La puerta se abre y David Reinoso nos da la bienvenida. Hace apenas una semana, los televidentes lo veían interpretar a Pepe Chalén en Cholito Forever, el personaje que hizo del ‘mostro’ una de sus expresiones más reconocibles.Curiosamente, en la historia que acaba de despedirse de la pantalla también asumía el rol de padre. Esta vez, sin embargo, el encuentro ocurre lejos del set y de los personajes que lo han acompañado durante más de dos décadas de carrera.Tres perros forman parte de la escena desde el primer momento. De fondo se escuchan las risas de los mellizos, Sabina y León. Mientras se preparan las fotografías que acompañan esta edición (portada y páginas centrales), comienzan a aparecer Dante y Luis Eduardo –Luda, como le dicen con cariño– y Catherine (Velasteguí), su pareja y la madre de sus tres hijos menores.PublicidadAntes de empezar la entrevista, queda claro que esta no será una conversación sobre televisión. Será una plática sobre el tiempo. Sobre cómo cambia un padre a medida que crecen sus hijos. Sobre los aprendizajes que llegan durante la crianza siendo joven y los que aparecen años después, cuando la experiencia parece haber respondido muchas preguntas, pero la paternidad encuentra nuevas formas de sorprender. Reinoso lo sabe bien.Mientras posa junto con ellos para las fotografías, intercambia comentarios, escucha, observa y sonríe. Quienes lo han visto actuar conocen el trabajo de este multifacético artista, pero basta observarlo junto con sus hijos para entender por qué la historia que hoy ocupa estas páginas tiene un lugar especial dentro de todas las que ha interpretado. El público conoce al actor, al productor, al comediante. ¿Quién es David cuando está con sus hijos?Soy normal, común, corriente y silvestre. Disfruto de ser papá, me gustan mis hijos y estar con ellos, pero no soy exagerado. No soy enfermo ni controlador. Tengo a Dante, que tiene 13 años; Luis David, que está de 23 años y vive conmigo, está estudiando la universidad y vive aquí; y los mellizos, de 4. Es cada uno en su mundo.PublicidadPublicidad¿Cómo ha cambiado tu manera de ser padre desde el nacimiento del primero hasta la llegada de los mellizos?Definitivamente, cuando nació Luda, a mí me cambió todo, yo tenía mis 34, puede ser. En esa época, Xavier Alvarado Jr. me dijo: “Te va a cambiar el mundo”. Pensé que era una frase cliché, pero me cambió toda la perspectiva. Antes, yo pelado que veía: “Arranca, arranca, pelado”. Cuando nace él, me enamoré de él y me cambió todo. Luego tuve a Dante, de la misma forma y fueron casi diez años de diferencia. Es como volver a cambiar pañales, sin miedo alguno, ya había aprendido. Y después vinieron los mellizos y, gracias a Dios, con Catherine, lo hemos manejado bien relajados. Lo único es que los mellizos son llorones; Luis David y Dante, no. Cuando miras hacia atrás, ¿qué hacía el David padre de hace 20 años que hoy harías diferente?Quería darles un hogar a mis hijos. Desde el inicio siempre pensé en darles un hogar, tenerlos cuando tenga cómo tenerlos y mantenerlos, pero no estaba preparado para estar en casa, eso fue. Que ahora es distinto con los mellizos. A ellos los estoy disfrutando de una manera distinta.¿Hay un momento en el que sentiste que la paternidad te transformó más que cualquier éxito profesional?No, la verdad. Ya me tocó bajar las revoluciones. A mí siempre me ha gustado la velocidad, el riesgo, como a toda persona, y obviamente al poder tener medios para tener hobbies un poquito más peligrosos, los tenía. Pero a partir de que ya tuve a mi primer hijo, ya como que me cambió todo. Yo necesito estar vivo para ellos, necesito estar sano para ellos. Ahora, vine a volver a ser papá a los 50 años; entonces, no es fácil ser papá a esta edad. Ellos son mis propios nietos ya (ríe al decirlo); en mi caso, sí tengo que estar físicamente preparado. Me cuido ya a conciencia para esto.PublicidadCon una carrera tan exigente, ¿alguna vez has sentido culpa por perderte momentos importantes de tus hijos?No, te mentiría. Sería mentiroso decirte que siento que he perdido, porque traté de estar presente a mi modo. Mi trabajo tenía una razón de ser y ellos también. Hoy es diferente, mi ritmo de trabajo ha cambiado mucho a diferencia de cuando estaban Luis David y Dante chicos. Los disfruto diferente a los mellizos, pero no hubo un vacío. Mis hijos no van a decir: “Mi papá prefería irse a trabajar”. Era lo que me tocaba y si no trabajaba, no había cómo mantenerlos. ¿Qué te enseñan ellos sobre ti mismo que no habrías descubierto de otra manera?Saber que hay un instinto de amor, un amor diferente que no es el de pareja o la pasión que siento por mi profesión.Cada hijo suele despertar una versión distinta de sus progenitores. ¿Qué faceta tuya saca cada uno?Cada uno fue diferente. Luda fue un niño como en la familia Peluche; Dante sacó de mí lo que yo siempre fui inquieto de saltar, correr, lanzarme, tiene mucho de eso, la energía que he tenido. Es un chico muy noble, amoroso, muy amiguero. Y de los mellizos, León es muy parecido físicamente a mí. Creo que él ha sacado muy de los Reinoso, porque ni Luis ni Dante son mi tipo. León es calcado desde mi abuelo paterno, pero Sabina es la de las muecas. Sabina es la que hace las actuaciones, es la que puede interpretar. Tanto Luis David como Dante no les tienen miedo a las cámaras, pero no tienen ese ímpetu a lo que he hecho. Ellos pueden actuar y hablar a las cámaras sin problemas; en cambio, la gorda sorprende con muecas. ¿Cómo es la dinámica de una familia en la que conviven hijos de diferentes edades y generaciones?Luda vive en otro mundo, él está en su universidad, él es así. Los niños lo quieren a su ñaño. Dante, que ahora está en una etapa de adolescencia... La idea era darle hermanos a Dante, pero nos demoramos; al principio era el héroe, ahora los hace llorar (ríe), los molesta. Ahora está en la etapa de cargoso. ¿Tus hijos te ven como una figura pública o simplemente como papá?El que sufrió mucho esto fue Luis David, porque como yo no vivía con él, el poco tiempo que tenía con él, los fines de semana, y si salíamos se me acercaba la gente, me pedían fotos, autógrafos; y él a veces, por ese lado, venía y me arrastraba, él no lo disfrutó tanto. En cambio, Dante sí lo disfrutó, tanto que una vez nos fuimos a Argentina y en el vuelo de Guayaquil a Lima, antes de llegar a Buenos Aires, él entra y saluda y va donde el piloto: “Hola, me llamo Dante, mi papá es David Reinoso”. Al rato viene la azafata y nos dice que el capitán nos invita a pasar a unos puestos libres en business y nos mandaron adelante. Él ya sabía que mi nombre podía ayudar. Los enanos me ven en la telenovela y cuando me ven en televisión me dicen: “El papá. Cholito”. Lo único con ellos es que cuando les pides una foto se tapan la boca o no quieren, pero si estoy en la calle y se acercan a pedirme fotos, ahí posan.¿Qué te sorprende de sus generaciones en comparación con la época en la que creciste?Yo siempre he pensado que cada niño nace con lo que le da el entorno. A mí, de chiquito, me gustaba la tecnología. Creo que si hubiera nacido en esta etapa me hubiera adaptado. ¿Qué recuerdos de infancia tienes con tu papá?De mi viejo (Francisco, a quien llaman Paquito) recuerdo que se compró un auto deportivo y escuchábamos Funkytown.¿Cuál ha sido la conversación más difícil que has tenido hasta ahora como padre?Con Luda, con él me tocó conversar muchas cosas. Él sí vivió una etapa complicada cuando me separé de la mamá. Ahora que vive conmigo, curarle ciertos vacíos, porque a él sí le afectó. ¿Qué te enseñan los mellizos sobre la paciencia y el amor multiplicado?(Ríe a carcajadas). Yo los recibí con muchas ganas, los esperábamos con tantas ansias que cuando llegaron se nos hizo muy fácil. Son dos universos distintos. ¿Existe algún miedo que apareció con la paternidad?Claro, el no poder darles el soporte y faltarles, porque uno nace como papá, uno va aprendiendo siempre. Uno tampoco es buen padre; no estoy diciendo que soy un mal papá, no soy el mejor del mundo, pero trato de ser el mejor para ellos. Cuando tus hijos hablen de ti dentro de 20 años, ¿qué te gustaría escuchar?Que son felices. Eso sí, sé que voy a ser longevo, pero no quiero ser una carga para ellos. No quiero que estén viendo quién se queda conmigo o me cuida. Y decirles que si tengo alzhéimer, si ven que no estoy presente, me lleven y me hagan la eutanasia. No quiero que ellos sufran y se distancien.¿Qué tipo de legado quieres dejarles a tus hijos?El amor entre ellos. (E)