“Seres comunes, haciendo cosas diferentes”, reza el eslogan del Cuerpo de Bomberos de Quito. En sus filas hay hombres y mujeres que se abalanzan sobre las llamas para sofocar un incendio o corren con todas sus fuerzas para salvar una vida en medio de un siniestro de tránsito o un desastre natural.Sin embargo, todos ellos tienen una historia detrás del uniforme. Un equipo de este Diario llegó hasta los bomberos con el objetivo de recabar sus anécdotas, vivencias, momentos y el legado que dejarán a sus hijos, a propósito del Día del Padre, este domingo 21 de junio.Cada uno atiende un departamento distinto en una institución que ha estado inmersa en momentos de tensión diaria como siniestros viales, incendios estructurales o forestales y desastres naturales como el terremoto de Manabí en 2016 para la provincia.PublicidadEllos recuerdan con dolor muchos de estos escenarios, pero también lo hacen con orgullo, sabiendo que sus hijos en casa valoran cada paso que dan y buscan todos los días parecerse a sus padres.La historia de Gabriel Rodríguez y el terremoto de Manabí“Tengo un hijo que se llama Matías, es mi orgullo, es quien siempre está dándome fuerzas día a día. Es un poco difícil, realmente, coordinar y combinar estos dos espacios que tenemos en nuestras vidas”, mencionó Gabriel Rodríguez, jefe de la brigada de rescate.Rodríguez cuenta que esta profesión es compleja por los retos que aparecen día a día. Desde que se levanta, mencionó, un bombero debe tener la capacidad física y mental de poder dar la vida por otras personas. Esto, sabiendo que hay una familia que espera en casa, con la que se comparten momentos especiales.PublicidadPublicidadSu retoño, desde los 4 años, sueña con ser bombero. Su uniforme de rescate, su camisa de capitán y su nombre los respeta tanto que en su crecimiento está decidido a seguir los pasos del padre.“No ha sido que yo le haya inculcado, pero él ha visto cómo me desempeño, no solo su padre, sino el resto de compañeros bomberos. Desde el terremoto de Manabí, cuando mi hijo estaba muy pequeño, a él le preguntaban: “¿Dónde está tu papá?”. Él les respondía: “Está en un lugar ayudando a mucha gente a la que se le cayeron los palitos y las casas en las cabezas””, añadió.Su experiencia en el terremoto de Manabí le dejó un mensaje muy fuerte a Gabriel. “Mi hijo se encontraba en casa y con todo el grupo estábamos en la zona del Centro Comercial Felipe Navarrete, donde estábamos atendiendo a unas personas. Había una persona que falleció, pero estaba en una posición fetal y vimos que de alguna manera estaba tratando de proteger a alguien. Cuando logramos sacarlo, vimos que estaba protegiendo a su hijo. Lamentablemente ambos murieron”, contó el capitán.Matías vino a su mente. Por un momento se imaginó a él en esa escena y agradeció el hecho de poder estar vivo, ayudar a más gente y proteger a su hijo con todo lo que Dios le entregó.El testimonio de Marco Quinatoa y el miedo de un padreSi un desastre natural genera ese tipo de recuerdos, los incendios forestales no se quedan atrás. Marco Quinatoa, jefe del Distrito Valle de los Chillos, contó que tiene dos hijos, dos varones, uno de 17 años y el otro de 15.“Lo más importante de esto es la relación que tenemos con nuestros hijos, la amistad, el cariño y el aprecio que tenemos entre los tres. Ser bombero es lo mejor que me pudo pasar y compartir las experiencias con mis hijos me permite hacerles entender que el tiempo que quizá no podemos invertir con ellos es porque estamos dando todo por la ciudadanía", indicó Quinatoa.PublicidadLos ojos se llenaron de lágrimas cuando se le preguntó sobre el miedo. Ese miedo que un padre puede sentir de dejar a su familia, de soltar a sus hijos antes de haber cumplido el trabajo de verles crecer.“Yo creo que el decirles a nuestros hijos cuál es nuestra función y el riesgo que significa esta profesión es muy importante. Ellos quizá no entiendan, pero el tiempo que compartimos es para eso, para sujetarlos fuerte”, afirmó.Es justamente esa percepción de miedo la que le inspira a seguir adelante y a no rendirse, y a permitirles que sus hijos vean todo el esfuerzo y logren replicarlo cuando sean grandes en cualquier ámbito profesional en el que se desempeñen.El legado de los bomberos a sus hijos“Mis hijos aún no han pensado ser bomberos, conocen el día a día, pero no se han decidido todavía, les gusta, pero de igual forma sienten miedo", aseguró.Él recuerda que alguna vez tuvo que atender una emergencia en la vía Quito - Guayllabamba, donde se produjo un siniestro de tránsito y a pesar de estar de civil se bajó del carro y corrió para atender a los heridos.“Mis hijos eran más pequeños y vieron esa acción y se pusieron contentos, porque a pesar del momento, aplaudieron mi desempeño y el de la institución", aseguró.De completar sus pasos como bomberos, los hijos de ambos capitanes serían la tercera generación en la entidad, sabiendo que sus padres también fueron servidores y que ellos los acompañaban. (I)
Entre incendios, rescates y terremotos: el legado que dos bomberos de Quito quieren dejar a sus hijos
Tres capitanes que han atendido incendios, terremotos y siniestros de tránsito contaron su historia acompañado de sus hijos









