Cada 31 de diciembre, y para los más rezagados 1 de enero, suele ir acompañado de la tradicional —y no siempre sana ni realista— 'lista de propósitos para el año que viene'. Esos retos, metas, ilusiones, a veces incluso excusas que nos ponemos para empezar cada año nuevo dejando atrás lo que nos hizo daño o se nos enquistó; y poder recibir el siguiente con los brazos abiertos, liberados, reseteados. Porque en realidad nunca empezamos de cero, solamente nos reconvertimos, e incluso reencontramos, para seguir siguiendo adelante, con la mejor de las energías posibles, la que nos quede, la que nos llegue, la que nos caracterice, la que nos cueste. Y junto a ella, resetear como lo hizo Ona Mafalda en su segundo disco, al que concedió su título al Reset que ella misma necesitó para continuar con su carrera.

Desde entonces ha lanzado otros dos temas más, Nada y Otra, y está de gira por España. Ona Mafalda nació en 1994, pertenece a la generación milenial, que defiende que aunque no hayan vivido “lo que una persona de sesenta, sí que han pasado muchas fases, muchos cambios”. “Vivimos en la ola que va cambiando. Siento que siempre estamos renovándonos porque entramos en situaciones que no sabemos bien cómo son”, reconoce haciendo referencia a ejemplos como Instagram o TikTok.