocidos.

El problema no es nuevo ni aislado. Actualmente, el móvil es imprescindible —o por lo menos extremadamente útil— en un día de turismo intensivo. Se trata de una herramienta en constante uso: toma fotografías y videos; funciona como mapa y guía turístico, indicando lugares de interés, bares, restaurantes o cafés; es traductor; es, claro está, vía de comunicación y mensajería; es clave para utilizar servicios como Uber; y un largo etcétera que mantiene la pantalla encendida de forma casi constante.