El entrenador argentino, Marcelo Bielsa, vive intensamente el decisivo partido del seleccionado de Uruguay contra Cabo Verde por la segunda fecha del Grupo H. El primer tiempo fue un show al estilo del Loco: gritos, retos a futbolistas y miradas al suelo se sucedieron en un espectáculo paralelo al juego.Los uruguayos juegan con la obligación de ganar para no quedar atrás en la lucha por la clasificación a la siguiente fase del campeonato del mundo. Bielsa, a tono con su estilo, aportó sus mejores poses con destino de meme, de enojos y broncas a gestos de alivio y festejos.La tarde en Miami para La Celeste comenzó complicada, ya que fueron los africanos quienes se pusieron en ventaja. Los gestos del técnico argentino fueron el reflejo -levemente exagerado, del desarrollo del juego, incluso la bronca y el desahogo por el gol del empate y el alivio del segundo tanto, que ubica a los sudamericanos en una mejor posición para clasificar.Minutos antes del pitido inicial, el DT rival, Pedro Leitao Brito, lo sorprendió para saludarlo y le sacó una sonrisa que se iría apenas al comenzar el partido. Desde entonces y hasta casi el final del primer tiempo, el rictus de Bielsa se vio inundado por preocupación y los viejos fantasmas de eliminación temprana con el gol caboverdiano.Con el paso de los minutos, la gesticulación mutó a bronca. Los enojos porque el equipo, como contra Arabia Saudita, no funcionó. Bielsa llevó su mano a la nariz. Miró al suelo. A sus costados. El 0-1 parcial acarreó, además, preocupación: la posible eliminación en primera ronda, como aquel fatídico 2002, parecía asomarse en el escenario de Uruguay.El show de gritos a sus jugadores, gestos y quejas dominaron la escena del banco de suplentes uruguayo hasta que por empuje, llegó la igualdad. El grito de gol del técnico, ex Newell's, Vélez y la Selección argentina, fue más con enojo que con alegría.Largas caminatas mirando al suelo, anotaciones que tal vez solamente él comprenda y luego pueda traducir en indicaciones a sus futbolistas. La tensión de un partido que se le presentó complejo. Esta vez, la procesión de Bielsa no iba por dentro.Durante la interrupción para hidratación llovieron las indicaciones como los centros sobre el área rival. Esos apuntes habrán servido para la remontada, aunque la mirada perdida en la tribuna de enfrente, el suelo o un dibujo táctico dibujado en su mente, no frenarán hasta que no termine la participación en la Copa del Mundo.Y el segundo tiempo le deparó más disgusto, con el empate de Cabo Verde y la vuelta a la incertidumbre.Noticia en desarrolloBPO