Antes de analizar lo ocurrido el sábado 20 de junio en Kansas, conviene recordar lo que escribió un periodista en un importante medio digital. Definió a Curazao como “la Cenicienta del grupo y un rival al que hay que ganar y golear”. Añadió: “Con este plantel de lujo y una de las mejores defensas del planeta, Ecuador llega al Mundial con grandes ambiciones, con capacidad para competir y vencer a las mayores potencias”. Y remató con entusiasmo desbordado: “Con una generación dorada llena de talento colectivo e individual, la selección arriba al Mundial para soñar en grande y darle inmensas alegrías a la hinchada”. No se rían. El asunto es serio.En el diario español ABC, el propio Sebastián Beccacece declaró antes del torneo: “Hay que tomar con naturalidad que Ecuador pueda ganar el Mundial”. PublicidadLa realidad demostró que todo era un espejismo construido desde la Federación Ecuatoriana de Fútbol y amplificado por un sector del ‘periodismo moderno’ y por una legión de ‘analistas’ que han colonizado la radio y la televisión. Algunos periodistas veteranos también participaron de esa fantasía. Dijeron que teníamos una selección extraordinaria y que podíamos ganar la Copa del Mundo.Que ahora no busquen culpables en otra parte. Cuando llegue la hora de establecer responsabilidades por este fracaso, ellos ocuparán un lugar destacado, aunque hoy se rasguen las vestiduras y descarguen toda la culpa sobre el DT o algunos futbolistas.La gran víctima de esta ficción fue el aficionado: el que vendió el automóvil u otra propiedad, pidió licencia sin sueldo o renunció a su empleo; el que empeñó las joyas de la familia, organizó rifas o compró pasajes a crédito para acompañar a la Selección; el que pagó hoteles, entradas y camisetas para llenar las tribunas y gritar “¡Sí se puede!”. Por ellos siento una profunda pena. Fueron víctimas de una maquinaria propagandística que les prometió una final y terminó entregándoles una amarga decepción.PublicidadPublicidadLos engañaron dirigentes, cuerpo técnico y jugadores cada vez más alejados de la gente. Son los mismos que reclaman apoyo incondicional, pero rehúyen una fotografía o una firma cuando un hincha se les acerca. Custodiados por dos o tres guardaespaldas como si fueran personajes importantes, corren hacia sus vehículos de lujo mientras dejan atrás al aficionado que hizo sacrificios enormes para alentarlos.“No hay que hacer leña del árbol caído”, me dijo un viejo amigo barcelonista. Le respondí que ese árbol ya solo sirve para leña y que resulta indispensable señalar responsabilidades. No para destruir a nadie, sino para entender por qué se construyó una ilusión tan frágil que se derrumbó al primer golpe.La cadena de responsabilidades comienza en Francisco Egas. Su administración ha estado marcada por errores permanentes, tolerados por un directorio que rara vez cuestiona sus decisiones, esperando que los inviten a ese paraíso construido por la FIFA y la Conmebol: pasajes en primera clase, champán francés en el vuelo y luego alojamiento en una suite de lujo con la heladera llena con vino añejado, una limusina para ir al estadio en la mejor ubicación con una regalía: “Pida lo que quiera que paga la FIFA”. Así es bello ser dirigente. Y cabe una pregunta incómoda: ¿cuántos invitados de la FEF acompañan a la Tri en este Mundial?El proceso arrancó con una puesta en escena llena de humo y fuegos artificiales para presentar a Jordi Cruyff. Egas habló de un proyecto de diez años que convertiría a Ecuador en “potencia mundial del fútbol”.La principal credencial de Cruyff era ser hijo de Johan Cruyff. Nunca dirigió un entrenamiento, jamás conoció el fútbol ecuatoriano y ni siquiera llegó a trabajar con los jugadores. Por la pandemia se marchó antes de empezar, pero con una indemnización que, como tantas cosas de la FEF, quedó envuelta en el secreto. Tras aquel fiasco, Egas recurrió a Gustavo Alfaro. Llegó después de salir de Boca Juniors y con una propuesta futbolística basada en la cautela extrema: defenderse y esperar un contragolpe salvador.PublicidadDesde estas páginas advertimos sobre ello. Bajo su gestión comenzó además una práctica que terminó normalizándose: utilizar a la Selección como vitrina para promover futbolistas destinados al mercado internacional. También lo denunciamos oportunamente.La historia continuó con Félix Sánchez Bas, quien llegaba después del fracaso de Qatar en su propio Mundial. Su ciclo fue breve y terminó igual que el anterior.Luego apareció Beccacece. Un técnico limitado para conducir una selección que aspiraba a objetivos tan elevados. Clasificó al Mundial, sí, pero jamás consiguió construir un equipo sólido ni una identidad futbolística reconocible. Egas ha demostrado una preocupante incapacidad para elegir entrenadores y conducir un proyecto deportivo coherente. El Mundial acaba de ofrecer la prueba más contundente. Ecuador nunca exhibió credenciales de potencia y el técnico jamás encontró el rumbo de una nave que naufragó.¿La mejor defensa del mundo? Costa de Marfil desmontó ese relato con una facilidad alarmante. La derrota no fue más amplia gracias a Hernán Galíndez, único jugador que sale de este desastre con la frente en alto. Ante Curazao se repitió la historia. Ecuador generó oportunidades, es cierto, pero también permitió que un rival considerado inferior llegara con una frecuencia inquietante a su área. Otra vez Galíndez evitó un resultado todavía más doloroso.También nos dijeron que Moisés Caicedo era el mejor volante de contención del mundo. Algún cronista desubicado llegó incluso a describirlo como un “muñeco de otro planeta”. La realidad fue distinta.Nunca tuvimos el gran equipo que nos vendieron. Improvisamos laterales, dependimos de dos excelentes zagueros obligados a jugar al límite y sufrimos porque el mediocampo casi nunca protegió a la defensa. Pacho e Hincapié enfrentaban a sus rivales a pocos metros de su arquero.En ataque, todo terminó reduciéndose al esfuerzo solitario de Enner Valencia. Falló ocasiones, por supuesto, pero al menos intentó sostener una ofensiva sin socios ni respaldo.Frente a Curazao observamos un conjunto desordenado, desesperado y sin ideas. Un equipo que confundió voluntad con fútbol y terminó chocando una y otra vez contra Eloy Room. Parecía un partido improvisado entre muchachos de barrio, no una selección que había sido presentada como candidata a las grandes gestas.Hoy apenas queda la remota esperanza matemática de una goleada histórica sobre Alemania.Mientras tanto, quienes anunciaban una potencia mundial buscan refugio en explicaciones de emergencia y señalan a Beccacece o a Valencia como únicos responsables. No les crean. La mentira fue colectiva y también debe ser colectiva la responsabilidad.Nunca existió la famosa generación dorada que nos prometieron. Lo que existe es un grupo de futbolistas económicamente realizados, dirigentes que han fracasado en su gestión y un DT que jamás debió ocupar el cargo.Lo dijimos desde el principio y lo repetimos ahora. No formamos parte de la manada que aplaude todo lo que hace la FEF. Servimos a un periódico en el que pronto cumpliré 62 años escribiendo con independencia, y servimos a una afición que durante décadas nos ha concedido el privilegio más valioso para un periodista: su confianza. (O)