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El tráfico del viernes por la mañana y una blusa manchada han puesto de mal humor a la congresista Susel Paredes. Llega a su despacho del edificio Roberto Ramírez del Villar, en el jirón Junín, y de inmediato me dice: “No voy a hablar de la campaña municipal, así que ya verás de qué otras cosas hablamos”. Y entonces hay que improvisar. Nos rodean las pocas pertenencias que todavía tiene en las cuatro paredes de su oficina, de la que ya va despidiéndose. Todavía se pueden ver un trípode que usa en las transmisiones de su nuevo podcast, un megáfono, dos pares de zapatos, un casco de motociclista y diarios viejos. En el horizonte tiene la tarea de convencer a una ciudad que le es adversa a la izquierda. Pero por ahora hablamos de lo más urgente, de las últimas movidas en el Congreso, de sus eventuales rivales, de los amigos que deja en el Parlamento, de lo que le ha parecido este lustro.
La escuché el lunes con César Hildebrandt. Dijo una frase interesante: Quiero convertir a Lima en la capital de la resistencia democrática. Es un buen eslogan…
No es un eslogan.
¿No le parece?











