Hay jugadores que resuelven un partido, se cuentan también los que cambian a un equipo y son unos pocos los que son capaces de marcar, jugar y condicionar el fútbol propio y ajeno como pasa con Lamine. La confianza, el descaro y la ambición del delantero azulgrana le sentaron de maravilla a la selección española ante Arabia Saudí después del gatillazo contra Cabo Verde. La esterilidad mundialista se acabó al cabo de 299 minutos con un gol oportunista de Lamine, llegador al segundo palo para embocar el centro de Oyarzabal, intercambiadas las posiciones de ambos jugadores para el bien de España. La movilidad de los delanteros confundió al rival y destapó a la Roja después de un muy buen rato de cruzar pelotas que no encontraron a un ariete rematador en el área de Al Owais.Abierto el marcador, Oyarzabal marcó dos tantos más en un abrir y cerrar de ojos, de manera que a la media hora ya se daba el partido por cerrado, la clasificación por asegurada, se reanudaban las cuentas sobre los cruces que más le convienen al equipo y se debatía sobre la necesidad de reservar energías para enfrentarse en la última jornada de la fase de grupos a Uruguay. Había regresado el optimismo después de unas jornadas de pesimismo alrededor del campeón de la Eurocopa. Los cambios del seleccionador funcionaron estupendamente porque el equipo contó con un extremo como Lamine, empujado por el lateral Porro; abrió el campo por la izquierda con Baena y la altura de los volantes favoreció la mecánica de juego: Pedri se relacionó muy bien con Olmo y mejor con Rodri.La selección recuperó el juego rápido, a uno o dos toques, y a partir de la velocidad dio mucho ritmo al partido, sin perder la agresividad en la presión facilitada por los intentos de salida de Arabia Saudí. El juego era muy alegre y el equipo se liberó muy pronto, desde el gol de Lamine, que se presentó con una jugada fantástica por cómo aguantó y venció a su marcador, eliminó las dos ayudas defensivas y puso la pelota en el punto de penalti ante el asombro de la zaga de tres centrales dispuesta por Georgos Donis. A más defensas, más ocasiones de gol para España, más fresca, fluida, profunda y vertical que en su estreno, picada por la crítica, como anunció De la Fuente. La selección tiene mucho amor propio desde que se inició un proyecto que despertó mucho escepticismo antes de alcanzar el éxito en 2024.El encuentro fue tan plácido que la rueda de cambios ya empezó en el descanso con las sustituciones de los dos jugadores más decisivos: Lamine y Oyarzabal. Al entrenador le conviene cuidar a sus mejores futbolistas y poner en forma a los que salen de lesión como Nico Wiliams. Hubo tiempo, en cualquier caso, para un cuarto gol en propia puerta al inicio del segundo tiempo y un quinto de Ferran Torres anulado por fuera de juego al final, para explicar que el partido todavía no se había acabado para suerte de los suplentes de De la Fuente. El juego y el resultado también invitaban a la reflexión por parte de España.La sensación de que era una selección tiesa e inanimada se quitó por la emoción con la que jugó ante Arabia Saudí. Nadie se explica todavía qué pasó contra Cabo Verde. El partido causó una enorme decepción porque se espera mucho de la Roja. Han sido los propios internacionales los que se han postulado como candidatos a la Copa del Mundo. Así se explicaría su respuesta en el Atlanta Stadium. La medida de sus posibilidades se conocerá mejor ante Uruguay. España, con Lamine, que cambió el ánimo del equipo, y Oyarzabal, elegido MVP del partido, ya llegó al Mundial.