Muchos han intentado comprenderlo, pero pocos, o ninguno, ha podido. Yellowstone se abrió como una serie para el lucimiento de Kevin Costner y se cerró sin Kevin Costner y una audiencia que dejaba a la de Succession en el aforo de un cineclub. Yellowstone, distribuida originalmente en España por SkyShowtime, hoy puede verse prácticamente en cualquier plataforma.Tras ella, había un hombre que lo hacía todo: Taylor Sheridan. Este era el proyecto de su vida y, por eso, escribe la totalidad de los guiones en sus 53 episodios, además de figurar en varios de ellos como secundario. Hoy, el panorama audiovisual no se entiende sin Taylor Sheridan, quien para entonces era un guionista respetable nominado a un Oscar. Como tantos guionistas respetables nominados a un Oscar que en el mundo ha habido.Un experto ha intentado poner en palabras los motivos por los cuales Yellowstone se ha erigido como la sensación seriéfila de, quizá, lo que va de década: tanto es su entusiasmo que Marshals, secuela de Yellowstone centrada en Kayce Dutton y en la que Sheridan no interviene, alcanzó decenas de millones de espectadores en su primer capítulo.¿Por qué nos gusta tanto 'Yellowstone'?Liam Mathews es el responsable de una plataforma online llamada Dad Shows, en la que analiza lo que él considera que son justamente eso, series para padres. Según Matthews, Yellowstone y todas sus derivadas encajan a la perfección en lo que debe ser una buena serie para padres: una ficción contada desde la perspectiva de un padre o una figura paternal.En Yellowstone, este lugar lo ocupa John Dutton, al que da vida Kevin Costner. Y lo mismo ocurre en Landman con Billy Bob Thornton, en 1923 con Harrison Ford o, el paso más arriesgado, en The Madison con Kurt Russell, cuyo personaje fallece en la primera secuencia y únicamente aparece en flash-backs.Para Matthews, una serie para padres puede disfrutarla cualquier individuo con independencia de su generación, sexo, raza (o de si es padre o hijo). El objetivo, además, es irradiar frescura y admiración: “Cuando el espectador ve Yellowstone, se imagina siendo tan magnético y duro como Kevin Costner. Todos queremos ser como él”.Al margen de estas observaciones, y de la calidad dispar en los dispares títulos de Sheridan, hay un factor que tampoco conviene soslayar: sus series apelan tanto al público conservador como al progresista. A un tiempo, el creador discute la transexualidad en Lioness y, al otro, se refiere a la gloriosa conquista de América como un repugnante genocidio en Mayor of Kingstown.Reclama y descarta derechos a diferentes grupos sociales: un día, Yellowstone se levanta ecologista y lamenta la masacre de bisontes y, al siguiente, es un hogar feliz para los ganaderos porque se insta a matar lobos. Por tanto, sus series jamás pierden audiencia. Taylor Sheridan sabe guiñar ambos ojos al mismo tiempo y en direcciones diametralmente opuestas.