21 de junio, 2026 - 06h30La NASA acaba de dar una nueva señal de hacia dónde se está moviendo el futuro. Hace pocos días se conoció que volvió a incorporar a empresas privadas, entre ellas Blue Origin, empresa de Jeff Bezos, en nuevas misiones lunares dentro del programa Artemis. Y ahora presentó la tripulación de Artemis III, misión de prueba clave en el camino de regreso del ser humano a la Luna y hacia futuras bases sostenibles.La noticia parece lejana. Habla de astronautas, vehículos espaciales, bases lunares y una nueva etapa de exploración humana. Pero, en el fondo, nos deja una enorme lección sobre la forma en que se construirá el futuro.La NASA, una de las organizaciones científicas y tecnológicas más avanzadas del planeta, entendió que instalar bases en la Luna y llegar algún día a Marte no puede resolverse desde una sola institución. Requiere visión, colaboración, competencia y método.La NASA comprendió algo fundamental: el Estado no tiene que hacerlo todo solo. Puede definir el rumbo, establecer estándares, convocar a los mejores y abrir espacio para que distintas empresas compitan por resolver problemas complejos.En nuestros talleres de estrategia solemos trabajar una idea que explica muy bien este cambio: la orquestación estratégica, propuesta por Alejandro Ruelas-Gossi y Donald Sull en Harvard Business Review América Latina. La idea es simple: las organizaciones más ágiles no dependen únicamente de sus propios recursos; también saben movilizar talento, conocimiento y tecnología más allá de sus fronteras.Y eso es lo que está haciendo la NASA. Define una misión, marca estándares y convoca a distintos actores para enfrentar desafíos que ningún jugador podría resolver solo.Durante décadas, muchos grandes proyectos se pensaron desde una lógica más centralizada. Hoy el mundo muestra que existen modelos más abiertos, competitivos y colaborativos para ejecutar mejor.El modelo de la NASA muestra otra ruta. Trabaja con varios proveedores privados, exige hitos verificables, comparte riesgos financieros y promueve la competencia. Esa combinación obliga a innovar, bajar costos, mejorar capacidades y aprender más rápido. Ahí está la gran lección.El futuro pertenecerá a quienes sepan orquestar talentos y recursos. Los grandes desafíos de nuestro tiempo necesitan dirección, apertura y método. Ninguna institución, por brillante que sea, tiene todas las respuestas.También nosotros podemos aprender de esa lógica. Cuando un país logra unir visión pública, talento privado y gestión privada, los proyectos ganan mayor capacidad de ejecución y empiezan a moverse con mayor ambición, responsabilidad y velocidad.La verdadera modernización comienza por cambiar la forma de pensar la ejecución pública. Mientras algunos planifican y trabajan para construir bases sostenibles en la Luna, nosotros debemos aprender a ejecutar mejor nuestros proyectos en la Tierra.La NASA es una maestra. Nos recuerda que los grandes saltos de la humanidad no los da quien concentra todas las respuestas, sino quien aprende a movilizar mejor las capacidades de muchos. Esa es la lección: avanzar con la visión de quienes ya están mirando las estrellas. (O)
Alberto Rigail Cedeño: Orquestar el progreso | Columnistas | Opinión
La verdadera modernización comienza por cambiar la forma de pensar la ejecución pública.






